URGE UN GUARDIAN
URGE UN GUARDIAN
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA
Le invito a que abramos nuestros Sagradas Escrituras, está vez en el Salmo 141:3, en donde leemos la Palabra de Dios:
«Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios.»
No cabe duda que este salmo 141 explica lo que significa San Mateo 6:13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal o líbranos del maligno, porque en él, el salmista David, pide que Dios lo guarde de toda tentación, en dónde pide direcion y ayuda ante la maldad que lo rodea, no queriendo verse involucrado en ella. El salmista pide que el Señor lo acepte y que lo preserve con pureza para serle agradable y dentro de lo que debe cuidarse, pues teme embarrarse, es de su corazón y sus palabras.
Qué osadía de David, le dice al Señor apresúrate a mi (v.1), pero no es insolencia, es como que si dijera, no puedo quedarme solo en ningún momento, esto nos hace recordar la premura de nuestra vida de integridad. Pero además de la intensidad de David a tal punto de llegar a la osadía —cosa que no ofendió al Señor, según vemos—, vemos la perseverancia, la constancia de David, suba —dice— Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde (v.2). El incienso se preparaba cuidadosamente y se presentaba en la mañana y en la tarde. O sea que no tengo que descuidarme en absolutamente nada y en ningún momento, en todo momento debo aplicar de prudencia. Mi vida de santidad debe ser preparada cuidadosamente a fin de ser agradable ante el Señor. Pero ese incienso representa la obra de Cristo en nuestra vida, que es lo único que hace acepta nuestra ofrenda a Dios. Es que, entienda de una vez por todas, que aún sus lágrimas de arrepentimiento tienen que ser lavadas en la sangre de Jesucristo su Hijo, pues solamente en el Amado es que somos aceptos (Cp.1 Juan 1:7; Efesios 1:6).
Pero el salmista no olvida el equilibrio entre depender del Señor y lo que debe hacer él y es por eso que pide someterse a alguien para rendirle cuentas, Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios, dice en el versículo 3.
La oración es bastante específica aquí. David desea que el Señor, su autoridad absoluta, ponga a alguien encargado y/o que sea Él mismo ese guardian, el gendarme que va a vigilar el buen orden y lo va a mantener, y hasta podrá hacer uso de todo el aparato estatal de castigo para garantizar ese buen orden en su boca y en sus labios.
Esta figura de poner guarda nos hace recordar los centinelas que se apostaban en las puertas y los muros de la ciudad durante la noche para nos ser sorprendidos por los enemigos.
Pero el equilibrio en David debe seguir, le pide al Señor que su corazón no se incline a hacer cosas impias, ni a las amistades males, ni a encontrar deleite en esas cosas malas que hacen los hombres impíos (v.4); pero sería incongruente que David pida eso y él mismo ande por esos rumbos y no se abstenga de ello, como sería ilógico pedir una santidad de labios y boca, pero que no nos abstengamos de los pecados de la lengua. Y aún está dispuesto a que sea disciplinado por otro, con tal de que sea garantizado el buen orden en su vida (v.5), porque su solo objetivo es vivir en santidad, es su vida de integridad.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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