Y SE ACORDÓ DIOS.
Y SE ACORDÓ DIOS.
En Malaquías 3:16 leemos:
«Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre.»
Qué bendición que alguien lo tenga a uno en mente. Sabemos lo que significa eso porque a más de alguna persona hemos tenido en mente. Sea con amor o con aborrecimiento pero lo hemos hecho y siempre media un sentimiento hacia la persona en quien hemos puesto la mente. En este nuestro texto, que reconozco no va a ser objeto de nuestra meditación sino más adelante, el Señor mandó a escribir un libro cuyo nombre hace referencia a un recordatorio. Literalmente es tener presente en la memoria a alguien o algo por algo y para algo, para hacer algo honroso con esa persona.
En las Sagradas Escrituras vemos que la palabra acordarse, no solamente es una acordarse de manera romántica, porque se le vino a la mente y simplemente siguió con sus actividades, sino que implica el tomar una acción o una decisión en favor o respecto de la persona a quien tenemos en mente, por ejemplo:
• Éxodo 20:8. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Significa que no bastaba con que el judío trajera a la mente qué día era sino que se tenía que preparar antes que llegase ese día, debía saber qué tenía que hacer y qué no debía hacer durante ese día, etcétera. Implicaba tomar una decisión tocante al día de reposo.
• Deuteronomio 9:27. Aquí vemos a Moisés cuando intercedió por el pueblo y le dice al Señor: Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac, y Jacob; no mires a la dureza de este pueblo, ni a su impiedad, ni a su pecado, lo que Moisés esperaba era que el Señor se acordara de Abraham, Isaac y Jacob y la decisión que esperaba de Dios era que no mirara a la dureza del pueblo; y, otro ejemplo,
• Eclesiastés 12:1. Y acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento. Es decir, las criaturas de Dios deben tomar una decisión respecto a su creador en los días de su juventud.
Ahora bien, hay personas de quienes leemos que Dios los trajo a la mente, personas específicas, reales, con nombres y apellidos, personas sujetos a pasiones semejantes a las nuestras – como dijo Jacobo de Elías- pero que oraron (Santiago 5:17); al decir, con pasiones significa con debilidades como nosotros. Al volver a nuestro orden de ideas, el hecho de que Dios se haya acordado de ellos debe ser por algo y significa que Dios hizo algo por ellos. Entonces averigüemos eso, porque así como a ellos el Señor puede tenernos en la memoria y tomar una decisión respecto de nosotros.
La palabra para se acordó Dios, se repite cuatro veces y es la palabra hebrea zakar, que puede ser ‘marcar como para que sea reconocido’, también recordar o traer a la memoria. Tales personas son, a saber:
• Noe.
• Abraham.
• Raquel; y,
• Ana.
Si pensamos en sus imperfecciones no sería una permisividad para nosotros hacer sus mismas imperfecciones, sino para resaltar que precisamente era como nosotros, con fe pero imperfectos. Noé se emborrachó y prefirió a su hijo antes que a su esposa y maldijo a la descendencia de su hijo. Abraham fue impaciente no obstante su fe, negó a su esposa en algunas ocasiones con tal de que no lo matasen, el caso de Agar y Cetura, hoy en día aún lo sufren la descendencia de Isaac; es decir, sufrieron las consecuencias de sus desobediencia, como usted y yo sufriremos las consecuencias de nuestras desobediencias al desobedecer. De Raquel también vemos que fue impaciente y le reclamó a Jacob por hijo. La que, tal vez la única de estos cuatro, que no podríamos citar algún pecado de ella es Ana, pero de seguro era mujer imperfecta.
Insisto, no es para dar rienda suelta a sus imperfecciones sino para recordarnos que eran imperfectos igual a nosotros, pero crecían en fe a tal punto de llegaron a figurar en el salón de la fama de la Biblia, Hebreos 11, como los que por la fe alcanzaron buen testimonio (Hebreos 11:1-2). Quiere decir que estaban creciendo, eran peregrinos, eran caminantes, y lograron buen testimonio a pesar de sus imperfecciones, y ahora solo esperan la resurrección y las bendiciones que con ello sigue, pues leemos: Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra (Hebreos 11:13). Como nosotros también.
¿Verdad que vale la pena seguir creciendo en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo? No hay excusa para el peregrino, es un deber crecer y la única vía.
¿Caminamos caminantes?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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