RECONOCIENDO CON HUMILDAD LOS DONES DE OTROS, PARTE 2
RECONOCIENDO CON HUMILDAD LOS DONES DE OTROS, PARTE 2
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor, queridos caminantes, sean bienvenido a este espacio de meditación de la palabra de Dios, continuemos considerando la vida de «El hijo de consolación», el hermano José, cuyo apodo es Bernabé. Volvamos a Hechos 11:25, en donde volvemos a leer:
“Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía.”
Ya consideramos las dos actitudes de Bernabé al ver la gracia de Dios, a saber, 1) se regocijó; y, 2) exhortó y esto de manera continua, es que así como es de recia la batalla, así debe ser la motivación a seguir firme a pesar de ella. La razón por la que le fue fácil a Bernabé cumplir su ministerio entre los hermanos recién convertidos fue porque 1) tenía el don, ya sea que era profeta o maestro, o ambos (Hechos 13:1 ¡y él figura de primero en la lista!); y, 2) porque tenía una relación sana con su Señor y Dios; todo esto, sin perjuicio de su salvación o, mas bien, estas cosas son evidencia de su salvación.
En cuanto a su relación personal con Dios, el doctor Lucas nos dice en 11:24 Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Ya señalamos que son tres las virtudes cristianas qué se observaban en él, a saber, 1. Era varón bueno; 2) era varón lleno del Espíritu Santo; y, 3) era varón de fe. Dice que es «bueno», es decir, recto, correcto, justo. Esto es así por su relación con Dios, una persona que está justificada por medio de la fe en Cristo debe evidenciar su justificación por la fe; es de ir, no vemos su relación con Dios porque es «en lo secreto», lo que vemos son las evidencias de su relación con Dios, porque es «la recompensa en público» y estas son por sus obras, como está escrito, Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras (Santiago 2:18). Pero estos de carácter bueno, no hacen más que emular el carácter de su Dios y Padre. Con razón era generoso, tenía misericordia por los necesitados y no solamente suspiraba por los necesitados sino que actuaba en favor de ellos (Hechos 4:36-37), porque su Padre es igual de generoso y misericordioso y accionó por los míseros pecadores, incluyendo a José. Con razón expelía gracia entre sus hermanos buscando la reconciliación y aceptación de los unos para con los otros (9:26-27). Le fue fácil también preocuparse por los nuevos convertidos (11:22), estaba comprometido con el reino, así como su Señor y Dios lo está con su reino de tal manera de decir que las puertas del Hades no prevalecerán contra ella, porque está fundada sobre la verdad exclamada por Pedro, el Cristo, el Hijo del Dios Viviente (Mateo 16:18). También por eso le era fácil motivar y alentar (v. 23). Entre otras acciones que veremos más adelante en nuestro estudio.
Ahora bien, en cuanto al «hijo de consolación», que Lucas expresara tal opinión de él de ser «varón bueno», significaba un gran elogio; indudablemente expresaba la opinión personal del escritor Lucas respecto a él, no se crea que en cada viaje se iba escribiendo el libro, claro está que, probablemente, Lucas llevaba un registro, un diario, dirían algunos, pero la Escritura final del Libro y lo que se habría de escribir al final era tarea de la soberana voluntad del Espíritu Santo, digo esto, porque, es posible que usara esta alabanza en su narración porque poco después dejaría registro de la contienda qué se dio entre ellos a tal punto de que separó a Bernabé de Saulo de Tarso (Hechos 15:39). Me pongo por un momento en el lugar de Lucas, indudablemente amaba a los dos, se nota el afecto a Bernabé y a Pablo y ver a sus dos amigos distanciados por un desacuerdo, debió dolerle. Pero veo también que Lucas era muy objetivo en su relato, no estaría favoreciendo a una persona en particular, sino señalar «los Hechos del Espíritu Santo» en la vida de la iglesia del primer siglo.
Entonces sí, Bernabé era varón bueno. Además, lleno del Espíritu Santo y de fe, era un varón de ímpetu y de confianza plena en su Dios, pero dependiente siempre de la asistencia y dirección de su Dios.
Ahora sí entramos a nuestro texto… «Después», relata Lucas al inicio de nuestro versículo. No sabemos cuánto tiempo después, pero no fue al otro día de llegar ahí. Bernabé trabajo duro con ellos, la palabra que usa Lucas para decir que exhortaba nos denota un presente continuo, de tal manera que no fue un solo mensaje, un solo día, sino un tiempo prolongado. Así como se congregaron ahí todo un año (v. 26), no es descabellado pensar que un tiempo similar estuvo ahí Bernabé con ellos.
Es que, hermanos, en la obra del Señor se requiere de fe, pero es necesario añadir a esta otros elementos, virtudes cristianas que requieren un esfuerzo de nuestra parte, como enseña el apóstol Pedro, lo cito: vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor (2 Pedro 2:5-7). La fe es la base de todo, la fe en Cristo para salvación, la fe como doctrina, la fe para saber que el Señor proveerá para todo porque es Su obra, pero a esa fe debemos añadir, entre otras cosas, paciencia. No se levanta una obra de la noche a la mañana. Ancianos o pastores que hoy sirven en una asamblea grande, deben entender y ser humildes en reconocer que hubieron otros que años atrás se partieron el alma por los frutos que se ven hoy y tener la alta responsabilidad de no destruir esa obra con su mala administración (no me refiero a la obra de Cristo en cada creyente, eso es indestructible), muchas obras se han cerrado su testimonio porque ancianos no se controlaron en sus emociones y empezaron a pelear entre ellos, se volvieron flojos, hacían la obra indolentemente, u otro, esos creyentes están perseverando en otro lugar y los pocos que quedaron lo hicieron sin evidenciar mayor crecimiento, hasta que, por fin, se cerró ese testimonio ahí ¿y el esfuerzo que los antiguos hicieron?; pero también los que están empezando desde cero alguna obra, deben hacerlo con valor sabiendo que a su tiempo el Señor prosperará Su palabra, pues de Él es la obra, como está escrito en el libro del profeta Isaías Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié; entiendo que ahora le toca sembrar, llorar, pero después habrá de germinar la semilla sembrada, aunque regada con lágrimas, como también está escrito: Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; más volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas (Salmo 126:5-6).
Así es que, adelante caminante, con la vista adelante, viendo a nuestro eterno Triunfante, que Él también sembró con lágrimas, Él fue llamado «el menospreciado de alma, el abominado de las naciones, el siervo de los tiranos» (Isaías 49:7), pero que con gozo menospreció el oprobio, por el gozo qué tenía puesto delante de él (Hebreos 12:2), hoy está satisfecho y se gozará al vernos en su presencia cuando nos lleve a morar con Él, se gozará con nosotros y por nosotros, pues está escrito: Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos (Isaías 53:11). ¡Él es su mejor modelo queridos sembradores!
Quiero finalizar la entrega de hoy con la letra del precioso himno de Gerhard Tersteegen, que lo explica mejor que yo, por mis limitaciones:
EN TRISTEZA Y TEMPESTADES
En tristeza y tempestades una luz se ve, Es de Cristo la promesa, “pronto volveré”. En la luz, la paz, la gloria del celeste hogar, El me espera y apareja para mí lugar.
Largo tiempo me ha guiado en el mundo aquí, Mas ya veo la morada lista para mí; y Él en medio de la gloria no se olvidará de mi nombre, pues grabado en su mano está.
_Ni la música del cielo es tan dulce son como las pisadas mías a su corazón; ni la gloria de los cielos se completará mientras que su amada esposa
aun ausente está._
_¿Quién es este que a encontrarme viene en grande amor, cual estrella de mañana,
de la luz albor? Es Aquel que en cruz cuenta padeció una vez, Aun en gloria le conozco, pues El mismo es._
¡Cuán bendito es el encuentro el desierto atrás, y el estar en la presencia sin salir jamás. El, en toda su hermosura, yo, por su favor, compartiendo de su Padre plenitud de amor.
Do el pecado no penetra, con El estaré, y en la santidad perfecta, con Él andaré, gecha compañera idónea para el Salvador, y por siempre mostrarse su inmenso amor.
_El, que tuvo la tristeza de la cruz atroz, yo, que en el desierto oscuro fui de Cristo en pos, el placer común tendremos en la gloria allí, yo al estar en su presencia, y Él al verme a mí._
No cabe duda que, mi Amante Salvador, al llegar a su presencia, me verá sonriente y reconoceré que fue la misma sonrisa de satisfacción que tuvo cuando me salvó; me dirá «bien buen siervo y fiel», y reconoceré que fue por su gracia y su favor que estoy ahí; y seguirá diciéndome «entra al gozo de tu Señor», pero entenderé que ese gozo es por su aflicción; que fue su vida por mi vida; fue en él hacerse pecado, pero para mí justificación; fue hacerse maldición para mi bendición; fue su aflicción por mi salvación; que yo he ascendido a Él, pero fue necesario que él descendiese a buscarme para salvarme; que yo estoy completo en él, pero porque él se vació por mí; que yo tengo una morada en la casa del Padre, pero porque él tabernaculizó entre nosotros y se hizo pobre; que él murió para que yo tenga vida, y vida en abundancia. Y no deseo más que tomar la corona recién recibida y ponerla a sus pies y decirle, estando a sus pues «Valió la pena, mi Señor, valió la pena tu sacrificio, gracias, muchas gracias, por haber sembrado con paciencia y con lágrimas, heme aquí uno de los trofeos de tu gracia, heme aquí, haz conmigo lo que bien te parezca, pues tu eres Dios», y me levantaré e incorporaré al inmenso coro que recién hemos conformado todos los demás redimidos y no parará su gozo y no parará nuestro gozo. Es que sí, sí es cierto, «el placer común tendremos en la gloria allí, yo al estar en su presencia y él al verme ahí»
Continuará, Dios mediante.
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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