LA LENGUA PRESUROSA

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LA LENGUA PRESUROSA
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA

     Proseguimos en nuestra temática y abrimos nuestras Escrituras, esta vez en Eclesiastés 5:2, en dónde leemos el juicio de Dios para nosotros:

«No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.»

     También podríamos pensar que es una lengua imprudente, que es aquella que habla antes de lo debido, aquel que habla sin tener toda la información, aunque muchas veces es el mismo orgullo que nos hace hablar, el afán de ser vistos y admirados en sus ofrecimientos. La apariencia y el orgullo ante nuestros congéneres, ese es un gran problema nuestro.

     Este pecado es cometido directamente contra Dios, los otros es contra Dios pero es afectando a un semejante o un hermano, pero este es un hablar ante Dios de manera apresurada e imprudente. Este pecado también es la evidencia del estado interno, del descuido que tenemos de nuestra alma y nuestro espíritu.

     Dice el texto: Cuando fueres a la casa de Dios, no cabe duda que se refiere al templo, anteriormente era el tabernáculo de reunión. Entonces es el lugar de su nombre, el lugar de reunión, en donde el pueblo busca a Dios para que les haga oír sus palabras con propósitos específicos, como está escrito: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos (Deuteronomio 4:10); también para el fortalecimiento de su fe, pues las Escrituras sirven para que nazca la fe, no cabe duda que lo es también para su crecimiento, firmeza y fortalecimiento (Romanos 10:17); y para el conocimiento de Dios (Juan 5:39). Entonces es el lugar de reunión, hoy es la Asamblea, no la Sala Evangélica o el local evangelístico o el templo bíblico, el edificio, sino la Asamblea congregada en el nombre del Señor Jesús. Entonces es ahí, en comunidad con otros creyentes y delante de Dios.

     Acércate más para oír. No es pecado el ofrecer sacrificios —ni en aquella época los descritos en la ley, ni en esta época los sacrificios espirituales—, pero debe oír primero, debe tener conocimiento, fe y temor,  porque por el oir es que vienen el conocimiento, la fe y el temor a Dios y, como resultado de estos, un sacrificio que agrade a Dios, uno que no sea de necios sino de sabios en Cristo Jesús (Cp.1 Corintios 1:30; 14:15). Ahí, si ahí, delante de Dios y de sus hermanos, guarda tu pie; este es un hebraisno que equivale a decir: mira dónde caminas, verifica bien tu comportamiento y proceder (Cp. Genesis 17:1; Salmo 119:101).

     El sacrificio de los necios, no cabe duda que estos sacrificios son hechos por desconocimiento y, por ende, con falta de fe y con soberbia o sin temor a Dios. Lo que pasa es que no oyeron y no guardaron su pie. No creo que hayan sido sacrificios idolátricos o los no descritos en las Escrituras, que sí sucedió tal apostasía, pero en esa época aún de sanidad o de algo de sanidad doctrinal y que aún no habían sido dejados por Dios a su necedad, no hubiesen sido sin castigo, digo, sin la intervención inmediata de Dios y del pueblo. El asunto es que pudieron ser sacrificios establecidos para la época y dispensación en que estaban pero iban sin fe, sin guardar su pie debido a no oír, sin temor y por lo tanto no eran agradables a Dios. Es decir, no tenían en cuenta a Dios, en cuya presencia estaban, ni sus palabras, por lo tanto, ni Su temor estaba en sus corazones. Como consecuencia entonces sus pensamientos estaban centrados en lo meramente terrenal, era una religión cuyo centro eran ellos mismos y el Eterno solamente era una excusa, un medio para lograr su satisfacción. Y debido a su religión vacía de Dios y llena de ellos mismos, sus palabras eran comúnmente con imprudencias y dichas precipitadamente y, por eso, necesitaban que sean muchas las palabras.

     Nosotros también podemos caer en ese estado de necedad, cuando asistimos a la congregación sin la plena conciencia de delante de Quién estamos, que Su temor no esté en nuestro corazón y esto debido al desconocimiento de sus palabras, cuando hablamos y pensamos de Sus asuntos de manera trivial, sin compromiso entero. Si, cuando nuestro culto es solamente externo, de mera forma, pero nuestro corazón está alejado de él (Mateo 15:8).

     Dice el Predicador que estos adoradores necios, adoradores en la carne y en mentira, no saben que hacen mal. O sea que es tal su ignorancia de la naturaleza de Dios y, por lo tanto, de cómo debe ser adorado que hasta eso ignoran, ignoran que hacen mal, según ellos están ofreciendo el mejor culto (Cp. Juan 4:20-24). Pecan debido a su ignorancia supina y, por lo tanto, Dios no acepta ni su culto ni si ofrenda entregadas irreflexivamente.

     El versículo 2 es la exhortación y básicamente es a evitar el palabrerío vano, considere lo que enseño el Señor Jesucristo en cuanto a la oración (Mateo 6:7). O sea que ante al Señor debemos dirigirnos con temor y temblor y con confianza, de hecho, esto evoca el nombre de su trono, que se llama, el Trono de la Gracia (Hebreos 4:16). Por ser de gracia nos acercamos con confianza y por se trono con tal respeto por su Presencia, porque no es ante un hombre que nos acercamos sino a Dios y, por lo tanto, debemos hacerlo como manda. Sean pocas tus palabras, dice, es que Dios sabe nuestras necesidades, conoce nuestras obras y las intenciones de nuestro corazón, también sabe nuestras sinceridad. Es que tenemos que tener el entendimiento y reconocimiento que Dios es más grande que nosotros.     
     Wilian Macdonald escribe en su comentario sobre este versículo:

«Al adorar se debe evitar la imprudencia en oraciones, promesas y confesiones de consagración a Dios. La presencia del Todopoderoso no es lugar donde hablar de manera precipitada o compulsiva. El hecho de que Dios es infinitamente alto por encima del hombre, igual que el cielo lo es sobre la tierra, tendría que enseñar al hombre a refrenar sus palabras cuando se acerca a Él.»

     Conocimiento de Dios, fe y temor es la clave para ofrecer sacrificios que le agradan y evitar las palabras imprudentes de ofrecimientos que no estamos dispuestos a cumplir y el Señor lo sabe, Él lo sabe todo, de tal manera que solamente nosotros nos engañamos. Con razón el Predicador sigue su exhortación: Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? (Eclesiastés 5:4-6).

O sea que es cierto lo que le he dicho anteriormente, y se lo repito: «mas vale que diga palabras dulces, no sea que se las tenga que tragar.»

     ¿Caminamos caminante?
     Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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