VIVIENDO A LA ALTURA DE SU DIGNIDAD

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VIVIENDO A LA ALTURA DE SU DIGNIDAD

En el Nombre del Señor Jesucristo, le invito a que abramos nuestras Escrituras y así considerar lo que Dios tiene para nosotros, leamos en Apocalipsis 5:10

«Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra».

Se cuenta la historia que había un príncipe niño que era muy rebelde, el paidagogo o su ayo le tenía mucha paciencia al tratarlo de instruir, pero simplemente este «principito» era inquieto, muy inquieto. En una ocasión, el ayo queriéndole enseñar modales, le decía: «Príncipe, no hable con la boca llena», «príncipe, no coloque sus codos en la mesa», «príncipe, coma y no esté corriendo», «príncipe, atienda sus lecciones» y el príncipe no hacía caso, seguía jugando, seguía levantándose cuando no debía hacerlo, y hastiado ya el ayo le levanta la voz y golpeando la mesa y le dice:
—¡Príncipe, ya, compórtese!» —le habla con firmeza.
Y el príncipe se voltea con los ojos abiertos de asombro por la osadía:
—»¿Qué, no sabes quién soy? ¡soy el hijo del rey!» —le responde con furia.
«¡Pues por eso!» —le réplica con firmeza el ayo— «¡compórtese! —termina de espetarle el ayo—.

Estamos en una época en dónde todos reclaman sus derechos y muchas veces sobre los derechos de los demás. Pero es increíble que todos tienen derechos pero no obligaciones, todos tienen derechos pasando por encima de los demás. Y la iglesia no es ajena a ese fenómeno. Hoy está muy de moda en muchos cultos la expresión: «Soy hijo de un rey» o «mi padre es rico», etcétera, que es cierto, los creyentes en Cristo ya podemos clamar a Dios como Abba Padre y no de manera nacional como lo hacía Israel, sino de manera personal como lo hacía el Señor Jesucristo (Marcos 14:36) y como nos impulsa el Espíritu Santo a hacerlo (Romanos 8:15; Gálatas 4:6).

Tenemos esa dignidad en Cristo, hemos sido hechos hijos de Dios mediante nuestro Señor Jesucristo (Juan 1:12), y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo (Romanos 8:17 Cp. Efesios 3:6). Otra dignidad a la que hemos ascendido es el de ser *para nuestro Dios reyes y sacerdotes y como es obvio el oficio y reinaremos sobre la tierra. Según nuestro pasaje, la dignidad ya la tenemos, la autoridad para juzgar o reinar vendrá después.

De una mala interpretación de este pasaje es que algunos se apoyan para enseñar a que los cristianos podemos decretar, aquella falsa doctrina que es más metafísica que cristianismo puro, en dónde decretamos u ordenamos a la enfermedad, a la pobreza, al fracaso y al diablo que se alejen de nosotros y llamar al éxito, a la riqueza y hasta a Dios mismo que se acerquen a nosotros, o sea, podemos atraer riqueza, salud, bienestar, éxito. Pero todo se centra en el hombre y su bienestar aquí en esta tierra, no es más que otra religión, humanismo. Hubo una atrevida seudo profeta o pastora, que orando por la sanidad de un cantante cristiano famoso, grita en su oración: «¡y no aceptamos un no como respuesta!». Simplemente, qué osadía, qué abusivez, qué soberbia, qué ignorancia. Pero es, afirman estos, porque como somos reyes, y los reyes pueden emitir decretos y mandamientos.

La mejor traducción es que nos hizo un reino de sacerdotes, el apóstol Pedro nos llama a los creyentes, de igual manera que Juan, leemos 1 Pedro 2:9: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable, nos dice que somos real sacerdocio. Es que en un reino hay solamente un rey y no son varios reyes y con soberanía todos. Somos partícipes de un reino, somos sacerdotes, esa es nuestra identidad, es nuestra dignidad, en Cristo.

Es que Cristo es el parteaguas, el antes y después de todo esto, el punto del cambio, tanto de dirección —del infierno al cielo—, como de carácter y dignidad —hijos de ira a hijos de Dios, hijos de las tinieblas a hijos de la luz—, el apóstol Pedro nos sigue diciendo: vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia (v.10). Somos hijos, herederos, un reino de sacerdotes, somos su pueblo.

Entonces, si Cristo se entregó por entero a usted, justo es que usted entregue su todo por él, como está escrito: Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (2 Corintios 5:14-15). No se olvide de lo que están haciendo estos que han sido declarados reyes y sacerdotes o real sacerdocio o un reino de sacerdotes, leemos que adoran y dan la Dignidad a Aquel que los rescató, según leemos: y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación (Apocalipsis 5:9); entonces justo es que adoremos y le demos la gloria, la alabanza y el honor y le demos la Dignidad que se merece y que ahora vivamos a la altura de ese llamamiento, de ese evangelio, de ese Salvador, de ese Dios lleno de bondad y misericordia. Justo es, caro hermano que su estilo de vida sea A LA ALTURA DE SU DIGNIDAD.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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