TENIENDO LOS PIES SOBRE LA TIERRA – Parte 8
TENIENDO LOS PIES SOBRE LA TIERRA, 8
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor, amada familia en Cristo, sigamos considerando Lonquén la gracia de Dios ha hecho en la vida de nuestro hermano Bernabé, aquí en estos pasajes, en compañía del apóstol Pablo. Avancemos a Hechos 14:19, en donde leemos la Palabra de Dios. La Biblia dice así:
Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.
Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.
El Escritor divino, el Espíritu Santo, a través de su escritor humano, Lucas, nos deja claro sobre dos aspectos del corazón el hombre, como ya vimos, que el corazón del hombre es obstinado en cuanto a su pecado, especialmente la idolatría; pero también, quiero considerar ahora esa parte, que el corazón de hombre es cambiante, muy cambiante.
No sabemos si el siguiente evento fue inmediatamente después del versículo 18 o hubo algún tiempo después en que fueron disuadidos de sus intenciones de adoración a los apóstoles. El asunto es que los acérrimos enemigos del evangelio aprovecharon esa desilusión de los habitantes de Listra que tenían de los apóstoles, porque no aceptaron lo que, sincera pero erradamente, les querían ofrecer. Ya se habían tardado estos enemigos.
Dice el texto: vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio. Se asociaron los judíos de Antioquía y de Iconio entre ellos y, ese frente judío, con los paganos para ir contra los evangélicos; abrase visto, los judíos siempre habían creído en una superioridad de ellos sobre los gentiles, pero ahora los vemos asociándose con los que consideraban «perrillos» y otros términos con que los denostaban. Estos eran de Antioquía de Pisidia, en donde recién habían pasado y donde también tuvieron dificultades con los judíos (Hechos 13:14, 45), donde también quisieron apedrearlos, pero no les dio tiempo pues huyeron antes; y no eran de Antioquía de Siria, de donde salieron (13:1-4). Me llamó la atención que de una ciudad vayan judíos a otra y averigué que entre Antioquía de Pisidia a Listra habían aproximadamente 160 a 180 kilómetros, puntualiza mi fuente, «en línea recta. Sin embargo, la distancia real recorrida en la antigüedad habría sido mayor debido a la topografía montañosa y las rutas disponibles en ese tiempo», aunado, la incomodidad para viajar. Todo esto era para impedir la obra de los apóstoles, la obra de Dios, la predicación con la que los hombres pueden ser salvos, esto demuestra el odio de los judíos de Antioquía contra Pablo y su misión.
Esto también demuestra el «escosor» que les quedó a estos judíos, seguían furiosos contra Pablo y Bernabé, sus conciudadanos, por la predicación del evangelio, en realidad era un pleito con Dios mismo, y con sus actos cometían un pecado de esa humanidad pues trataban de detener con injusticia la verdad con la que los hombres pueden ser salvos, haciéndose merecedores de la ira de Dios (Romanos 1:16-17); es interesante que en el Nuevo Testamento no vemos una oración de imprecación sino contadas veces y una de ellas la encontramos en 1 Tesalonicenses 2:15-16 y es precisamente contra los que se oponen a la predicación del Evangelio para que los hombres se salven, como está escrito: (los judíos), los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.
No sabemos qué argumentos usaron estos judíos en contra de los apóstoles, probablemente incluyó la sanidad del cojo; ciertamente el milagro de la sanidad del cojo probó el poder que los acompañaba y que era real, pero no indicaron la fuente de ese poder, como lo indicó claramente el apóstol Pedro en Hechos 3:12, no quiero acusar a los apóstoles Bernabé y Pablo de descuido alguno, pero vemos que hablaron del Señor hasta que intentaron adorarlos, el asunto es que, si estos judíos usaron la curación como argumento, pudieron atribuirlo a algún poder demoníaco o mentiroso. No es descabellado pensar así, pues ante la falta de argumentos de los fariseos en contra del Señor Jesús, sus sanidades se la atribuyeron al demonio (Mateo 9:34; 12:24-27); de ser así, demostraría lo bajo de su carácter y su doble discurso, porque ellos mismos sabrían que toda religión que practique la idolatría es una religión de demonios.
O tal vez usaron otros argumentos también, algo legal o algo supersticioso, o todo eso junto. A estos opositores del evangelio, no les importa nada, sea inventar, manipular o asociarse con el mismo Satanás con tal de que el evangelio no avance. Eso hicieron los judíos en su tiempo, y eso hizo y sigue haciendo el Vaticano hoy en día.
De manera que, no sabemos a ciencia cierta cómo convencieron a estos paganos que, momentos atrás, estaban dispuestos a adorarlos, el asunto es que los persuadieron para que persiguieran a los apóstoles.
Pero me llama la atención el repentino cambio de actitud de los listrenses, pero esto no es problema de los gentiles únicamente, los judíos también; recordémonos de las actitudes de los judíos ante él Señor Jesús, en Mateo 21:8-9 según leemos: Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!, todos estos estaban dispuestos a reconocerle como su rey, pero en Mateo 27:20-22 leemos todo lo contrario: Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!; al inicio de esa última semana del Señor en su ministerio terrenal, estaban entregados en amor y devoción, creyendo a las Escrituras, eran un éxtasis espiritual ellos mismos, pero, esa misma semana, los hosannas se convirtieron en gritos de ¡crucifícale! ¡crucifícale (Lucas 23:21).
Otro caso como ejemplo de altibajos emocionales en la gente es con la actitud de los habitantes de la isla de Malta, según leemos en Hechos 28:6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; más habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios. Al menos aquí ya no fue de amor a odio, sino a la inversa, pero siempre acomodados en su idolatría.
¿Qué argumentos usarían en contra de los apóstoles para persuadirles y hacerles cambiar de parecer estos judíos qué llegaron desde lejos? Al juzgar el proceder de los enemigos de la cruz que tergiversan los hechos con tal de tener la razón, entienda que ellos no debaten, sino que discuten con los predicadores del Evangelio, porque están urgidos de tener la razón, aunque estén equivocados según la Verdad y no en busca de la verdad, en cambio Pablo dice en cuanto a su compromiso con la verdad, Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad (2 Corintios 13:8).
Es probable, vuelvo a señalar, que los habitantes de Listra llegaron a pensar que, si Pablo y Bernabé poseían poderes tan misteriosos, pero que no eran dioses hechos hombres, como ellos mismos les persuadieron a que dejaran de pensar, ergo, debían ser hechiceros o tal vez demonios y, si vemos tras el telón, los judíos estaban detrás, ellos pudieron haber fomentado esta idea e instado al pueblo a proceder tan cruelmente como lo hicieron. Los judíos estaban tan inmiscuidos en esta otra persecución que culminó con la lapidación de Pablo y casi su muerte, que dejaron dos evidencias. Dice que apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto (Dios Habla Hoy).
Primero evidencia: Apedrearon a Pablo. Este método de dar muerte a alguien era propio de los judíos a aquellos que consideraban blasfemos y otros delitos, pero siempre los más viles; y aquí, ayudado por los habitantes paganos de Listra, lapidaron a Pablo, no sabemos por qué solamente a Pablo, se nos dice que específicamente fue a él y no se menciona a Bernabé como víctima también. Con esta acción, no cabe duda que su intención era darle muerte, porque, podemos deducir, que lo dejaron solo porque consideraron que estaba muerto.
En cuanto a padecer Pablo el apedreamiento, se hace mención aquí y en 2 Corintios 11:25, nada más, aunque no sabemos si se refiere al mismo momento o diferente. En 14:5-6, vemos que estos judíos tuvieron la intención de apedrearlos en Iconio, pero huyeron; o sea que en Listra consumaron las intenciones que tenían desde Iconio, meses o semanas atrás. Fue tan intensas estas pruebas que marcó a Pablo de por vida, pues aproximadamente en el año 67, desde una prisión en Roma, al final de su carrera cristiana, Pablo aún se recordaba de este episodio (cp. 2 Timoteo 3:11-12).
Segunda evidencia: le arrastraron fuera de la ciudad. Hasta este detalle involucra a los judíos en las acciones del asesinato a Pablo, ellos eran los autores intelectuales de esto. Esta acción que hicieron se parece mucho a la mencionada en Levitico 24:14, o sea que lo llevaron fuera del campamento o de la ciudad. Aunque también está la interpretación de que el apedreamiento era el resultado de la furia de una turba que hizo dentro de la ciudad, y Pablo fue después arrastrado fuera de ella. El asunto es que lo apedrearon hasta la muerte, según su intención y dejaron de apedrearlo solo porque lo consideraron muerto.
De manera, entonces, que el corazón del hombre es cambiante, es como la onda del mar, no como una ola solitaria qué va y viene, sino como una onda, una serie de olas que pueden ser pequeñas, que se puedan superar a nado o grandes, como las tormentas o los tsunamis.
Pero el creyente no debe ser así, la perseverancia debe caracterizarlo, no para ser salvo sino porque es salvo, como está escrito: Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma (Hebreos 10:38-39). No significa que no tenga ataques de crisis de fe, de dudas, incluso, que dude de su salvación en algún momento, pero el verdadero salvo permanece en Cristo, busca vestirse de la armadura de Dios siempre (Efesios 6:10-15) y ve a su fe y le añade con diligencia lo que debe añadirle para no estar sin fruto, como está escrito: vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 1:5-7).
Sea diligente entonces, mi querido caminante, y añada a su fe lo que debe añadirle para seguir creciendo, en la fe, en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Continuará, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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