RECONOCIENDO CON HUMILDAD LOS DONES DE OTROS, PARTE 1
RECONOCIENDO CON HUMILDAD LOS DONES DE OTROS, PARTE 1
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendito sea el Señor por esta nueva oportunidad para meditar en la Palabra de Dios. Veamos otro aspecto más en que el Espíritu Santo trabajó con su gracia, en la vida de «el hijo de consolación», esta vez avanzamos unos versículos más a Hechos 11:25, en donde leemos la Palabra de Dios:
“Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía”
«Qué el Señor bendiga y su palabra en nuestras vidas».
El contexto es que hubo un avivamiento en ciudades fuera de Jerusalén, pues debido a la persecución que inició con el martirio de Esteban (v. 19), estos dispersados fueron de ciudad en ciudad y, como les pudieron quitar sus posesiones, su libertad y hasta su derecho de vivir en su tierra, entre otras cosas, pero no su fe, esta la llevaban y la compartían a donde quiera que iban, o sea que eran creyentes genuinos; pero iban predicando solamente a judíos y no a los demás (v. 19), estos pasaron por Fenicia, Chipre, Antioquía; se denota por el texto que no fueron las únicas ciudades, probablemente estas eran las más importantes del imperio, o en donde se evidenció más la predicación del evangelio, pero llegaron hasta allá; pero hubieron unos hermanos israelitas creyentes en Cristo, que eran originarios de Chipre y de Cirene que, cuando llegaron a Antioquia, se fueron a predicar aun entre los griegos, o los gentiles, y estos también recibieron la gracia de Dios. Los apóstoles en Jerusalén al enterarse de todo esto, enviaron como delegado apostólico, para reconocer la obra, instruirles y exhortarles en la fe, a nuestro hermano, cuyo apodo significa «hijo de consolación». El médico amado, en el versículo 23, nos indica la reacción de este al llegar a Antioquía, dice:
Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor.
Voy a ser oportunista y aprovechar un poco más este texto. Dice que «vio la gracia de Dios», es decir percibió con sus sentidos, especialmente de la vista, la gracia de Dios. La gracia de Dios normalmente la hemos definido como «el regalo inmerecido de Dios» y nos hemos quedado solamente con esa acepción.
Por el uso que vemos en las Sagradas Escrituras de la palabra, podemos concluir fácilmente que no fue una palabra acuñada por los apóstoles, pero si fueron ellos quienes le dieron un sentido especial a tal punto que el Señor la consagró para su uso. Se dice que era usada en la literatura extrabíblica, usada como saludo con un profundo deseo. Esbocemos brevemente su uso en las Escrituras:
1. La palabra gracia se puede referir a un atractivo que tienen alguien, lo que da la idea de belleza, los poetas hoy en día hablarían de «tener un donaire» o «de la hermosura»; los hombres cultos hablarían del «don de gentes», o sea que se refiere a aquello que deleita al que contempla, que atrae, que atrapa. Esto se reúne en Cristo, por eso leemos en la profecía cuando se habla de su hermosura que “la gracia se derramó en tus labios” (Salmo 45:2); los evangelistas testifican que sus oyentes “estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca” (Lucas 4:22). Ahora bien, hombres comunes y corrientes, siendo inmundos de labios, tendrán una hermosura también que los adornará, las Escrituras se refieren al efecto del que busca la sabiduría y la pone en práctica (Proverbios 1:9; 3:22), de esa cuenta Pablo manda a los creyentes a que sus palabras sean “con gracia” y usa el símil «sazonada con sal» (Colosenses 4:6).
2. La palabra gracia también significa «bienquerencia», da la idea de un sentimiento bello o agradable, sea experimentado de otros o expresado hacia otros, como bondad, favor, buena voluntad. De esa cuenta leemos que el Señor le dio a José gracia delante Faraón (Hechos 7:10), es el equivalente de la afirmación antiguo-testamentaria de «si he hallado gracia delante de tus ojos». Leemos que a Esdras el rey le concedió todo lo que pidió porque la mano del Señor estaba sobre Esdras (Esdras 7:6) esto significa que la presencia del Señor le concedió gracia o bienquerencia a Esdras delante del rey; lo mismo ocurrió con los discípulos cuando iban predicando «y teniendo el favor de todo el pueblo» o bienquerencia, o gracia delante de la gente (Hechos 2:47); esto también se aplica al Señor Jesús que cuando crecía “la gracia de Dios era sobre él” y «crecía en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2:40, 52), o sea, bienquerencia.
3. La palabra “gracia” también es expresar agradecimiento, por ejemplo, “¿Acaso da gracias al siervo?” (Lucas 17:9, en donde gracias en griego es jaris, gracia); y especialmente expresar gratitud a Dios, como se dice: “Gracias sean dadas a Dios” (1 Corintios 15:57, otra vez la palabra jaris, gracia).
4. La palabra gracia también significa buena voluntad, para referirse a un regalo o un favor. En Hechos 25:1-3 leemos que los principales sacerdotes y los más influyentes de los judíos, comparecieron ante Festo, para que les concediese «como gracia» (_jaris) que trajesen a Jerusalén a Pablo porque querían matarle, pero la petición era que como gracia, o regalo, o como muestra de buena voluntad, les concediese la petición.
A su vez el apóstol Pablo habla del donativo (Jaris, gracia) que las iglesias habían reunido para los pobres de Jerusalén (1 Corintios 16:3); en 2 Corintios 8:6-7;19 se habla de «esta obra de gracia», «esta gracia» y de «donativo», o sea que son equivalentes.
5. El significado especial añadido que tiene la palabra gracia, se refiere al amor de Dios, a la buena voluntad de Dios hacia los pecadores, en Cristo Jesús.
En la anunciación del nacimiento del Señor Jesucristo, la multitud de ángeles que apareció cantando, junto al ángel que dio el mensaje y su cántico era: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!». No es » en la tierra paz a los hombres de buena voluntad», como decía un antiguo anuncio navideño en mi querida, pero idolatra Guatemala, el hombre impío, alejado de Dios, no tiene buena voluntad; en realidad la tierra habría de experimentar la paz, la paz para con Dios con su justificación (Romanos 5:1), porque el Príncipe de paz se había acercado a los hombres y con eso demostraba Dios su buena voluntad para con los hombres.
Pablo nos habla de esta acepción diciendo: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Romanos 3:23-26)
Esta obra de la gracia de Dios es el acercamiento de Dios a los hombres para salvarlos de sus pecados. Es obvio que aquí cabe la expresión del «regalo inmerecido», porque, el hombre no regenerado, por cuanto ha pecado, está destituido de la gloria de Dios (Romanos 3:23); es aborrecedor de Dios (1:21, 30, 32) y aborrecedor de lo bueno (2 Timoteo 3:3), ha detenido con injusticia la verdad (Romanos 1:18), ha pervertido la verdad (v. 18, 25), han preferido adorar a cuadrúpedos y a reptiles (v. 23); han deshonrado la imagen divina en sus propios cuerpos (v. 24-27), vive blasfemado el nombre de Dios (2:24) y hasta lo han despreciado debido a su paciencia y longanimidad (2:4-5).
6. También se usa para describir el efecto de la predicación del evangelio, el momento en que se hace efectiva la salvación de los hombres, como aquí en Hechos 11:23 que vio la gracia de Dios, la Biblia Dios Habla Hoy traduce: «vio como Dios los había bendecido»; La Nueva Biblia Viviente por su lado traduce: «vio las maravillas que Dios estaba haciendo»; La Nueva Versión Internacional como que «vio las evidencias de la gracia de Dios»; es decir, que Bernabé veía la manera en que Dios estaba salvando a las personas.
7. Literalmente, aplicado a los incisos 5 y 6, el diccionario de palabras hebreas y griegas Biblia Yahveh nos señala que gracia es la «influencia divina sobre el corazón y su reflejo en la vida». Dice Pablo que, hasta ese momento de su vida, «Por la gracia de Dios soy lo que soy» (1 Corintios 15:10), indudablemente es la suma de la salvación, su don, su transformación progresiva.
8. También es usada la palabra gracia para describir la asistencia de Dios en la vida cotidiana del creyente para enfrentar los pecaminoso qué aún hay en él y esto lo hace de manera superabundante (2 Corintios 9:14).
Entonces, ¿la fe se ve o no se ve? O ¿la gracia se ve o no se ve? No se ve en el sentido de no ser algo corpóreo, no tener figura alguna, pero se ve en sus efectos y lo que Bernabé estaba percibiendo era la manifestación de la gracia de Dios salvando a las personas con la predicación, no haciendo acepción de personas, salvado a las personas de Antioquía como, otrora, salvó a los judíos. Lo hizo con hombres y mujeres, con libres y esclavos, con judíos y ahora con gentiles también, ese era el plan desde el antiguo testamento, como está escrito: Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados (Isaías 45:22-24); es lo que vemos paulatinamente en los Hechos y confirma Pablo que aquí, en la gracia de Dios, Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gálatas 3:28; Cp. Colosenses 3:11) y al final los redimidos cantaremos al Señor sobre su redención reconociendo nuestro origen en la tierra, como está escrito: y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación (Apocalipsis 5:9; Cp. 7:9-17). Con complacencia digo: «Jesucristo es mi Señor, Guatemala es mi país; soy 100% chapín, hecho en Guatemala; pero ciudadano del Reino de los cielos por su gracia».
Y cuando vio la salvación de los gentiles en Antioquía, Bernabé tomo dos actitudes, a saber,
1. Bernabé se regocijó.
Esto no es más que actuar como Dios actúa ante la salvación de los hombres, el Señor Jesús dijo que en comparación con un pastor de ovejas que pierde una, dice que «habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente»; y, en comparación con la mujer que encuentra su única moneda perdida, «hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente» (Lucas 15:7, 10); estas dos figuras apuntan al gozo de Dios, que no cabe duda que los ángeles también se regocijan. Experimentar ese gozo también es compartir el sentir del Señor Jesús ante la conversión de los hombres, la profecía de Isaías 53:11 indica que «verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedara satisfecho», y en Hebreos 12:2 leemos «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios».
No cabe duda de que dentro de la misión de Bernabé, en la obra que se estaba levantando recién, era ver lo que era digno de aprobar, lo que era de acuerdo a la fe Cristiana, y al ver las conversiones y que eran genuinas, se llenó de profundo gozo, como el gozo de Dios, el gozo del mismo Cristo, el gozo de los ángeles, o sea que la iglesia se goza por aquellos que siguen siendo añadidos a la iglesia para ser salvos; y,
2. Bernabé los exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor.
La Biblia de Jerusalén traduce que “se alegró y exhortaba a todos a permanecer, con corazón firme, unidos al Señor”; la idea es que es una acción continúa y no un solo acto, o sea que esta acción de motivar a los hermanos recién convertidos y misioneros no fue de un solo mensaje, era continuamente y entre tanto tenía la oportunidad de hacerlo, lo hacía.
Su mensaje de exhortación incluía «con propósito de corazón» o, como la versión citada,” con corazón firme”; nos recuerda la sinceridad, pero también la entereza; sin mezcla alguna pero también la gallardía; sin hipocresía, pero también la valentía. Era una entrega completa, que no vayan a ser como aquellos que explicó el Señor en su parábola del buen sembrador en San Mateo 13:20-21: Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.
El mensaje de exhortación también incluía, y está en relación, a «que permaneciesen fieles al Señor». La lealtad debe ser hacia el Señor Jesucristo, la cual debía permanecer en ellos —los recién convertidos y los evangelizadores— con “corazón firme”.
Esto nos recuerda también que la actitud, y la nuestra también, debe ser una actitud, realista y no triunfalista, por muy emocionados que estemos con los resultados. Bernabé había visto el resultado de la gracia de Dios, las conversiones, pero sabía, que se habrían de poner recias las persecuciones, que de hecho así pasó.
Fue hasta el año 313, con El edicto de Milán, al menos en el imperio romano, en que cesaron las persecuciones contra los cristianos; esto como resultado de la estrategia de Constantino de unificar su imperio, pero como Satanás seguía persiguiendo a la iglesia, fue una maniobra más y unió en casamiento a los líderes de ese entonces de la iglesia con el estado, ahí fue el germen, ahí fue el cigoto que dio a luz a lo que sería una ramera hoy en día. O sea que firmar la paz fue otra táctica de guerra de satanás.
Al volver a mi relato, o sea que tenía gran importancia el mensaje que llevaba Bernabé pues la persecución habría de arreciar y después vendría la persecución de otra forma, matizada con paz, amor, tolerancia y esas dos formas de persecución persisten hasta hoy. Si hoy viniese «el hijo de consolación», no cabe duda que se repetiría su actitud y su mensaje de exhortación a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor.
Y que el Señor bendiga sus palabras…
Continuará, Dios mediante.
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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