EL EJEMPLO, LA MEJOR DIRECCIÓN

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EL EJEMPLO, LA MEJOR DIRECCIÓN
Continuacion de nuestra serie: SAETAS EN MANOS DE VALIENTES

Quiero dejar el nombre de la serie así: SAETAS EN MANOS DE VALIENTES, para al menos, tres propósitos:

  1. Que sirva como una estocada a aquellos irresponsables que han fallado en esta magna tarea, pero que aún tienen la oportunidad de vindicarse con sus hijos y ante Dios. Porque simplemente no son valientes. Aunque el tiempo perdido no se recupera, pero podemos hacer algo con el que nos resta.
  2. Que sirva como una motivación a aquellos que lo están haciendo, si no bien, con más desaciertos que aciertos, pero están en la batalla, a ellos les dice el Señor: ¡valientes!
  3. Qué le sirva a los solteros, a efecto de que se empiecen a preparar para tan magna tarea, entiendo que nunca se llega a aprender lo suficiente, pero ya van adelantados.

Dejo mi justificación y atendamos lo más importante, nuestro texto del día de hoy. Leamos las Escrituras:

«Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud».

(Salmo 127:4)

Para preparar a hijos valientes es necesario ser un valiente, pero no basta con decirlo, sino que es necesario vivirlo. Alguien dijo: ‘Una acción vale más que mil palabras’; otro, ‘tus acciones suenan tanto que no puedo oír tus palabras’; y otro más, ‘las acciones hablan más alto que las palabras’; y, uno de mi madre, ‘esos con su codo borran lo que escriben’, refiriéndose a aquellos que mandan a hacer pero sus acciones opacan lo que aconsejan. Se dice que un líder no dice que se haga sino cómo se hace.

El Señor ha establecido una forma para enseñarnos a amarle y a tenerle y es reunirnos para hacernos oír sus palabras, como está escrito: Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio (Salmo 50:5); asimismo: (…) Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos (Deuteronomio 4:10, entre paréntesis añadido); y, también, El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala (Eclesiastes 12:13-14). En Deuteronomio 4:10 vea el orden que se presenta:

  • Reuneme la pueblo.
  • Yo les haga oír.
  • Las cuales aprenderán para tenerme.
  • Y las enseñarán a sus hijos.

Quien debe aprender temor primero es el padre y luego lo enseña a sus hijos. Quien quiera enseñar autoridad debe reconocer Autoridad. Es fácil entender al apóstol Pablo al señalar que los ancianos deben tener a sus hijos sujetos con toda honestidad, creyentes y que no estén acusados de disolución ni rebeldia (1 Timoteo 3:4-5; Tito 1:6), porque serían un buen barómetro de lo que es su vida de sujeción, de honestidad, de testimonio de creyente y que su vida está alejada de la disolución y la rebeldía; es decir, los ha sabido guiar por el testimonio.

¿Qué los niños no se dan cuenta? Claro que se dan cuenta y emulan la conducta de sus padres. La primer referencia para mi hija de lo que es un hombre, soy yo, y es lo que esperarían de uno, porque su mente se ha convencido que así se comporta un hombre con una mujer; asimismo, la primer referencia para mi hijo de lo que es un hombre, soy yo, y, no cabe duda, que buena parte de mi la emulará. ¿No nos atemoriza esto?

No siempre es así, pero casi siempre es así. Quiero decir, no siempre sucede que de padres correctos –no buenos, porque vosotros siendo malos sabes dar buenas dádivas a vuestros hijos, dijo el Salvador – salgan hijos correctos; y de padres malos –más corruptos que un salvado– salgan hijos correctos –no buenos–. Acaz hizo lo malo ante los ojos de Jehová y cerró el templo, su hijo Ezequias volvió a abrir el templo; Ezequias engendro a Manases y se dio a la idolatría y aunque se arrepintió del mal que hizo en lo último de su vida, este engendro a Amon de quien leemos: De veintidós años era Amón cuando comenzó a reinar, y dos años reinó en Jerusalén. E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre; porque ofreció sacrificios y sirvió a todos los ídolos que su padre Manasés había hecho. Pero nunca se humilló delante de Jehová, como se humilló Manasés su padre; antes bien aumentó el pecado (2 Crónicas 33:21-23, compárese capítulos 28:24; 29:2; 33:1-10).

Caro padre, madre, viva su vida de santidad ante su Dios, porque es su relación con su Dios y los beneficiarios serán también sus hijos, por el ejemplo.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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