TENIENDO LOS PIES SOBRE LA TIERRA – Parte 6
TENIENDO LOS PIES SOBRE LA TIERRA, 6
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor, amada familia en Cristo, en nuestra meditación de la Palabra de Dios para hoy, avancemos a Hechos 14:16-17, en donde leemos las Santas palabras de Dios.
En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.
Normalmente le atribuimos a Pablo estas palabras dichas aquí y hay bastante verdad en ello al considerar el versículo 12; pero también no herraríamos al atribuírselas a nuestro dúo dinámico, al considerar los versículos 14 y 15, en donde nos da a entender que ambos les dijeron; claro, siempre en el entendido obvio de que estaban de acuerdo, que ambos creían lo mismo, no que ambos hablaban al mismo tiempo. De tal manera que si pudiésemos entrevistar a Pablo sobre lo que piensa de los deseos de los de Listra de adorarlos; y luego vamos a entrevistar a Bernabé sobre el mismo asunto, ambos opinarían lo mismo, de hecho, aunque no sea la misma ocasión y lugar y persona, todo verdadero creyente opinaría igual, considérese a la negativa de Pedro a ser adorado por Cornelio (Hechos 10:25-26), es más, ni los ángeles que guardaron su dignidad aceptarían tal cosa y dirían: Adora a Dios (Apocalipsis 19:10; 22:8-9). Es fácil concluir entonces que solamente un falso maestro y un demonio sería aquel que acepte y exija una adoración, sea a si o alguien más que no sea a Dios, pues esta es debida solamente a Dios.
Pero quiero atender aquí algo que también es importante. Vemos que luego de darles sus argumentos para que nos los adorasen, les aplican el evangelio y los ubican en el tiempo dispensacional de Dios. Les explica cómo Dios interactuó con las naciones antes de la venida de Cristo y lo que hace ahora. Atendamos eso brevemente:
1. Dios les permitió cierta libertad a los gentiles.
Habla de «las edades pasadas» o «generaciones pasadas», obviamente a la venida del Cristo y la predicación de Su evangelio.
Pablo está destacando que en el pasado, Dios no trató directamente con todas las naciones como lo hizo con Israel (Deuteronomio 7:6-8). Que no solo es que al Señor no le es desconocido, por lo tanto, es como que les permitió que las naciones siguieran sus propios caminos, sino que precisamente ese fue su trato. Lo que significa es que Dios, en Su soberanía, no las sometió al pacto específico de la Ley mosaica, como hizo con Israel.
No se olvide que la escogencia de Jacob no significa que Esaú automáticamente estaba fuera, de hecho, el trato era de servicio, de privilegios. El trato mayor del Señor, en aquel momento dispensacional, era con Israel e Israel debía ser de luz a las naciones. Mientras que a Israel se le fue confiada la palabra de Dios (Romanos 3:2), y los gentiles, dice Pablo, «no tienen ley» (2:14).
2. Dios les ha manifestado su paciencia. Aunque las naciones no conocían a Dios plenamente, Él fue paciente y no las juzgó inmediatamente por sus pecados, en Hechos 17:30 en un discurso similar, en Atenas, dijo Pablo: Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.
La expresión Pasar por alto en griego es jupereído, que es «no castigar». No debe entenderse como una disculpa a los pecados de los gentiles, si bien en español nos sugiere la idea de una tolerancia, un disimulo y perdón del mal; es interesante lo que el diccionario VINE aclara respecto a esta palabra, cito: «habiendo pasado por alto, esto es, los soportó con paciencia sin interponerse en retribución, aunque las denigrantes tendencias a la idolatría se desarrollasen como consecuencia inevitable», fin de la cita. La idea es que esa ignorancia disminuía su culpabilidad y, por lo tanto, su castigo. Insisto, no significa que el hombre antiguo no es culpable y sin castigo, Pablo en Romanos 2:12 dice que «sin ley también perecerán». Es, más bien, que Dios no había castigado plenamente a los hombres por sus pecados, como lo hará con el conocimiento de su Hijo, a partir de la luz que arroja la ley hacia Él (Cp. Gálatas 3:24-25).
Inclusive, esto es parte de la misericordia de Dios.
3. Dios no se dejó sin testimonio ante los gentiles. En el versículo 17, Pablo aclara que Dios no abandonó completamente a las naciones, sino que proveyó para los hombres todo bien, dice, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones, y eso sirvió como testimonio de su carácter de bueno, en Romanos 2:4 resume que todo esto es por «las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad».
Esto muestra que, aunque las naciones se apartaron de Él, Dios seguía revelándose como el Creador.
4. Por lo tanto, Dios no dejó sin responsabilidad a los gentiles. Este periodo en que las naciones anduvieron en sus propios caminos puede verse como un tiempo de preparación para la revelación completa de Dios en Cristo. Ahora, a través del Evangelio, todos los pueblos son llamados al arrepentimiento y a conocer al Dios verdadero (léase Hechos 17:30-31).
En resumen, este versículo subraya la paciencia de Dios hacia las naciones gentiles y su soberanía al dirigir la historia humana hacia la venida de Cristo, Quien ofrece salvación a toda la humanidad. Pero, insisto, no significa que no tuvieron testimonio de Dios y que no son culpables. Según leemos en Romanos 1:18-20: Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa; los gentiles son culpables de la idolatría Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido, y esa es la razón por la que los gentiles llegaron a estar como estuvieron y siguen así (vers 22-31) y, por lo tanto, son culpables en el juicio (v. 32).
Dice Pablo que Dios se lo manifestó. Ahora hay tres formas en que Dios les manifiesta a los hombres su poder y deidad:
a) Mediante la revelación de la creación, a esto se le conoce como la revelación natural de Dios (Romanos 1:20);
b) Por medio de la conciencia (Romanos 2:15), esta saca a descubrir la ley escrita en los corazones de los hombres; y, ahora,
c) Las Escrituras, la revelación especial de Dios, quien testifica de la persona y de la obra de Cristo (Juan 5:39).
Lo que tuvieron los gentiles de la antigüedad fue el testimonio de la creación y de sus conciencias, que no tienen el mismo poder que tienen las Escrituras, entre otras cosas, de convertir el alma (Salmo 19:7). Estos, aunque no tenían la ley mosaica que testifica de Cristo, serán juzgados sin ley por el testimonio de la creación y de la ley escrita en sus corazones testificada por sus conciencias, como está escrito: Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados (Romanos 2:12, Cp. 13-16).
La palabra «Porque», en este versículo, explica el motivo del juicio de Dios que es sin acepción de personas a todos los hombres, «quien quiera que seas tu», (vrs. 1-11); es decir, sea judío o gentil. Los judíos, debido a sus privilegios, habían presupuesto mal que escaparían del juicio y por lo tanto sería poner en duda el carácter de Dios de que “no hay acepción de personas” en él (2:11), curiosamente, en beneficio de ellos mismos, o sea que, presuponían mal, que este principio no se les pudiera aplicar a ellos. Habían abusado de tal manera de su posición favorecida, que llegaron hasta el punto de creer que podían condenar los pecados de otros, mientras que ellos podrían salir libres del juicio y condenación por los mismos pecados o similares que condenaban en otros (2:1-3); condenaba la idolatría, pero ellos mismos eran sacrílegos con su Dios y Sus palabras (v. 22, por ejemplo), creían que estaban libres del juicio por el solo hecho de ser descendientes de Abraham.
Pablo les explica cómo Dios será imparcial al juzgar a los judíos privilegiados y a los gentiles no tan privilegiados. Cada uno sería juzgado debidamente según su caso: los judíos mediante la ley escrita, contra la cual habían pecado; y los gentiles mediante la ley no escrita de su conciencia, contra la cual habían pecado.
Cuando dice «sin ley», es evidente que se refiere a sin una ley específicamente revelada o escrita, pues los gentiles tienen la ley de su conciencia, aunque no esté escrita en letras (2:14-15). Los gentiles no serán juzgados por una ley que no poseen; pero si violan la ley de su conciencia, que no está escrita sino en su corazón y testificada por su conciencia, se perderán lo mismo que los que han pecado contra una luz mayor, la luz de la ley.
Pablo ya ha explicado que son inexcusables los pecados de los gentiles, pues han rechazado la revelación que Dios les da en la naturaleza y en la conciencia (1:19-20, 32). Sería como decir que los gentiles tienen una luz menor y los judíos una luz mayor; pero que la falta de aquellos, no les daba el derecho de pecar contra la luz que tenían, aunque sea poca; y a estos, los judíos, al tener una luz mayor, tampoco los disculpaba en sus faltas. La falta de una luz mayor no les da el derecho de pecar contra una luz menor. Los paganos que pecaban se perderían, aunque no tengan la ley escrita de Dios. Han pecado contra la ley que poseen, y el castigo es una consecuencia inevitable.
Los que han tenido el privilegio de conocer esta ley y sin embargo han pecado contra una expresión tan clara de la voluntad de Dios, deben recibir un castigo mayor que los que han tenido menos instrucción. La severidad del castigo corresponde con la medida de la culpabilidad, y la medida de la culpabilidad depende de la magnitud de las oportunidades. A mayores privilegios mayores responsabilidades, pero no significa que quien posea menores privilegios no tendrá ninguna responsabilidad. La enseñanza clara de los diferentes grados de castigo, es evidente en las Escrituras (véase por ejemplo Mateo 11:21-24; 12:41-42; Lucas 12:47-48).
Ambas clases de pecadores serán condenados; ambas clases perecerán; los unos, los gentiles, «sin ley perecerán»; y los otros, los judíos, «por la ley serán juzgados».
Pero hoy, en la dispensación de la iglesia, por una sola Obra, un solo sacrificio, podemos ser santificados, como está escrito: En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre y, una vez santificados, ha hecho perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:10, 14), esta santificación y perfección es la que conocemos como «santificación posicional», que es un equivalente a la justificación por fe, por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1), y también, por él seremos salvos de la ira (v. 9) y esta salvación es ofrecida a todos al judío primeramente y también al griego (1:16); Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo (10:12-13).
Pero también por un mismo pecado son condenados todos, como está escrito: El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él (Juan 3:36), sea el judío o sea el griego, porque no hay acepción de personas para con Dios (Romanos 2:11). La misma Obra que puede salvar al hombre, es la misma que lo va condenar (Juan 12:48).
Carissimu amigo, ¿es usted salvo por la obra de Cristo? No importa las circunstancias en que haya nacido y vivido, sea judío y gentil, sea hijo de un creyente o del más perverso hombre, sea su padre un anciano, diácono o evangelista, usted ya está en condenación y en peligro de que se pase la oportunidad de su salvación y se dicte su sentencia «¡Apartaos de mí, hacedores de maldad! ¡Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles!» (Cp. Mateo 7:23 y 25:41), venga a Cristo, venga ahora.
Y usted, carissimu caminante, siga adelante, célebre su salvación, levante los ojos al cielo y bendiga a su Señor y Dios por la salvación tan grande que le ha dado en Cristo… que nos ha dado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Que el Señor bendiga sus palabras. Amén.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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Adaptación de audio y publicación por: Palabras de vida eterna
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El Señor les bendiga.