LA COMPLACENCIA DEL SEÑOR
LA COMPLACENCIA DEL SEÑOR
En las Sagradas Escrituras leemos de una promesa que el Señor le hace a David su siervo, según leemos en Salmos 108:7:
Dios ha dicho en su santuario: Yo me alegraré
El gozo del Señor es una frase que hemos usado mal, bajo el pasaje de Nehemías 8:10 en donde leemos del gozo del Señor que es nuestra fuerza, la repetimos apresuradamente pero casi siempre lo que resaltamos es nuestra complacencia, nuestra satisfacción, aquellas cosas que nos causan gozo a nosotros, que no necesariamente son cosas malas o pecados, como sus bendiciones espirituales, incluyendo la salvación o beneficios materiales; que esta bien gozarnos en ello y debemos hacerlos, pero en ese caso sería el gozo nuestro en el Señor. El gozo del Señor sería lo que le produce gozo al Señor en nosotros.
La palabra hebrea para alegrarse nos da la idea de saltar de gozo, exultar. Para exultar entendemos por mostrar alegría y tener alegría excesiva. Entonces el ofrecimiento de alegrarse nos denota:
- Tanto la alegría excesiva;
- Como el mostrar esa alegría, evidenciarla o hacer muestras de esa alegría, de tal manera que los demás se enteren que tenemos una satisfacción grande.
En nuestro texto es el Señor quien manifiesta su alegría desde su santuario. No es poca cosa esto. Cuándo el Señor nos manifieste su gozo debemos de gozarnos porque no cualquier cosa impresiona el Señor, él no se deja llevar por la finta, diríamos nosotros, al Señor no cualquier cosa le hace gracia; y cuando el Señor manifieste qué es lo activa su ira, es de temer y cambiar inmediatamente, porque tampoco bromea con esas cosas. No está demás decir que el Señor aborrece el pecado y lo juzgará en donde lo encuentre y en quien lo encuentre y no tendrá consideración en quien lo tenga, es en eso en que se alegra y se regocija, es decir, en manifestar su justicia en contra del pecado (Habacuc 1:13-15); y también leemos que ama la justicia o la obediencia (Salmo 45:7; Hebreos 1:9) y esto le produce un alto gozo.
Es desde su santuario, de su morada, su lugar santísimo dictamina el Señor gozarse en su criatura y con sus criaturas, como está escrito: Sea la gloria de Jehová para siempre; alégrese Jehová en sus obras (Salmo 104:31). Para David y sus contemporáneos fue el Lugar Santísimo en el Tabernáculo de reunión; para Salomón y sus contemporáneos fue el Lugar Santísimo del templo y para los creyente del nuevo Testamento no cabe duda que es desde el Lugar Santísimo celestial, como está escrito: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. (Hebreos 10:19-25). Y esto aunque el culto se célebre aquí o nos conduzcamos aquí, pero tiene resonancia en el trono de la gracia de Dios, Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16).
¿Ya visitó el trono de la gracia de Dios hoy? ¿Ya alegró, por tanto, el corazón de Dios?
Otra pregunta, ¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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