DILEMA RESUELTO

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UNA JUSTICIA MANIFIESTA: DILEMA RESUELTO
Continuación de nuestra serie: BENDICIONES QUE AHORA GOZA UN CREYENTE EN CRISTO

     En el Nombre del Señor Jesucristo, le invito a que habramos nuestras Escrituras, en Romanos 3:25, en donde leemos la Palabra de Dios:

«a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.»

    A quien, este es Cristo Jesús (v.24) quien fue el precio del rescate del pecador (redención). Dios es que todo es el plan de Dios, si Dios no toma la iniciativa de buscar al hombre el hombre no busca a Dios y, cuando lo hace, se queda con su creación a quien adora y se inventa sus ídolos y dioses a su misma imagen y semejanza, la salvación depende de Dios en su totalidad, eso es lo que significa la frase antiguo testamentaria La salvación es del Señor (Salmo 3:8); Dios tuvo que encargarse del problema del hombre, Dios —el ofendido— planificando y ejecutando en reconciliar consigo mismo al hombre —el ofensor— (2 Corintios 5:18).

     Dice que Dios Puso, esta palabra en griego es protithmi que es colocar antes (para uno mismo), exhibir (a uno mismo), también proponerse uno mismo o determinar. Tiene dos ideas relacionadas entre si, entonces. Por un lado, «exhibir para que se vea» y, por el otro, presentar algo delante de uno mismo, que sería determinar un propósito, decretar, proponer. La idea del contexto parece indicar la exhibición pública del sacrificio de Cristo, como está escrito: «(…) a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? (Gálatas 3:1, entre paréntesis añadido), el mismo Señor Jesucristo quien dijo de su sacrificio en la cruz: es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado (Juan 3:14); cuando hayais levantado al Hijo del Hombre (Juan 8:28); ¿cómo, pues, dices tú qué es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? (Juan 12:34); y también, Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo (Juan 12:32), ponga especial atención en presentado claramente como crucificado y levantado, sin despreciar la otra acepción porque también es bíblica, que Dios se propuso en sí mismo la reunión de todas las cosas en Cristo (Efesios 1:9-10). Y Su propósito al exhibir al Señor Jesucristo en su sacrificio fue manifestar o exhibir su justicia, cosa que beneficiaría a toda la humanidad y afectaría para bien a toda la creación; así como el pecado entro por un hombre a toda la humanidad y afectó a toda la creación, así lo será la justicia de Dios. Exhibido Como, esta palabra nos da la idea de igualdad, y también nos da la idea de un modo de suceder algo. Entonce el Señor Jesucristo fue exhibido, expuesto.     

     Dice como propiciación. Esta palabra en griego es hilastérion que literalmente es expiatorio, propiciatorio (como lugar o cosa). En el Nuevo Testamento la palabra hilasterion solo aparece aqui y en Hebreos 9:5 y nos basta para entender la función del Señor Jesucristo al ser exhibido o puesto por Dios como propiciación, leemos el texto: y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle. Aquí identifica a Cristo mismo y a Su obra (que incluye a su vida y no solo su muerte en la cruz) con el propiciatorio que estaba en el Lugar Santísimo del templo antiguotestamentario. En Éxodo 25:17 el término hebreo kapporeth y literalmente es tapa y se usa solamente para referirse a la tapa del arca del pacto. Pero la función del propiciatorio la vemos en Levítico 16:14-15: Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre. Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Sobre el propicitorio se rociaba la sangre del cordero sacrificado, tanto por el pecado del sumo sacerdote y luego por el pueblo; y lo que lograba con el rociamiento de la sangre sobre el propiciatorio era la purificación del santuario, que el pueblo había contagiado y la purificación del pueblo, según leemos: Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas (v.16). Esto sucedía en el día de la expiación o el Yom Kippur, en virtud de este acto de la expiación es que se otorgaba el perdón al pecador arrepentido, al menos por un año, pues al año siguiente volvían a hacer la expiación (v.34); esto era en como estatuto perpetuo para Israel, es obvio, hasta que viniese el Señor Jesucristo, el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo.

     Ahora bien, veamos algo sobre el arca del pacto, que era de oro puro en su totalidad pero que dentro se encontraba las tablas del pacto, según leemos 1 Reyes 8:9: En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto, no creo que haya contradicion con Hebreos 9:4, pues las otras cosas que Hebreos nos dice que estaban dentro del arca puede referirse a que estaban cercanas pues Éxodo 16:33-34 solo dice ponlo delante de Jehova y delante del testimonio (Números 17:10) o también puede indicar que en algún momento si estuvieron dentro del arca pero en la agitada historia de Israel fueron sacadas y al tiempo de los reyes ya no estaban. Pero el asunto que nos ocupa y me interesa para nuestra aplicación y meditación sobre la Obra de Cristo como propiciacion por nosotros, es que ahí estaban las tablas del pacto, la ley de Dios que representaban la perfecta voluntad de Dios, el carácter de Dios, las exigencias de Dios al hombre, el  deber ser del hombre ante Dios.

     Le aseguro, un segundo antes de ofrecerse todo el ritual en el día del Yom Kippur el pueblo había ofendido a Dios transgrediendo su ley y un segundo después de todo el ritual y expiado y perdonado su pecado —cubierto su pecado más no quitado— ¡ya habían vuelto a transgredir la ley de Dios! y nosotros igualmente todos los días y a cada momento transgrediamos la ley de Dios.

     Entonces, allá en el Lugar Santísimo, en la morada de Dios, ante Dios mismo, a donde no podía entrar nadie sino solamente el sumo sacerdote y no sin sangre, ante  Aquel que ya establecimos que es santo y que por lo tanto aborrece el pecado, que lo debe castigar, ante Él, quien había dado Su ley y que había Sido transgredida y que toda ley lo que exige es justicia, castigo, como delincuentes merecíamos ¡que nos cayese todo el peso de la ley!; y allá afuera se encontraba el pueblo, quien había transgredido la ley, que era culpable, pero entre ellos dos —Dios el ofendido con Su ley transgredida y el pueblo culpable— se coloca el propiciatorio y sobre el propiciatorio cae la sangre de un cordero inocente, sin culpa, sacrificado…

     Esto mismo paso en la cruz, vea al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, pendiente en el calvario, vea a Dios quien lo desampara, quien está airado con el pecador y vea al pueblo —usted y yo, tanto los creyentes del antiguo como del nuevo testamento, hasta nuestros días y hasta el último—, pero vea a Dios colocando al Señor Jesucristo en el momento propicio,  en el lugar propicio y para una función propicia, que solamente Él podía cumplir y también vea a Dios derramando toda su ira sobre el Cordero, sobre el Hijo, sobre el Propiciatorio celestial, sobre el Señor Jesucristo. Convenía una víctima inocente, sin mancha, sin pecado, para que sobre él cayese toda la ira de Dios por el pecado y pagar el precio y cumplir la demanda de la ley que fue violada.

     El mejor argumento de los judíos en contra del sacrificio de Cristo es Ezequiel 18:20 que dice que El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él. Y claro que no puede, porque si el padre quiere pagar por su hijo o el hijo por su padre y otro mortal pagar por otro mortal, no sería acepto ante Dios, simplemente porque ese sacrificio es de alguien imperfecto y por lo tanto no tiene valor alguno. Sería un inmundo muriendo por otro inmundo. El alto valor del sacrificio de Cristo es de alto valor porque es Dios mismo, es el inocente, es el Santo quien se estaba ofreciendo.

      ¿Se ha preguntado cómo es que millones de corderos del antiguo pacto no pudieron quitar ningún solo pecado, en cambio el sacrificio de Cristo, de unas horas, sí puede borrar le pecado del mundo? Es por eso, por el alto valor, por ser el sacrificio de Dios manifestado en Carne (1 Timoteo 3:16) y Hebreos 2:14: Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo; el apóstol Pedro nos explica esto, en 1 Pedro 1:18-19 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. ¿Qué es lo que los hombres tienen como algo de tan alto valor? Claro, es el oro y la plata, que hasta han armado guerras y se matan los unos a los otros con tal de conseguirlo; en la medida del tiempo han surgido otras cosas que son de valor y que, igualmente, han propiciado guerra con tal de apropiárselo como el petróleo, por ejemplo, y no es por gusto que le llamen «el oro negro»; el oro y la plata es lo más preciado del hombre y representan a lo más preciado del hombre, pero nuestro rescate no fue con lo más preciado del hombre sino con lo más valorado por el Padre, por quien es el resplandor de  su gloria (Hebreos 1:3); por quien dijo: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a el oid (Mateo 17:5 Cp. Mateo 3:17; 2 Pedro 1:17), de quién se dice que es el Amado y en quién somos aceptos (Efesis 1:6).

     Entonces, fue Dios el Padre quien colocó al Señor Jesucristo entre Él y el hombre pecador y sobre Él, lo más valioso en todo el universo, cayó todo el peso de la ley afin de que pudiésemos ser justificados o declarados inocentes ante Dios.

     Continuará, Dios mediante.

     ¿Caminamos caminante?
     Suyo en Cristo Jesús, si hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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