MANTENIENDO LA COMUNIÓN ENTRE ASAMBLEAS
MANTENIENDO LA COMUNIÓN ENTRE ASAMBLEAS
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor queridos caminantes, les doy la bienvenida a este humilde rinconcito bíblico en donde meditamos la Palabra de Dios. En esta serie estamos considerando algunos aspectos en la vida de un hermano llamado José, a quien apodaron Bernabé, cuyo significado dio origen al título de nuestra serie. Avancemos ahora unos versículos más y nos situamos en Hechos 11:30, leamos la Palabra de Dios:
«lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.»
El contexto es que después de que Bernabé fue enviado a Antioquía, note que Bernabé fue enviado (v. 22, en griego es exapostell que es enviado a una misión) por la iglesia en Jerusalén, que significa que fue enviado específicamente por los apóstoles, pero fue con autonomía. Claro que tenía comunión doctrinal con Jerusalén y los demás predicadores en otros lugares, la doctrina no es autónoma, pero Bernabé no tenía un papa en Jerusalén, las pretensiones megalomanas de Roma de un papa sobre todos, no se habían inventado aún.
Entonces Bernabé trabajó en Antioquia y llegó el momento en que vio que el ministerio de, ahora hermano, Saulo podía bendecir a esa incipiente iglesia local en Antioquia, quien estaba entregado a la predicación en su ciudad natal, Tarso. Este, con la buena disposición para predicar el evangelio que le caracterizaba, accedió a que trabajarán juntos en Antioquía, leemos en Hechos 11:26
Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
Dice Lucas que se congregaron todo un año. La palabra griega que usa Lucas para congregar es sunágo, que significa: «conducir juntos, coleccionar o reunir; específicamente entretener (hospitalariamente)» (Bibliaya.com). Todas las acepciones para congregarse nos dan dos ideas primordiales: 1) el de compañerismo, camaradería, o el de amistad mutua; y, 2) nos dan la idea de un objetivo al congregarse, pero este objetivo, vemos en las Escrituras, que es en una línea vertical y en una horizontal.
En Hebreos 10:25 leemos: no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Véase el mandamiento: «No dejando», o “no descuidando”, la congregación o la reunión.
Algunos autores han visto en esta expresión dos posibles interpretaciones. Una, debido a que el contexto general de la epístola a los Hebreos es una advertencia a la apostasía, como ciertamente estaba ocurriendo, entonces esta admonición podría referirse a ausentarse de la congregación (vrs. 26-27), es que el creyente es salvo en la Iglesia, como el Cuerpo de Cristo y no fuera de ella; quiero decir, no ausentarse en el sentido de no asistir más a una reunión programada sino a dejar o abandonar las convicciones que la iglesia ha creído, apostatar de la fe, pero debo aclarar que no me refiero a pertenecer a una denominación o grupo cristiano especifico, sino a la iglesia universal, al Cuerpo místico del Señor Jesucristo .
Y también se puede referir, lo cual es más probable, a las reuniones que los creyentes de una iglesia local programan con el propósito de rendir culto al Señor y para animarse mutuamente. En el libro de los Hechos los vemos reuniéndose en los hogares de los creyentes. Esta es la interpretación más común y aceptable, sin perjuicio de la gran verdad sobre la advertencia a la apostasía de la fe de Cristo para regresar a los ritos de la ley mosaica que ya habían tenido su cumplimiento y de lo que Cristo era la realidad y estos su sombra (v. 1).
Algunos tienen por costumbre, dice. Ese descuido solamente los afectaba a ellos y no a los demás que sí se congregaban con los santos y practicaban así la comunión con sus hermanos. El Señor ha establecido una forma para enseñarnos a amarle y temerle, y la forma para que se dé esa enseñanza es haciéndonos oír sus palabras (Deuteronomio 4:10), entiendo que hoy tenemos la lectura cotidiana personal de las Escrituras y aún tenemos la Biblia en audio. En aquellos tiempos no llevaban cada uno su biblia, las copias de esta estaban ahí en el lugar de reunión, también estaban en operación las profecías y los dones de transmisión de la Palabra, así es que tenían que acudir al profeta, al punto de reunión y lo mismo pasó en las sinagogas en donde se custodiaban los rollos de las Escrituras y lo mismo ocurrió en los inicios de la iglesia, hasta que se inventó la imprenta y fue más fácil la impresión y distribución de la Biblia.
Entonces, con esa manera de obrar al no reunirse, descuidaba los privilegios y consejos que se han dado en los versículos anteriores y las advertencias en versículos posteriores, por ejemplo, que los creyentes tenemos «libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo» (v. 19), debido al sacrificio en su carne (v. 20), puesto que tenemos un «gran sacerdote sobre la casa de Dios» (v. 21), por lo tanto nos podemos acercar confiadamente (v. 22), eso sí «con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura» y además, con firmeza y sin fluctuar. Otro requisito para acercarnos es mantener las buenas relaciones interpersonales con nuestros hermanos, es decir, con consideración y estimulación de los unos para los otros a las buenas obras (v. 24). Como señalamos, este culto es una línea vertical —hacia Dios— y en una línea horizontal —hacia nuestros hermanos—. Y también es ignorar la advertencia a apostatar del Señor (v. 26-27).
Esto es lo que es un culto cristiano, tenemos a Dios, a quien nos acercamos; tenemos al Señor Jesucristo, en nombre de quien nos acercamos; y tenemos a los adoradores, los creyentes, los que nos acercamos y lo hacemos observando a Dios y observando nuestra comunión con los hermanos.
Ahí, en la reunión de los santos, siempre vamos a encontrar, exhortación o ánimo, sí, palabras que animan a mantenerse firmes. Por eso, los que están enfrente de la obra en esa iglesia local deben pedir sabiduría y prudencia al Señor, para dar respuesta a cada uno (Colosenses 4:6), Pablo pedía oración por su ministerio para representar bien Cristo para que lo manifieste como debo hablar (vrs. 3-4). Sea para “saber hablar palabras al cansado” (Isaías 50:4), o sea para hacer volver a un “pecador del error de su camino”, para salvar “de la muerte un alma” y para cubrir “multitud de pecados” (Santiago 5:20); o también sea para corregir a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él (2 Timoteo 2:25-26).
Y la importancia de atender este llamado es que vemos, los tiempos se están cumpliendo, que «aquel día se acerca». Es obvio que no es un día de veinticuatro horas sino al día escatológico, el día del Señor que trae tanto bendición como maldición, trae salvación como condenación, es vida para los Suyos y es muerte para los impíos, es el día del juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios (vr. 27), el día en que “el que ha de venir vendrá, y no tardará” (ver. 37) y su galardón con él (Apocalipsis 22:12).
Volviendo a nuestro pasaje de Hechos 11:26, ellos se congregaron con la iglesia, no las cuatro paredes sino la composición de todos los creyentes en Antioquia y en el caso de ellos, fue para tener comunión, devoción al Señor, pero consistió su obra en la instrucción pues leemos que «enseñaron a mucha gente». Fue tan eficaz la instrucción a los discípulos que dieron de qué hablar entre los inconversos pues se dieron cuenta de su testimonio y cambiaron la historia hasta ahora.
Continuará, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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