UNA INVITACIÓN A LA PLENITUD DE GOZO
UNA INVITACIÓN A LA PLENITUD DE GOZO
Continuación de nuestra serie: LA COMPLACENCIA DEL SEÑOR.
David nos ha dicho en el Salmo 108:7:
«Dios ha dicho en su santuario: Yo me alegraré.»
«Dios ha dicho en su santuario», puede significar que Dios está en su santuario, en la morada de su gloria, en su habitación. Claro que entendemos de la omnipresencia de Dios y David mucho mejor que nosotros; cuando leemos frases como: Padre nuestro que estás en los cielos, o expresiones del Señor: el cielo es mi trono; no lo están circunscribiendo a un solo lugar, porque Dios donde quiera está, sino que se rebaja a nosotros que sí necesitamos ubicarlo que un lugar porque no entendemos ese atributo de Dios, nosotros si estamos limitados al espacio y el tiempo y, por eso, lo necesitamos encontrar en un lugar para buscarle, este ejemplo me ha servido, muy vago para ejemplificar a Dios pero ilustrativo; tenemos a la policía de nuestra ciudad, en donde quiera están (o deberían de estar) para resguardar nuestra seguridad, pero a la vez tienen una subestación para buscarlos cuando necesitemos un trámite o tenemos sus oficinas centrales pero su presencia está en toda Guatemala.
Este santuario o desde su lugar santo. Ese lugar es santo porque ahí mora el Santo y él es quien lo hace santo. Ya señalamos que para David era el tabernáculo de reunión y después tuvimos el templo a partir de Salomón, pero en ese tiempo, el lugar santísimo estaba vedado el paso; había un atrio de los gentiles, atrio de la mujeres; y el templo meramente está conformado por el Lugar Santo y el Lugar Santísimo pues ahí entraba solamente el sumo sacerdote y una vez al año. Este lugar estaba vedado por tribu, era de la tribu de Leví; estaba vedado por tiempo, una vez al año; estaba vedado por linaje, solamente el linaje de Aarón; estaba vedado por sexo, el sumo sacerdote era hombre; y aún, estaba vedado por nacionalidad, ese santuario estaba en Israel.
¿Y los gentiles? Nos tenían un atrio, como decir: un espacio pequeño, un cuarto, ahí quédense ustedes, en el patio, en la banqueta limitando en la cuneta. El apóstol Pablo habló de una pared intermedia de separación (Efesios 2:14), algunos señalan que en el tempo que modificó Herodes había una pared que separa al atrio de los gentiles con el lugar santo y que tenía una leyenda que decia: «cualquier gentil que traspase esta puerta, debe morir apedreado». Algunos otros comentaristas afirman que habían soldados de la guardia del templo apostados con sus arcos y flechas para disparar si algún gentil atravesaba esa puerta. No sabemos a ciencia cierta si estaba esa pared, o si fue derribada literalmente la misma pues no tenemos algo escrito en las Escrituras que la detallen, sino solamente este pasaje de Pablo. El apóstol Pablo lo toma de manera metafórica para señalar que las enemistades o lo que dividía a judíos y gentiles fue abolida por el Señor Jesucristo con su muerte y que de ambos pueblos haría otro pueblo, esto es a saber: la iglesia (1 Corintios 10:32). Lo que si es cierto es que el velo del templo, con la muerte del Señor Jesucristo fue rasgado, dejando al descubierto el lugar santísimo, simbolizando que ya hay acceso directo a la presencia misma de Dios, como está escrito: Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron (Mateo 27:51) y lo aplica el apóstol Pablo: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios (Hebreos 10:19-21), el Señor Jesus es tanto el velo como el sumo sacerdote que entró por nosotros (Hebreos 9:7-28); ahora nos llama a entrar a él, como está escrito: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16), habiendo sido perdonados y purificados por la sangre de Cristo ya tenemos libertad (Hebreos 10:10, y 10:19-25).
Y esto no es poca cosa, pues su gozo nos produce gozo porque estamos seguros en Cristo, ahí tenemos plenitud de gozo, como está escrito: Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre (Salmo 16:11).
Este gozo lo experimentamos al haber sido perdonados; al llegar a su presencia con nuestras oraciones en acciones de gracias y la experimentaremos de manera perfecta cuando seamos glorificados en el día de Jesucristo.
¿Está experimentado el gozo en su presencia por haber sido perdonado, lo cual produce gozo al Señor? ¿Experimenta ese gozo al llegar a su presencia? ¿Ya la experimento hoy?
Otra pregunta, ¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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