DOS PROPÓSITOS, ENTRE OTROS
DOS PROPÓSITOS, ENTRE OTROS
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA
Abrimos nuestras Sagradas Escrituras, y volvemos a hacerlo en Salmos 19:14 en dónde leemos la Palabra de Dios:
«Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.»
La adoración tiene dos vías, una vertical y otra horizontal que sería el efecto colateral de la ocupación vertical; así como la cruz de Cristo, al imaginarnos la cruz vemos un madero que nos obliga a ver hacia arriba y vemos otro que va cruzado y apunta hacia los lados que, precisamente y valga la redundancia, nos obligaría ver hacia los lados. La adoración, y entre ella nuestras acciones y palabras, tiene esas dos vías también; por un lado, va dirigida hacia Dios, el aspecto vertical; pero sin olvidarnos, por el otro lado, de nuestros semejantes, el aspecto horizontal.
Nuestras palabras son parte importante en la adoración, no solamente en nuestros canticos, también en nuestras conversaciones y manifestación de nuestra actitud, San Pablo en Efesios 5:19-20 identifica estos tres aspectos, nuestro hablar entre los demás, las conversaciones, diríamos también —hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales—; incluye el cántico congregacional e individual —cantando y alabando al Señor en vuestros corazones—; también la actitud de agradecimiento en toda situación, ya sea en todo (1 Tesalonisenses 5:18) y por todo, —dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo—.
Según nuestro texto del Salmo 19:14 vemos que los dichos de nuestra boca y la meditación de nuestro corazón deben ser agradables ante Dios. Antes de pretender, aspirar y esforzarnos por hacer grandes cosas para el Señor, debemos pretender, aspirar y esforzarnos en serle agradables. Ese es el todo del ser humano, ese debe ser el todo del creyente, esa debe ser la principal motivación en todo lo que haga, y sus palabras y meditaciones, cosa que nadie lo ve pero Dios si lo sabe, no debe escapar de este propósito.
Pero también vemos otro propósito de nuentras palabras, el efecto colateral de nuestra adoración, es la adoración práctica, la que nos obliga a ver hacia los lados, hacia nuestros sejantes. Así como Cristo obliga a ver hacia arriba, pero también lo vemos con los brazos abiertos, llamando a la gente hacia sí, con los deseos de proporcionar amor.
Así nadie debe escapar de nuestras buenas obras, de nuestras muestras de amor, de nuestro buen deseo de edificar a los demás, nuestras obras de amor y entra ellas, nuestras palabras. De Pablo leemos la siguiente amonestación, en este respecto: Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes (Efesios 4:29).
La edificación es necesaria. La destrucción es más fácil, no se requiere de mucho esfuerzo, para destruir hay muchos aliados, Satanás, el pecado, el mundo y, el más ruin, nuestra carne, sin olvidar las falsas doctrinas y los falsos maestros; todos ellos están dispuestos y confabulan muy armónicamente entre si para destruir, para hundir, para matar, hurtar y destruir, basta nada más que tenga palabras corrompidas, perversas, maldicientes, palabras con desproposito alguno, palabras que destruyen y no animan; pero son pocos los que están dispuestos a edificar, solo los creyentes lo hacen, solo los espirituales restauran y nosotros debemos enlistarnos para ello, ponernos enfrente de esa batalla entre la carne y el Espíritu, debemos dar batalla a la apatía, a la decepción, a la inseguridad y empiezan con nuestras palabras. Ante esto tenemos una buena arma que es la Palabra de Dios.
Es que esto mismo, la edificación, necesitamos nosotros también de los demás, porque es un hecho que recibiremos el trato que damos, como está escrito: Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas (Mateo 7:12). O sea que sí tengo razón con lo he que dicho anteriormente y se lo repito ahora: mas vale que diga palabras dulces, no sea que se las tenga que tragar.
¿Caminamos caminante? Y también, ¿Hablamos palabra buena, hablante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solis Girón.

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