Y SE ACORDÓ DIOS DE RAQUEL, LA QUE EXPERIMENTÓ LA VOLUNTAD DE DIOS.
Y SE ACORDÓ DIOS DE RAQUEL, LA QUE EXPERIMENTÓ LA VOLUNTAD DE DIOS.
Continuación de nuestras trece entregas anteriores: Y SE ACORDÓ DIOS.
Nuestras consideraciones están siendo bajo lo intitulado Y SE ACORDÓ DIOS, y seguimos en la tercer persona, de cuatro, de quienes leemos tal afirmación, este nuestro personaje es Raquel, ya meditamos que concibió y dio a luz un hijo e inmediatamente manifiesta su deseo, como está escrito: y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Jehová otro hijo (Génesis 30:24). Y se lo concedió el Señor, según leemos:
«Y aconteció que al salírsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín.»
(Génesis 35:18)
El término Ben-oni significa hijo de mi lamento o, como lo expresa Raquel, hijo de mi tristeza. Raquel tuvo dos deseos los cuales se les fueron otorgados, le dice a su esposo: Dame hijos o me muero (Génesis 30:1). Y el Señor le permitió tener hijos y también se murió, cuando nació el segundo, desde donde podemos decir el plural hijos, que fue lo que pidió, dame hijos, entonces murió. Ya meditamos una parte de su vida en donde ella se acomodó o aceptó la voluntad del Señor en el sentido de que el da los hijos y si no le había dado Él sabe porqué y, al entender eso, probablemente eso quería el Señor que entendiera, le concedió el Señor de su voluntad al darle un hijo y fue feliz con ello y al darle el otro hijo, manifiesta el Señor su voluntad al quitarle la vida, pues eso involucra el que el es autor de la vida, el que da y quita la vida, cuando Él lo determine o las circunstancias en que Él o por las que Él determine quitarla, Él es soberano aún en este respecto
La circunstancia en que Raquel dio a luz esta segunda vez, es de continua tristeza, acababa de morir su ama (Génesis 35:8) y luego en su último aliento, consciente aún de que va a traer vida, pero a causa de traer esa vida tendrían que partir ella y que no es capaz de retener su mismo hálito de vida pues está establecido: No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee (Eclesiastés 8:8) por eso Raquel exclamó su voluntad de ponerle, a quien conocemos como Benjamín, Benoni. Fue su último lamento. Fue una sola palabra compuesta, pero con la expresión de una profunda tristeza. Desde el punto de vista de Raquel debe ser triste no conocer siquiera al hijo que acaba de dar a luz, más aún, dejarle al amparo de otras personas. En el caso de Benjamín tenía a su padre que, no cabe duda, habría de velar por él, tenía a sus demás hermanos que, Dios quiera, no lo traten como trataban a José su otro hijo, con la esperanza de que Lea, su hermana y la otra esposa de Jacob, ayudase a cuidarlo, pero ella no; y, encima de esa, su ama ya no estaba tampoco como para encargárselo, pero igualmente ella no habría de hacerlo. No es que Raquel no amase a su hijo al ponerle ese nombre: tristeza o lamento, si no que era la expresión al dejarlo.
En otro orden de ideas, también debe ser triste ver partir a un hijo y entre lágrimas aceptar la voluntad el Señor, exclamar como lo hizo Job : Jehová dio y Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito y no atribuirle despropósito alguno y que no sea encontrado en nosotros ninguna maldición para el Señor sino de bendición, de adoración (Job 1:20-22). Fue David quien dijo ante la partida de su recién nacido hijo: Yo voy a él, más el no volverá a mi (2 Samuel 12:23).
Raquel aceptó la voluntad del Señor por la que le tocó pasar, tanto en aquellas cosas en que, consideramos nosotros, son buenas como traer hijos; como también en aquellas cosas que, consideramos nosotros, son malas, como la muerte y su propia muerte, dejando a su recién nacido hijo. Pero la promesa del Señor es: Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8:28). No nos queda más que bendecirle en todo momento pues aún aquellas cosas que consideramos negativa, el lo convierte en bien.
Así que, a caminar caminante, porque no hay otra vía, a no ser retroceder pero con eso no agradará a su alma (Hebreos 10:38).
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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