LA LENGUA CORROMPIDA
LA LENGUA CORROMPIDA
Continuación de nuestra serie: PECADOS DE LA LENGUA
Le invito a que abramos nuestras Escrituras, está vez en Efesios 4:29, a efecto de que seamos preservados de las soberbias y que estás no se enseñoreen de nosotros, y oremos conforme a la declaración de David en Salmos 19:13: Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí (…). Leamos, pues, la Palabra de Dios:
«Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.»
La palabra corrompida proviene de la palabra griega saprós que es corrompido, podrido, pútrido; aquello que es pútrido se dice de aquello que es podrido, putrefacto, maloliente. Solamente su olor, presencia y apariencia es asqueante, de mala apariencia, repugnante. Esta palabra saprós es usada en Mateo 7:17 como aquel árbol malo que da malos frutos, resaltado la idea nuestro Señor que es conforme a su naturaleza buena o mala así serán sus frutos; y sus frutos buenos o malos, son evidencia de su naturaleza buena o mala, entre otras cosas, sus palabras buenas o malas, pero siempre hay frutos o evidencias de lo que en esencia es. O sea, son como aquellos higos que son tan malo que no se pueden comer. También es usada en Mateo 13:48 para indicar de aquellos peces malos que no se pueden comer sino que se desechan.
El apóstol nos hace un contraste entre esta palabra pestilente y nauseabunda por ser putrefacta, indigna de un creyente, con aquella palabra que edifica. Claro que el habla corrompida tiene la idea de aquella conversación que es sucia, sugerente a lo malo y obsceno que incluye los chistes fuera de tono, un habla profana e historias sucias, repito, indigno de un cristiano y propio de un pagano. Pero aquí tiene un sentido amplio de cualquier forma de conversación que es frívola, vacía, ociosa e indigna, que también es indigna de un discípulo de Cristo, Quien en su palabra y conducta fue y sigue siendo Admirable. En cuanto al lenguaje obsceno y vil lo trata en Efesios 5:4; aquí nos dice que debemos abandonar el habla no provechosa y poner en su lugar una conversación constructiva, igual que el Señor Jesucristo cuando advirtió de la palabra ociosa (Mateo 12:36), ociosa literalmente que no trabaja, improductiva, sin fruto, inútil, por lo tanto, mala o perniciosa. Propia de uno que no conoce a Cristo.
Por el contrario, debe ser una palabra de edificación y, por lo tanto, una palabra buena, propia de uno que dice que tiene una relación personal con el Señor Jesús. Considere lo que William Macdonald escribe en su comentario sobre esté versículo:
_El habla cristiana debería ser:
Edificante. Debería resultar en la edificación de los oyentes.
Apropiada. Debería ser acorde con la ocasión.
Con gracia. Debería dar gracia a los oyentes_.
Amén, así sea. Así es que, más vale que diga palabras dulces, no se que se las tenga que tragar, que, de hecho, así sera.
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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