CUÍDATE, MIRA SI TU LUZ ES LUZ

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CUÍDATE, MIRA SI TU LUZ ES LUZ
Continuación de nuestra serie: ¡CUÍDATE!

     Nos ubicamos para nuestra meditación de hoy en el santo Evangelio según San Lucas, en 11:35. Volveremos a examinarnos introspectivamente a ver qué hay en nosotros. Leamos las Sagradas Escrituras:

«Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas.»

     Establezcamos de una vez que o hay tinieblas o hay luz, tenemos la verdad bíblica de que la luz no mora en las tinieblas y viceversa, que cuando llega la luz se deja de estár en tinieblas (Cp. Juan 12:46; Lucas 11:36). Pero estos, reconoce el Señor, que tienen luz pero deben cuidar que esa luz no sean tinieblas. Esta luz que estos tenían es una iluminación, un grado de conocimiento y sabiduría y, debido a ello, se consideraban superiores. Por eso se hacían llamar rabi o maestros, dirigían a otros hacía Dios o eso creían las gentes de ellos.

     Analicemos a estos que están oyendo al Señor. Eran sabios y contados como tales entre los hombres, pero a la mínima oportunidad atacan y rechazan al Señor, la Luz verdadera que vino al mundo para deshacer las obras de las tinieblas. Estos mismos «sabios» le dijeron que por Beelzebú echaba a los demonios (vrs. 14-15); Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo (v.16); y todos estos tenían una regeneración religiosa (vrs. 24-26), era simplemente un paliativo religioso nada más, una solución temporal, estaban ordenados temporal y exteriormente, porque ese demonio dice: volveré a mi casa o sea que sigue siendo su casa, el verdadero discípulo de Cristo es llamado templo de Dios y templo del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16-17, 19), y también miembros de Cristo (1 Corintios 6:15); y también cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27). Al seguir buscando a más personas, encontramos a los verdaderos bienaventurados, son los mismos a los que Pablo se refirió como casa de Dios. No es María simplemente por ser ella —no dudamos de la bienavebturanza que tuvo por el alto privilegio que se le concedió de ser la madre humana del Señor Jesús, no de Dios sino de la humanidad del Señor—, pero María es bienaventurada por su relación con Cristo al reconocer a su Salvador y regocijarse en él (Lucas 1:47); ni son los marianos, Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan (Lucas 11:28).

     Pero no es un simple oír como poner atención a un mensaje, es oir inteligentemente, oír con la disposición de obedecer, oír creyendo, creyendo que el Señor Jesucristo es el Cristo de Dios, el Señor; es oír confesándole como Señor y es obedeciéndole en todo, que no es más que alumbrar con la Luz que él da y que él Es (Lucas 11:33), es dar un testimonio de la Luz que en el hay y esto en sus relaciones comerciales —el almud—, en la iglesia —candelero—, en sus relaciones conyugales de fidelidad y también de diligencia en su trabajo —cama—. Pero para dar luz o testimonio en su vida debe ver el conocimiento que tiene y que modela su ser interior —el ojo que es la lámpara del cuerpo—.

     El apóstol Pablo dijo: Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? (2 Corintios 13:5). ¿Cayó en algun pecado y no se ha levantado? ¿O peca a escondidas, aunque esté en el ministerio, y no sé entristece por su pecado? Piense bien si si es salvó o no, y si no lo es, tiene tiempo aún de salvación. A cambio de que le mantenga una salvación que no tiene solo porque repitió una oración, levantó la mano o pasó al frente en unas conferencias evangélicas y le diga que no pierde su salvación y no importa como viva aquí y se entere en el juicio final de que siempre no la tenía y no hay mas oportunidad para usted.

     Al contrario, ¿Desea agradar a su Señor, busca hacerlo, no lo consigue y no pocas veces, pero sabe que el Señor le ha perdonado, tiene el testimonio del Espíritu Santo quien le redarguye constantemente de pecado, pero también de justicia y de juicio? Siga adelante, busque agradar a su Señor, no para lograr su salvación, porque esta la obtiene en Cristo Jesús y siga caminando. Busque crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 3:18).

     ¿Caminamos caminante?
     Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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