LOS GUARDAS
LOS GUARDAS
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA
Volvemos a abrir nuestras Sagradas Escrituras —otros la encienderán— siempre en el Salmo 141:3 en dónde David, en aras de su vida de integridad, está pidiendo un guarda en su boca y labios. Leamos la palabra de Dios, procuremos aprendernos el pasaje pero, sobre todo, oremos en base a ese texto. Dice David en su oración:
«Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios.»
Y si que el Señor ha puesto guardas, centinelas, gendarmes, directores y policías que vigilen el buen orden en nosotros mismos, y específicamente en nuestra boca, estos son, a saber, la Palabra de Dios y Dios mismo, tal como lo pidió el salmista.
Y esto es bueno, porque es duro ese guardián, es incorruptible, es insobornable, es Quien ha establecido las normas, es la Norma misma, es el estándar al que debemos aspirar; Él conoce todo de nosotros, y en cuanto a nuestras palabras, no solamente conoce las palabras que emitimos sino las intenciones con las que las emitimos y esto nos garantiza que será un juicio justo, que no nos dará más y ni menos de lo que merecemos. Hay otra verdad de este nuestro Centinela apostado en el muro de nuestros labios y es que nos ama, desea nuestro bien, desea nuestro progreso en Su conocimiento y gracia y desea nuestra bendición, y dice Jacobo que nos anhela celosamente (Santiago 4:5). Entonces, qué mejor que nos aliemos a Él y hacer lo que Él manda.
Veamos a estos gendarmes:
1. La Palabra de Dios.
En el Salmo 19:14 leemos: Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío. David nos presenta su anhelo, que es el anhelo de todo creyente, serle agradable al Señor y, entre otras cosas, están los dichos de su boca y la meditación de su corazón. Pero el texto no nos informa cómo serle agradables, pero el contexto si. Este salmo bien podríamos dividirlo así: en la primera parte, de los versículos 1 al 6 tenemos la revelación natural de Dios y, en la segunda parte, de los versículos del 7 al 14 se refiere a la revelación especial de Dios, es un tratado resumido del salmo 119 que habla sobre la Palabra de Dios. Ese es un buen policía para nuestra lengua y nuestro hablar. Pablo nos dice sobre la influencia de la palabra de Dios en nuestras conversaciones es elemental, según leemos en Efesios 5:19: hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, en otras palabras, hablando la palabra de Dios entre nosotros, vea el pasaje paralelo de Colosenses 3:16: La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Si sus palabras son puras es porque la Palabra de Dios ha penetrado en su mente y corazón.
Este juicio para el creyente debe ser de manera cotidiana especialmente cuando lee la Palabra de Dios y también en cada predicación; es decir, cada vez que se expone ante la Palabra de Dios, por eso a las Escrituras también se le llaman los juicios de Jehová (Salmo 19:9), porque son sentencias, dictámenes, mandamientos y resoluciones de parte del Señor para nuestras vidas y como debemos de vivirla y cada vez que es sometido a juicio tiene la oportunidad de rectificar.
2. Dios mismo.
No sé olvide que la petición de David incluye: Guarda la puerta de mis labios, es decir, pon tu un guarda y se tu ese gendarme que va a guardar, a vigilar y a ver qué entra y qué sale de mis labios. Dios lo hace como quien nos habrá de llamar a juicio. El Señor Jesús dijo: Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mateo 12:36-37). La palabra ociosa es la palabra sin fruto, Pablo habló de una necesidad que es suplida con nuestras palabras o agravada con las mismas, como está escrito: Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes (Efesios 4:29). Atienda cuando dice: la necesaria edificación y se llena esa necesidad con la palabra buena, y se destruye —es la aplicación práctica del pasaje— con la palabra corrompida y que no es buena.
El juicio a los inconversos en cuanto a todo su proceder que incluyen sus palabras, será el día del juicio y no tendrá oportunidad de rectificar.
3. Otro gendarme es el Espíritu Santo.
En Efesios 4:29 que nos habla de nuestras palabras que destruyen —las palabras corrompidas— o palabras que edifican —la palabra buena— porque toda palabra dicha tiene consecuencias, o alegran al Espíritu Santo o lo contristan, como está escrito: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (v.30). Qué necio es contristar con nuestras actitudes y también con nuestras palabras a Aquel que es nuestro compañero, Quien nos redarguye, reprende y exhorta porque contristado Él ¿Quién lo hará? ¿Quién nos convencerá de pecado de justicia y de juicio de ahí en adelante? Quedaríamos abandondos a nuestra dirección sola y, sin la dirección del Espíritu Santo, siempre será a bancarrota.
Todos ellos actúan de manera conjunta, El Espíritu Santo usa la palabra de Dios para señalar nuestro pecado (2 Corintios 3:18; Santiago 1:23); la palabra de Dios nos señala a quien puede limpiarnos de todo pecado (1 Juan 1:7); y nos redirecciona a Dios (Salmo 19:7-9); y es por eso que se presenta como que ella nos santifica (Efesios 5:26-27).
Puesto que hemos nacido de nuevo y tenemos esos guardas, no hay excusa para que nuestra palabra siga siendo corrompida y tenemos de todo para que sea buena para la necesaria edificación. Esas son sus opciones, no hay otra. Así es que, más vale que diga palabras dulces, no sea que se las tenga que tragar.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solis Girón.

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