TEMOR POR LA DUDA: ENSEGUIDA JESUS HIZO ENTRAR
TEMOR POR LA DUDA: ENSEGUIDA JESUS HIZO ENTRAR
Continuación de nuestra serie: HOMBRES DE POCA FE
Para recibir del Señor sus palabras, volvamos a nuestra lectura de Mateo 14:22, en dónde leemos en el Nombre del Señor Jesús:
En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.
Las preguntas que nos hicimos en nuestra entrega anterior son muy válidas: ¿Sabía el Señor sobre lo que les sucedería a los discípulos cuando estuviesen en alta mar? Si no lo sabía, lo estaríamos despojando de su atributo de omnisciencia y aún de su presciencia, entonces, no dudamos de que sí lo sabía pero, al ser así, ¿carece de amor y preocupación por los suyos? ¿le gusta ver a sus discípulos en viscisitudes? Máxime que ya aprendimos que el Señor hizo entrar a sus discípulos a la barca y los envío a la Betsaida, a la otra rivera aún sabiendo lo que habitan de pasar ahí; y esto fue hecho con premura, con mucha urgencia de parte del Señor. Pero, también es válida la pregunta, ¿por qué los envío el Señor?
La razón la seguimos encontrando en el contexto de la historia. Dice el texto: «en seguida» Del gr. eutheos que es inmediatamente, como traduce la Biblia de Jerusalén, la Nueva Traducción Viviente y otras, o sea que mientras despedía a la multitud al mismo tiempo despedía a sus discípulos. Está multitud tiene mucha relación con la expresión enseguida o inmediatamente. ¿Entonces, en seguida de qué? Del versículos 13 al 21 leemos que el Señor predicó el evangelio y tuvo compasión de ellos y sanó a muchos y los alimentó de manera milagrosa, pues de cinco panes y dos peces los multiplicó hasta para alimentar a, por los menos, unas veinte mil personas, el texto nos dice que «los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños» (v.21). A grosso modo, suponiendo que cada hombre tenía a su esposa y cada pareja tenían a dos hijos, por lo menos, pudieron ser más de 20,000 personas. Un verdadero milagro, pues alcanzó para todos y sobraron doce cestas de panes más. Pero, siguen las preguntas, ¿que tiene que ver está multitud para que el Señor tome la resolución de urgirles a sus discípulos que suban a la barca, aún a pesar de saber lo que les vendría? El evangelista Juan nos da más detalles sobre la intencionalidad de esta multitud ante el milagro.
En Juan 6:1-21, leemos que al ver el portento, «Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo» (Juan 6:14). Ahora bien, esto no es malo, para eso había venido el Señor, estaban confesando lo correcto, pero sus intenciones seguían equivocadas, según leemos de la omniciencia del Señor y el examen que hace de los corazones y que solo el tiene esa facultad, según leemos: «Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo» (v.15). Otra vez, ¿acaso no es eso? Ciertamente que lo es, Él es llamado el Rey de reyes y Señor de señores, pero el momento oportuno no era, el momento escatológico no era el propicio. Ellos estaban viendo a un Mesías —un ungido— que les proveía lo material, seguramente ya querían celebrar la fiesta de Sucot, claro que van a celebrar la fiesta de los tabernáculos, claro que van a cantar: Baruj habá beShem Adonay, Hosana, bendito el que viene en el nombre del Señor, claro que sí, pero deben cantarlo primero en su corazón, de recibirlo primero espiritualmente y luego se implantará su reino visible. Quiero decir, primero tenía que llegar a la cruz, salvar a muchos y hasta a nosotros y gobernar en la vida de cada uno de ellos.
Solo imagínese, pensemos así humanamente, que si hubiese aceptado el Señor tal pleitesía —que sí se la merece, no lo negamos y lo confesamos como Señor, Rey y Dios— pero literalmente lo hubiesen llevado ante Herodes para que sea rey de Israel —que es lo que esperaban, la restauración del reino literal de Israel, Cp. Hechos 1:6—, Herodes y el imperio romano no se hubiesen quedado pacificos y se hubiese derramado mucha sangre de los discípulos y de la demás gente.
Ahora bien, hay otro asunto aquí, la gente lo estaba buscando solamente por el alimento material y no por ser él al alimento espiritual, lo que les saciará el alma, según leemos en el discurso que el Señor les dió al otro día, porque la gente hizo todo esfuerzo para seguirle al otro día de la alimentación de los cinco mil hombres (Juan 6:22-25), leemos en Juan 6:26 «Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis»; esa palabra saciasteis en griego es hartos que significa literalmente darse un atracón, atiborrarse de comida, de ahí viene nuestra palabra en español hartarse. Inmediatamente les predica el evangelio: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre» (v.27).
La reacción de ellos demuestra que no eran convertidos genuinos, sino que lo seguian solamente porque da materialmente (v.28-31), hasta de pelearon con el Señor y murmuraban de él (v.41), y contentedian entre si (v.52) y terminaron planeando su muerte.
Alguien entendería así, eso era un asunto de la gente que lo buscaban solo por la comida material y no espiritual, pero ¿qué tenían que ver los discípulos en todo eso, de tal manera de hacerlos subir a la barca y mandarlos al mar que estaría embravecido unas horas después? Caro hermano, ¿a caso no nota cómo el Señor los está protegiendo de la influencia de la gente? Si la gente lo querían coronar como su rey, yo que no conozco el corazón de la gente y sus intenciones voy a avalar eso, claro que estaría inclinado a avalarlo y a gritar también que lo queremos como rey, haría mi cartel y publicaría en mis redes sociales «#vota Jesus como rey»; pero el Señor sí conoce los corazones de las personas; y eso los hacía susceptibles a ser influenciados por le criterio superficial de la gente. El Señor los estaba protegiendo de la influencia popular en cuanto a él, el quería y quiere que tengamos un pensamiento sano y escritural hacerca de él.
Es más, note que hasta los discípulos sintieron dura la palabra que les habló el Señor al otro día (vrs. 60-71).
«Anankáso, ha, como quien dice, mejor que hagan caso», concluyó mi esposa en aquella ocasión que le relaté anteriormente; «No, no significa eso, pero es cierto, más vale que hagan caso, que hagamos caso, ante la soberanía y la sabiduría del Señor», terminé diciéndole.
Continuará, Dios mediante.
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solis Giron

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