LA SOLUCION – QUE EL SEÑOR TENGA EL CONTROL
EL TEMOR POR LA DUDA: LA SOLUCION, QUE EL SEÑOR TENGA EL CONTROL
Continuación de nuestra serie: HOMBRES DE POCA FE
Le invito a que abramos nuestras Escrituras Sagradas, en Mateo 14:32, para recibir de Dios sus palabras y ser exhortados, amonestados y consolados, leemos en el Nombre del Señor Jesús:
«Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.»
Pedro llegó agotado, mojado, era una mixtura su rostro, iba con su cara aún de asustado pero con satisfacción de haber sido salvado, su respiración aun agitada que empezaba a calmarse, iba luchando por respirar profundo y así poder calmarse, pero iba con una actitud humilde, sostenido probablemente muy fuerte de la mano del Señor, no obstante que el Señor lo tomó de la mano a él porque, dice el evangelista, «Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?»; asió de él y esa era la seguridad de Pedro, que era el Señor quien tenía a Pedro, era el Señor quien lo hagarró de la mano; pero, si Pedro es igual que yo, yo me hagarro fuerte y no me suelto. Entonces Pedro volvió a sus compañeros en la barca, puedo imaginarme, aferrado de la mano de Jesús, iba callado, sumiso, sin decir palabra alguna. Ya no iba contando su hazaña, sino de Quién le salvó. La historia y los relatos posteriores no se basaron en cuando tuvo el coraje de pedir ir a Él y dar el primer y el segundo y cuántos más pasos dió, antes de quitar la mirada del Señor y hundirse, sino que giraban en torno al Señor. Terminaron de llegar, nadie se atrevió ni a reclamar y ni a elogiar a Pedro y Pedro no hizo nada por hacerlo. A partir de ahí, no se si se dieron cuenta los discípulos que seguían las tormentas, pero tampoco era la atención en las tormentas, que seguían ahi y seguían atemorizando, pero el Señor era el centro de todo.
Se calmó el viento, dice. O ”Amainó el viento” (Biblia de Jerusalen), o sea que perdió fuerza e intensidad ese fenómeno atmosférico intenso que se les había levantado. No sé si ocurrió igual como en Mateo 8:26 en dónde leemos que «El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza», pero sí hizo algo para calmar la tempestad.
Cuando Pedro quitó la mirada del Salvador fue que se acrescento el caos, cuando Pedro clamó y el Señor asió de él, fue que Pedro estuvo seguro, aunque seguian los vientos contrarios, y solo cuando estuvo Pedro nuevamente en la barca y el Señor recién abordáse a la misma, es que se calmó el mar. No fue antes.
Al ver el portento, desde que el Señor caminó sobre el mar, tambien desde autorizar que Pedro camine sobre las aguas, incluso salvándolo y que el viento se calmó, curiosamente [«qué casualidad», diríamos nosotros] que justo abordaran la barca, entonces los compañeros de Pedro, «los que estaban en la barca», tomaron una actitud de rendición, reconocimiento y adoración al Señor, según leemos: «Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios»; no dudo que, al asimilar todo, Pedro se les unió. Entonces, la tormenta había logrado su propósito, no solo fueron salvados de la corriente de pensamiento del populacho, de los que quieren las bendiciones sin pasar por la cruz y la manifestación de su poder y gloria, entonces, los pensamientos de impaciencia y de resentimiento contra Jesús, que pudieron albergar al insistirles que subiesen a la barca (v.22) , fueron eliminados por completo, todo cambió; la tormenta, en calma, los sentimientos de temor, por adoración; los gritos de pánico, por la confesión «Verdaderamente eres Hijo de Dios». Bien valió la pena la tormenta, aunque el proceso fue difícil.
Bien escribió Enrique Turrall en su famoso himno: DEL AMOR DIVINO
Del amor divino ¿quién me apartará?
Escondido en Cristo ¿quién me tocará?
Si Dios justifica ¿quién condenará?
Cristo por mí aboga ¿quién me acusará?
CORO: A los que a Dios aman todo ayuda a bien, Esto es mi consuelo, esto es mi sostén.
Todo lo que pasa en mi vida aquí
Dios me lo prepara para bien de mí.
En mis pruebas duras Dios me es siempre fiel
¿Por qué, pues, las dudas? Yo descanso en él.
Plagas y la muerte en mi vida aquí.
Ordenó mi senda el que es Dios de amor.
Ni una sola flecha me podrá dañar
Mientras no permita, no me alcanzará.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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