ENSEÑANDO EN LA ASAMBLEA: MINISTRANDO AL SEÑOR
ENSEÑANDO EN LA ASAMBLEA: MINISTRANDO AL SEÑOR
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendito sea el Señor por sus ricas y abundantes bendiciones en Cristo. A mis queridos caminantes que vamos hacia la patria Celestial, los escogidos de Dios, santos y amados; verdaderos creyentes que están dispuestos a vestirse de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Les invito a que sigamos considerando la vida de nuestro hermano José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre.
Debido a que es fácil desviarnos, como pertenecientes a la raza caída de Adán, redimidos, pero aún no glorificados, y entonces nos quedemos admirando al hombre y aun adorarlo, aunque disfracemos los términos, aclaro, en realidad lo que vemos es lo que la obra salvífica de Dios ha hecho en la vida de nuestro hermano, es Su gracia, Su regeneración, es Su salvación, es Su obra, de manera que es a Él a Quien alabamos y adoramos.
Sin más preámbulo, adentremos a considerar la Palabra de Dios, avancemos en nuestras meditaciones a Hechos 13:2 para leer las santas palabras de Dios:
Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.
Leemos en el texto: Ministrando estos al Señor. No cabe duda de que Lucas estaba también ahí en la iglesia que estaba en Antioquía, esto se deduce del uso del término «estos», ya que es un adjetivo que se usa para indicar a algo o a alguien que está cerca de quien habla. Aunque puede ser cercanía física o en propósitos, en el caso de Lucas, pueden ser ambos.
Estos «estos» son una referencia al claustro magisterial de la iglesia que estaba en Antioquía, a saber, los profetas y maestros, Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Entonces estos estaban «ministrando».
La idea que nos da esta palabra «ministrando» es de que estaban haciendo una acción continúa, es lo que se denomina un presente continúo, de una actividad que venían haciendo de manera ininterrumpida y era verdad al tiempo que Lucas lo describe y es ministrar al Señor.
Si, a Quien ministraban era al Señor. Es decir, servían al Señor adorándolo y, como parte de su servicio presentaban al Señor al pueblo y a este al Señor, es decir, presentaban a Cristo, y a este crucificado (2 Corintios 2:2) y por medio de Él, los hombres se vuelven a Dios. La palabra ministrar literalmente es ver la necesidad en alguien y atenderla, por eso es interesante entender qué es lo que estamos diciendo, porque Dios es autosuficiente y no necesita nada. Entonces con relación a ministrar a Dios tiene la connotación de admirarlo, adorarlo, alabare, contemplar su hermosura y santidad y temerle; y, con relación a ministrar al Señor al pueblo connota la idea de atender sus necesidades como lo haría Cristo, especialmente su necesidad del perdón y comunión con Dios.
Ministrando, en griego leitourgéo, que es “ministrar”, “servir”, «ser un servidor público», «celebrar funciones religiosas y caritativa», también es adoración, obedecer y aliviar. Esta palabra era usada para describir a un funcionario del Estado que, de manera ad honorem, prestaba sus servicios para su gente y para el honor de su ciudad-Estado, no cobrando por los mismos sino, más bien, hasta poniendo de sus propios recursos con tal de servir. En Romanos 13:6 el apóstol Pablo dice que los magistrados son leitourgos o servidores de Dios; también era usada para referirse al ministerio de los sacerdotes y levitas en el santuario (Hebreos 10:11; Cp. Números 18:2). De manera que es adorar a Dios y servir a la gente o, como Pablo definió su ministerio, para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo (Romanos 15:16).
Cuando dice «al Señor», se refiere a que el ministerio de los profetas y maestros de Antioquía y el nuestro —la obra de oración, adoración, exhortación, enseñanza y de predicación del evangelio—, estaba dedicado al Señor y que Él la recompensará (compárese Romanos 14:18; Colosenses 3:24), o como dice en 1 Corintios 15:58: Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. O sea que cuando ministre debe saber qué es lo que está haciendo y para quien lo está haciendo.
Continuará, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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