TENIENDO UNA PALABRA ADECUADA PARA TODOS – 3
TENIENDO UNA PALABRA ADECUADA PARA TODOS, 3
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
«Bendito nuestro Dios, que nos ha dado al Hijo de su amor, amor que incluye todo otro don, bendito nuestro Dios»; presto las palabras de Horatius Bonar, para bendecir a mi Dios y saludar a mi querida familia en Cristo Jesús, los caminantes que vamos por este mundo como extranjeros y peregrinos.
Consideremos un aspecto más en la vida de Bernabé, que traducido es «el hijo de consolación»; para el efecto le invito a que abramos —o encendamos— muestras Sagradas Escrituras, esta vez avanzamos a Hechos 13:46, leamos las Sagradas Escrituras:
Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; más puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.
Los apóstoles iban en su misión predicando el Evangelio y a cada tipo de personas tenían una palabra adecuada para ellos, a todos les predicaban el evangelio; porque no hay nadie que sea tan malo que no necesite el evangelio para ser salvo; como no hay nadie que se considere tan bueno como para tampoco necesitarlo, ya que nadie puede salvarse a sí mismo, sino solamente a través de los méritos de Cristo Jesús imputados al pecador que reconoce su condición de culpabilidad, en todo caso, No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Romanos 3:12). Ya vimos que tienen una palabra,
1. A los inconversos, predicación del evangelio;
2. A los creyentes, palabras de ánimo; y, ahora,
3. A los que se oponen…
Hemos señalado: «Tras la predicación del evangelio, claro que hubieron reacciones, están los que lo reciben con gozo y fructifican; y están los que lo rechazan, entre los que lo rechazan unos se van sin ser salvos y otros se quedan sin ser salvos, pero estos últimos normalmente se quedan oponiéndose, añadiendo a sus pecados otro más por el que darán cuentas al Señor». De estos se refiere el siguiente grupo.
Esta actitud, dice Lucas, que fue de parte de los judíos y fue por celos, o sea que no eran ni seguros sus argumentos para fiarse de ellos pues tenían un interés para atacarlos, no era la búsqueda de la verdad sino era el deseo de mantener algún privilegio entre sus oyentes que consideraban amenazado por los apóstoles.
En el versículo 45 leemos tres cosas de ellos:
A) Vemos el número de los opositores. Francamente hay diferencia entre los términos «casi toda la ciudad» y «la muchedumbre»; con el término «los judíos». Entre estos que deseaban escuchar y que seguían a los apóstoles habían judíos y gentiles, no pocos. No sabemos cómo se empleó el término «los judíos» aquí, si como en los evangelios para referirse a los líderes o a los de nacionalidad judía que se congregaban en la sinagoga de esa ciudad, pero sea como sea, son pocos en número. Esto nos indica que el evangelio estaba creciendo.
B) También vemos su estado emocional. se llenaron de celos; y,
C) Vemos sus acciones. y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando.
Celos. Del griego zelos, “celo”, “envidia”. ¿Qué pudo influir para que albergaran ese sentimiento y resentimiento? Bien podríamos considerar dos razones, a saber,
1. Sin duda los judíos que estaban en la tierra prometida y los de la disapora, se sentían ofendidos de que dos predicadores recién llegados, Pablo y Bernabé, pudieran atraer tanto interés con su mensaje entre los gentiles, y aun sus mismos connacionales que se congregaban en esa sinagoga.
2. También porque en su mensaje decían a los gentiles que podían entrar a la salvación sin los ritos adhirientes a la religión judía, se les decía que tenían, en Cristo, los mismos privilegios religiosos de que disfrutaban los judíos, y esto les resultaba intolerable (léase Efesios 2:11-22). Los judíos se desviaron de su privilegio de ser un pueblo escogido era para dar luz a las naciones (Cp. Isaías 48:8-10), esa posición los llenó de orgullo e intolerancia a los gentiles, al punto de llamarlos perros o perrillos, hacía tiempo que se consideraban los únicos hijos de Dios, y por lo tanto no podían aceptar ahora que los gentiles fueran también invitados a recibir la salvación bajo las mismas condiciones que ellos, «por gracia, por medio de la fe» (Efesios 2:8). Estaba felices de aceptar un mensaje de ellos siempre y cuando se mantuviera el mismo «orden», en el caso de los judíos, de superioridad judía, de que los gentiles podían ser aceptados pero como prosélitos, como personas piadosas, pero nunca como iguales en el reino, por eso tenían en el templo un atrio para ellos; hoy, si alguien se atreviera a pensar lo mismo, diríamos «en un rinconcito de la Sala Evangélica, casi llegando a la banqueta, ahí se puede quedar, si quiere»; pero no podían soportar que los gentiles fueran delante de Dios iguales a su pueblo escogido.
Leemos en el texto su forma de oponerse y manifestar sus celos, dice que rebatían lo que Pablo decía. Esta palabra en griego es antileg que es disputar, rehusar, contradecir, hablar contra, oponerse, ser respondón. Es rechazar o contrarrestar la fuerza o violencia de alguien (Diccionario en línea). La idea es de rebatirles lo que decían, no debatir, dispútales en torno a su idea o su concepto, para contrarrestar su fuerza, en este caso, el mensaje del evangelio que llevaban Bernabé y Saulo. Una diferencia entre rebatir y debatir es que debatir es discutir con ideas y argumentos sobre opiniones diferentes en búsqueda de la verdad; y rebatir es el rechazo o contrarrestar la fuerza o violencia de alguien.
En otras palabras, estos no estaban a favor de la verdad, sino que se oponía a la verdad, a cantrario sensu, de Pablo, como leemos en segunda a los Corintios 13:8,
Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. Estos no querían que siguiera avanzando el evangelio con su poder para salvación, como está escrito: Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío, primeramente, y también al griego (Romanos 1:16); y por eso lo habrían de rebatir sea como sea, con piedras verbales de primero y, al ver su incapacidad ante los argumentos, con piedras literales.
Esta acción de rebatir u oponerse a la fuerza o poder del evangelio, la hacían con dos acciones: Contradiciendo y blasfemando. En 18:6 vemos que los judíos en Corinto se opusieron a los misioneros cristianos en forma similar. Aquí dice nuestro texto que era contradiciendo, es la misma palabra griega para rebatir, o sea que no tenían argumentos, no podían resistir la sabiduría de los mensajeros del evangelio, y entonces se dedicaron a oponerse y hasta usar un lenguaje fuerte, injurioso, insultativo. En el ámbito de los debates a esta falacia se les llama ad hominem, significa literalmente «contra la persona», y esta falacia consiste en descalificar o atacar a la persona en lugar de refutar, o contra argumentar sus argumentos; esto hicieron con los misioneros y lo confirma la siguiente palabra «blasfemando».
Esta palabra es la palabra griega blasph que es vilipendiar, específicamente hablar impíamente, hablar mal, es injuriar, calumniar, decir mal. Blasfemar es decir con palabras o expresiones que injurias, calumnian o menosprecian a alguien o algo sagrado.
Como me he declarado un oportunista, aplico estas palabras a muestras vidas. Para aplicar estas palabras, tal vez un ejemplo de la jurisprudencia penal guatemalteca nos ayude a diferenciar estas dos acciones de injurias y calumnias que le hicieron a nuestro dúo dinámico. En nuestro código penal hay tres delitos relacionados entre sí y que se pueden cometer también con la lengua y otras formas, a saber, la injuria, la calumnia y la difamación. En palabras simples, la injuria es hacer declaraciones contra una persona que lesione su imagen, dignidad y estimación ante los demás, sería decir algo contra su honor; mientras que la calumnia es atribuirle a una persona un hecho delictivo; y la difamación es hacer las injurias y la calumnias por los medios en donde efectivo es mensaje y se llegue a odiar a la persona injuriada o calumniada, a propósito, ¿cuántas veces a cometido usted estos pecados contra algún hermano al injuriarlo, calumniarlo y aun difamarlo? Además, le informo, ha cometidos delitos y que merecen pena de cárcel y de multa. De manera que debemos de tener cuidado con los chismes de algún hermano u otra persona que nos llegue.
Dejo mi entre paréntesis que aproveché y retomo mi orden de ideas. Estos judíos celosos, ya no sabían hacia donde tirar sus improperios si a Dios y sus cosas sagradas o a los apóstoles al atribuirles fallar a su honor, burlarse de ellos, de su apariencia u otro o calumniarle atribuyéndoles delitos, o pecados, o despropósito alguno, o intereses mezquinos, u otros; pero al lanzar sus pedradas verbales a los apóstoles, por ahora, lo hacían con el propósito de menoscabar el mensaje, le repito, hacían un ad hominem con los predicadores.
El resultado esperado era claro. Afectándoles el honor, burlándose de su apariencia, atribuyéndoles despropósitos algunos, desviaban de la mente de los oyentes el evangelio para desconfiar de ellos y no aceptar su mensaje. He ahí la razón por la qué Pablo defendía su ministerio y hasta dedico epístolas para ellos, he ahí la razón por la que Pablo y Bernabé se cuidaban, he ahí la razón por la que debemos de cuidarnos en nuestro proceder los portadores del evangelio, los que predicamos el evangelio y todos los evangélicos.
Y entonces los apóstoles hicieron algo pero que fue en beneficio de los discípulos y del evangelio, pero que vamos a ver más adelante cuando el Señor nos conceda una oportunidad más para meditar en Su santa y bendita palabra, a donde quedamos todos invitados, por el momento quedémonos aquí y que el Señor bendiga sus palabras. Amén.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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