SAETAS EN MANOS DE VALIENTES
SAETAS EN MANOS DE VALIENTES
En las Sagradas Escrituras, en Salmos 127:4, leemos:
«Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud»
La palabra hebrea para saeta puede significar tanto una flecha, una caña de una lanza y tambien dardo. Es el símil que usa –probablemente sea David el autor– al dirigirse a Salomón y es de aplicación a todos los hijos. Flecha, lanza o dardo, tienen la característica de ser un arma forjada, de ser lanzada a donde el flechero lo dirija y también de posicionarse o clavarse en el objetivo, una vez impacte. Si bien fue dirigido a Salomón como hijo –ver el título del Salmo– pero así son los hijos, saetas que debemos forjar, que debemos lanzar y procurar que se posicione en el objetivo.
Al pensar en una saeta, podemos considerar que al ser:
- Una saeta forjada, nos da la idea de disciplina.
- Un saeta lanzada, nos da la idea de señalar dirección; y,
- Una saeta posicionada, nos da la idea de el objetivo a donde hemos de direccionar. Este objetivo puede ser para qur sean personas de bien o de mal, también hacia lo que le dará su salvación o condenacion, los cristianos esperamos que sean de bien y hacia el Señor Jesús para su salvación.
Vemos también algunas acciones que se hacen con las saetas, a saber:
- Saetas labradas, vuelvo con la idea de una disciplina.
- Saetas guardadas, pienso en la protección que se haga de él; y,
- Saetas lanzadas, también vuelvo a la idea de la dirección hacia donde van a ser lanzados.
También vemos:
- Qué es un asunto del Señor; es decir, forma parte de su edificación de la casa (v. 1).
- Que es un asunto que recibimos, pues es una herencia (v. 3); y,
- Es un asunto de responsabilidad. Porque llena su alejaba, afila y lanza las saetas. No entendemos que el Señor lo hace sino nosotros.
Vemos en este nuestro texto que la paternidad no es para cobardes sino para valientes, pues dice que son los hijos son como saetas en mano del valiente, no es para cobardes, no para los que sirven solo para engendrarlos, es para los que deseen pagar el precio, los que están dispuestos a llorar, desvelarse, sacrificarse, los que llueve truene o relampaguee harán su papel lo mejor posible. Que estarán ahí 24/7 los 365 días del año, para el, para guiar, para disciplinar, para ser de ejemplo. Es para aquellos que saben que el redireccionar a sus hijos es una tarea importante, porque de ahí depende que sean personas de bien, ciudadanos honorable, de ahí depende, en cierta forma, su salvación o condenacion, debido al testimonio que reciban del evangelio. Es para los que entienden que no los podrán hacer salvos, pero si acercarlos a la salvación; que ellos no podrán, por sus esfuerzos de padres, lograr una pizca de santificación en ellos, pero si podrán enseñarles con su ejemplo lo que es la vida de santidad. Para aquellos que saben que los valientes construyen, pero los cobardes destruyen. Es para aquellos que entienden que sus hijos deben ser altamente privilegiados de escuchar el evangelio y de ver el evangelio de primera mano, esto es, a través de ambos padres, especialmente de su padre. Para aquellos que han entendido que la mejor manera de amar a sus hijos es amar a la mama de ellos, al contrario de eso, al dañar a la mama de ellos es causarles un gran daño a ellos sirviendo de piedras de tropiezo.
El problema del padre ausente no es solamente de aquellos que engendran hijos por doquier y se van sin hacerse cargo, estos de por sí son cobardes, la ley protege a esos infantes y a su madre, pero si le tienen que mandar a la policía y al juez y todo el aparato de justicia para cumplir su repsonsabilidad con aquel que es su sangre, su legado, ha fallado como ser humano y como padre. El problema del padre ausente, también incluyen aquellos que esta ahí la figura de un hombre que engendró pero son irresponsables al no proveer (1 Timoteo 5:8), y/o que lastiman con su violencia intrafamiliar, sea de índole verbal o de índole física (Colosenses 3:19; Proverbios 30:14), que no figuran para nada como modelo positivo de lo que es la paternidad, menos de lo que es la hombría.
Benditos los padres –y madres– que han pagado el precio dejándonos el legado de que si se puede y de cómo hacerlo, ahora nos toca la tarea a nosotros para perpetuar ese legado, perdonar lo que no se hizo bien y mejorar lo que si se hizo bien, pero todo gracias a la gracia de Dios, porque, sinceramente, no es tarea fácil. Si tuviésemos la oportunidad de volver a ser padres, probablemente no cometeríamosnoos mismos errores con nuestros hijos pero, de seguro, otros si. Nuestros hijos no tienen padres perfectos, pero si padres que los aman y que son temerosos de Dios y de eso deben estar plenamente convencidos.
Se dice que no es padre el que engendra sino el que cría; pero tanto honor hay en aquel que cría al que engendra. ¿Cómo es posible que aquel que se va a quedar en mi lugar no lo instruya para hacerlo? Ese fue el problema de Ezequias que dos años, si mucho, engendro, a Manases, esto después de los quince años que el Señor le dio de vía, de otro tiempo extra de vida porque su tiempo si ya había llegado. Ezequias no aprovecho el tiempo, lo desperdició, ¿de qué sirvió ese tiempo extra? No es posible que un padre –o una madre– sea de piedra de tropiezo a sus propios hijos.
Oración: "Ayúdame, Señor, a caminar a pesar del camino escabroso, a no dejarme derrotar por la apatía, ni el desánimo, ni mucho menos por el pecado, hay una congregación y unos vecinos que ven mi testimonio y fidelidad hacia ti, ese es el tercer amen que deseo escuchar; pero en casa tengo cuatro ojos que no esperan menos de aquel a quien les pusiste como su líder, ese es el segundo amen fuerte que quiero escuchar en mi vida y mi ministerio. Bien escribió aquel escritor de himnos: 'Señor yo quiero ser como tu, porque él quiere ser como yo'; de tal manera que no tenga temor al escuchar que mi hija quisiera casarse con alguien como yo, o escuchar a mi hijo decir: 'quiero ser como mi papá', y en mis adentros gritar,: ¡que sean mejores que yo, que se parezcan a mi Señor Jesús, porque de él he aprendido! Y al final, tenga que llorar porque a pesar de que no lo hice bien, como te mereces y como mandas, siendo yo un siervo inútil, oiga de ti 'bien bien siervo y fiel'. Es el primer amen que quiero tener en mi vida y ne mi ministerio. En el Nombre del Señor Jesús, amén y amén".
A propósito, ¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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