SALVADO, PERO NO PERFECCIONADO
SALVADO, PERO NO PERFECCIONADO
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor, queridos caminantes, los verdaderos peregrinos que vamos a la Patria Celestial, «cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:10). Les doy la bienvenida a este su rinconcito teológico, sencillo pero hecho con mucho amor para usted.
Vamos a considerar otro aspecto más en la vida del hermano José, el levita natural de Chipre a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación) (Hechos 4:36).
Normalmente he usado la expresión «que la gracia de Dios logró en el hermano José», pero esta vez es algo que hizo Bernabé a pesar de la gracia de Dios. Es un error que cometió nuestro personaje, algo que Pablo denominó una simulación y una hipocresía, en donde estuvieron involucrados varios personajes principales de la iglesia del primer siglo, entre otros, al apóstol Pedro.
Mi subtitulo está bien, atiné al escogerlo, tal vez usted encuentre otro mejor como «pero no glorificado» que soy sincero coquetee con él u otro similar, a veces lo digo de manera un poco más extensa y poética, por ejemplo, «hay una parte en el redimido que no ha sido redimida aun, pero que es necesario que sea redimida en el día de la redención, esto es, a saber, su carne». Es que aún nos movemos en la carne, el nuevo hombre está dentro de este cuerpo, que Pablo denominó cuerpo de muerte del que esperaba ser liberado (Romanos 7:24), esto porque es en donde el pecado se ha albergado, John MacArthur le llama “un reposorio del mal»; es decir, que es donde el pecado ha encontrado su bodega, pero no es que el cuerpo sea lo malo, no vemos que antes de la caída para Adán y Eva su cuerpo hubiese sido un estorbo, de ser así sería ilógico que nos den un cuerpo en la glorificación, nuestro cuerpo no es malo a no ser por esa «maldita tendencia al pecado», a decir de Spurgeon, después de la caída, lo que dijo el Señor Jesucristo que «es débil», refiriéndose a la carne como tendencia natural hacia la verdad, es débil, no le gusta y ni la soporta. El creyente ya está libre del pecado pero, a decir de Jerry Bridges en su libro En pos de la Santidad, ha tomado «una especie de guerra de guerrillas» y esto es en su cuerpo, de donde nuestra mente y sentimientos son parte, por eso es que Pablo nos exhorta y manda: No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia (Romanos 6:12-13) o «no haga gobierno el pecado» «o no los domine como autoridad».
Pero, advierto, mi subtítulo no es una excusa, ni libertad para andar desordenados, no debe ser lo primero que debe saltar a su mente al verse en una bifurcación ante el pecado y la santidad. Decir algo así: «como mi carné es débil, entonces ¿qué puedo hacer?» es una excusa muy infantil y nada espiritual; pero tampoco es para andar creyéndonos los super santos, denostando a todo mundo.
Las Escrituras nos describen a los creyentes como santos, irreprensibles y perfectos (verbigracia, 1 Corintios 1:30; Filipenses 2:15; 3:15), pero no significa que ya no pecamos, significa que lo somos posicionalmente en Cristo, que Dios prefiere vernos a través de la santidad y perfección de Cristo. Es por eso que las Escrituras con toda libertad se expresan de nosotros, los creyentes en Cristo, como los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos (1 Corintios 1:2); es decir, ya somos santificados, pero somos llamados a ser santos o debemos serlo por el llamamiento; o como los que somos perfectos, pero también como Ni que ya sea perfecto (Filipenses 3:15, 12), y todo esto sin contradecirse.
Esto se concilia con dos aspectos de la santidad del creyente que la teología distingue en las Escrituras, a saber, en la santificación posicional y en la santificación personal. La primera, es una declaración de Dios respecto de aquel que pone su fe en Cristo; y, la segunda, es una acción que hace el creyente para que, de manera personal, experimental, cotidiana y progresiva, el creyente en Cristo, mediante la disciplina personal se va ejercitando en la piedad logrando el crecimiento del nuevo hombre en él y esto de manera progresiva, pues, leemos, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno (Colosenses 3:10).
De manera que los creyentes tenemos la posición espiritual ante Dios y declarada por Dios, en el momento en que el creyente recibe a Cristo como su Salvador personal, confesándolo como Señor. Es decir, es una realidad legal o judicial en Cristo y no necesita una experiencia vívida previa; pero que, debemos reconocer y recordar, se debe reflejar en nuestra vida con la santificación personal y cotidiana, quiero decir, la experiencia vívida de santidad después de la declaración divina de santo, por su unión con Cristo.
Luego que la persona confiesa a Jesucristo como Señor, en ese instante, Dios lo ve como Santo, no por obras de mérito de condigno, sino por la Obra de Cristo, es decir, por su sacrificio que obra en favor del pecador. Esta santificación es completa, por eso se dice y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad (Colosenses 2:10); y también es instantánea, por eso se dice que Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención (1 Corintios 1:30). No depende del crecimiento espiritual o del comportamiento del creyente, sino de su posición en Cristo, de estar en Cristo, por eso leemos Hebreos 10:10: En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
Este tipo de santificación es el primer aspecto de la santificación del creyente, y tiene que ver en cómo ve Dios al creyente en Cristo, para Él, por cuanto que ha sido perdonado, limpiado y quitado su pecado por la sangre de Cristo, ya es Santo, apartado para Él (Cp. Romanos 5:1, Juan 1:29; 1 Juan 1:7).
Luego vienen otras etapas como la santificación experimental, cotidiana o progresiva. Se refiere al proceso práctico, diario que, mediante su disciplina personal, sometimiento a la disciplina eclesial y la asistencia del Espíritu Santo, el creyente crece en santidad en su vida personal, como está escrito: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18).
Esta santificación es un proceso continuo y que dura toda la vida, depende de la obediencia al Espíritu Santo y la disciplina personal como la oración, la lectura de las Sagradas Escrituras, la comunión con los santos en la Asamblea y el esfuerzo por apartarse o abstenerse de toda especie de mal (Cp. 1 Tesalonicenses 5:22; 1 Pedro 2:11). Es que, aunque el creyente ya es santo posicionalmente, pero es preciso que busque esa realidad en la práctica.
El afirmar que posicionalmente es santo, pero vivir como un demonio, es lo que Jacobo denominó «la fe sin obras es muerta» (Cp. Santiago 2:20), de hecho, con ellos trata Santiago, con los que tienen la fe de los demonios, una fe muerta, una fe que no produce. Bien se ha dicho que somos salvos sola fide, pero la fe no viene sola, siempre trae obras.
Este tipo de santificación no significa perfección —de hecho, la santificación perfecta será el día de la glorificación—, por eso es que experimentamos caídas, luchas contra el pecado, momentos de debilidad y dudas; pero también experimentamos crecimiento y victoria espiritual y no pocas veces. A todo esto, me refiero con salvado, pero no perfeccionado, ha salvado, pero no glorificado, un santo que lucha por su vida de santidad.
Ahora bien, en el caso de Bernabé, que no dudamos de que era salvo, pero es evidente que un no perfeccionado aun; pero, eso sí, maduro. Su no perfección se puede ver en dos situaciones que atravesó, a saber,
1. Peleó y se dividió con Pablo por causa de Juan Marcos. Indudablemente tenía fuertes razones para defender a su sobrino —o primo, si quiere— pero debió cuidarse de no llegar a más, o debieron de cuidarse ambos.
¿Se arreglaría la situación? Creo firmemente que sí, por ejemplo, consultando fuentes de estudiosos, el segundo viaje misionero de Pablo fue al rededor del año 49, y fue al rededor del 54 en que se escribió la epístola a los corintios y ahí es mencionado por Pablo y como una referencia buena para el ejercicio del ministerio; es decir, cerca de cinco años después lo cita con un buen ejemplo y en tiempo presente. Además, si Juan Marcos después de ese suceso, llegó a tener una estrecha amistad con Pablo, es lógico pensar que lo hubo con Bernabe. Y también podríamos pensar que el que mandó Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo (Efesios 4:26-27), no puede ser que él de el consejo pero que se quede sin él, Pablo no era de los médicos que no se curan a sí mismos, como dijo el Señor Jesús en Lucas 4:23. Entonces, ¿no habría de procurar cumplirlo con su antiguo, primer compañero de misiones? No cabe duda que estos varones eran salvados sin ser perfeccionados pero cristianos maduros.
Y también demostró que era salvado, pero no perfeccionado al,
2. Participar en la simulación junto con Pedro, según lo leemos en Gálatas 2:13.
Esto quisiera considerar junto a usted, ¿me acompaña?
Por el momento, ¿Caminamos caminante? Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.
