LA LENGUA JACTANCIOSA
LA LENGUA JACTANCIOSA
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA
Le invito a que abramos nuestras Sagradas Escrituras, esta vez en Salmos 12:3, para entender nuestros propios errores y ser librados de los que nos son ocultos, y así orar conforme a la afirmación de Salmo 19:12. Leamos la Palabra de Dios:
«Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, y la lengua que habla jactanciosamente»
En solo este pasaje vemos a dos pecados el de la persona con labios lisonjeros y la lengua que habla jactanciosamente. Este salmo nos habla de una época de impiedad, de gran perversidad y de un avivamiento de la anomía, en donde los piadosos se esconden, no están, no aparecen, como leemos en el versículo 1: Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres; pero no es que han desaparecido de la faz sino que se les ha ninguneado, se les ha relegado a un templo, un espacio limitado, tienen restricción para opinar en la vida pública y política de la ciudad. Sus palabras ya no se les hace caso aunque hablen en el Nombre del Señor o hablen sus palabras (v.6). Dios quiera que en esta nuestra época no sea porque ya no tenemos solvencia moral los piadosos para hablar por nuestro mal testimonio.
El asunto es que ocultados los piadosos saltan los impíos, cuando callan los piadosos es cuando los impíos hablan (v.8) y solamente hablan mentira, con lisonja y doblez de corazón, es decir, su estilo de vida solamente es de estarse engañando entre ellos mismos y pervirtiendose cada vez más, la corrupción es tal que solamente buscan prevalecer sobre las masas —¿le suena la creación de tantos lobbys hoy en día?— (v.4); y otros —normalmente los que están detrás apoyando esos lobbys y que procurar mantener su opresión a los pobres y seguir con el poder y la riqueza (v.5).
Pero el Señor preservara a los justos (v.7), de manera literal en los juicios escatológicos y el juicio final, pero hoy en día de la influencia abomiosa del mundo actual y su corriente conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia (Efeisos 2:2), y la mejor seguridad es recurriendo a Sus palabras que son limpias y está purificadas siete veces (v.6), solamente necesitamos, en medio de este bombardeo de falsas doctrinas y prácticas impias, llegarnos a Ella. Y el Señor destruirá a estos impíos al final de los tiempos (v.3).
Por un lado vemos, el pecado de la lisonja. La palabra hebrea chelqah para lisonjero literalmente es suave, blando, halagueño. De aquí que se defina como una alabanza desmedida, exagerada, interesada, que se hace sea alabanza mintiendo, o alabanza sobevalorada, o rebajándose, con una actitud servilista o dejando pasar los errores, para conseguir algun beneficio personal.
Y, también tenemos, los labios jactansiosos. Es decir, grandes cosas o cosas infladas, y que se nos explican en el versiculo 4, que ya fue objeto de nuestra meditación, pero quiero exhortarle en otro sentido.
El asunto importante aquí es que hacen uso de la lengua, de su habla para lograr sus malos propósitos. Son palabras malas, maldicientes porque son expresadas por gente mala —impía— con voluntad mala para lograr sus intenciones malas. Se arman de mentiras y engaño. Estos usan sus labios para la violencia y note que tienen una habilidad de persuasión. Ahora bien, si todo lo que tenemos, Dios nos lo dio, la habilidad de persuadir también viene de Dios, pero estos lo usan para lograr sus viles propósitos. Hay otro don, si Dios dio boca al hombre que, entre otras cosas, le sirve para hablar, también hizo al mudo y al sordo y los privó del don del habla y del don de oír, respectivamente, pero estos emplean ese don que Dios les dió para sus propósitos viles. O sea, doble responsabilidad.
Nuestra lengua, más bien, debería de ser bien utilizada, para la gloria de Dios y para dar edificación a nuestros semejantes, que son los únicos dos propósitos para el ejercicio de todo don, y no para destruir con ella a los demás, ni para promocionarnos a nosotros mismos, ni para sacar provecho personal, sino para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes (Efesios 4:29).
Deberíamos reconocer que estas dos capacidades, el don de persuasión y del habla, vienen de Dios y por lo tanto su uso debe ser visto como una de nuestras mayores oportunidades y como una de nuestras mayores responsabilidades. Es oportunidad para servirle a Él sirviendo a los santos y sierviendoles aún y a nuestros semejantes; y responsabilidad porque daremos cuenta de ella.
¿Le repito lo dicho anteriormente? Con mucho gusto: mas vale que diga palabras dulces, no sea que se las tenga que tragar que, de hecho, así será, como está escrito: Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio (Mateo 12:26).
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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