TENIENDO LOS PIES BIEN PUESTOS SOBRE LA TIERRA – 1
TENIENDO LOS PIES BIEN PUESTOS SOBRE LA TIERRA, 1
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones de parte del Señor, queridos caminantes. Démosle continuidad a los hechos del Espíritu Santo en la vida del hermano José, el apodado Bernabé que traducido es como el título de nuestra serie, para el efecto le invito a que avancemos a Hechos 14:14, en donde leemos la Palabra de Dios:
Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces
Ahí en Lista se dieron algunas cosas importantes, dato cajonero en la vida de Pablo y Bernabé, la predicación del evangelio y, ahí bonfue la excepción (v.7), eso es infaltable en el ministerio de estos insignes varones de Dios; se dio también la sanidad de un hombre, se dio testimonio de la humildad de los apóstoles y lo inconstante que es el hombre perdido en sus emociones, en lo que a Idolatría respecta.
En los versículos 8-10 se nos describe sobre cierto hombre de Listra (que) estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Lucas quiere dejar bien en claro la situación del hombre y por eso hace un pleonasmo, esto, usado como recurso literario, se hace para enfatizar una idea o sentimiento, reforzar el significado y el impacto de lo que se dice; de manera que eso es lo que quiere resaltar Lucas, la imposibilidad del pobre hombre y que esta desgracia lo ha acompañado desde su nacimiento.
¿Estaremos aquí ante una enfermedad para que la gloria de Dios se manifieste? Es que no todas las enfermedades son por la misma causa. Seamos oportunistas y veamos las causas de algunas enfermedades.
De manera genérica las enfermedades son a causa del pecado, y con él, la muerte espiritual, la física y la eternal llamada también «la muerte segunda o el lago de fuego» (Apocalipsis 21:8). Sabemos que el pecado entró en el mundo por la desobediencia de un hombre, como está escrito, Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Romanos 5:12); y con ello entro la imperfección, la debilidad, la disminución de nuestros órganos, que nos conducirán a la muerte física, esa imperfección y demás, se manifiesta con enfermedades; pero el Señor Jesús quien vino a restaurar todas las cosas, vino a traernos vida y vida en abundancia, a todos los que creen en Él, al judío primeramente y también al griego. Él nos ha dado esperanza de una renovación, Pablo escribió en este respecto en 2 Corintios 5:1-2: Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial.
A la luz de este pasaje vemos unas verdades importantes para nuestra vida, a saber,
1. Los creyentes hemos sido salvados, pero aun sufrimos los embates de la disminución de las capacidades de nuestros miembros. Esto es entendíble porque somos salvados, pero no hemos sido glorificados aún. He dicho en otras ocasiones: «Hay una parte en el redimido que no ha sido redimida aun, pero es necesario que sea redimida en el día de la redención, esto es, a saber, nuestro cuerpo», afirmo esto en relación a nuestra batalla cotidiana en contra del pecado, pero es aplicable en este respecto.
2. Pablo sabe que nuestro cuerpo va en decadencia, que nuestro cuerpo también está sujeto a la ley de la entropía, Permítame explicarle esto, la ley de la entropía es una de las leyes de la física. Esta ley establece que, «en un sistema aislado, la entropía (una medida del desorden o la aleatoriedad de las partículas) siempre tiende a aumentar con el tiempo, o al menos a permanecer constante en condiciones ideales». En términos sencillos, cualquier proceso natural tiende a evolucionar hacia un estado de mayor desorden; es decir, describe cómo los procesos naturales tienden hacia el desorden, la cada vez más corrupción, reflejando el flujo natural del tiempo y la irreversibilidad de muchos fenómenos físicos. Entonces este nuestro cuerpo hasta puede llegar a deshacerse por la muerte, de hecho, el cuerpo de la mayoría de los creyentes se va a deshacer, serán —o seremos— una minoría de los que cuyo cuerpo será glorificado sin pasar la muerte. Por algo se le llama una morada terrestre o una morada propia de la tierra o que es opuesto a lo celestial o que no es propio del cielo.
3. Pablo reconoce que los creyentes poseemos algo que es de Dios. Si con el cuerpo utiliza el símil de una morada aislada, con este utiliza el símil de un edificio y una casa, en contraposición, insisto, de «nuestra morada terrestre, este tabernáculo», la palabra para morada es oikía que, según el diccionario Vine, es casa y que, originalmente, no se refiere a toda la finca sino a una morada, nos denota algo restringido, limitado, pequeño; y el término para tabernáculo es skénos que es una choza o una residencia temporal, figurativamente se refiere al cuerpo humano como morada del espíritu. Pero lo que tenemos los creyentes de Dios es algo más grande, es un edificio —oikodom— una estructura arquitectónicamente construida; un lugar más formal, pues es una casa —oikia— que una de sus acepciones también es familia, clan. Esto es de parte de Dios, dice el texto, «tenemos de Dios», no es por el esfuerzo humano, sino por la voluntad de Dios para nosotros los creyentes (Santiago 1:18); no cabe duda que se refiere al nuevo hombre, según leemos en Efesios 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas, léase además Efesios 4:24; Colosenses 3:10.
4. Pablo le reconoce características divinas. No significa que llegamos a ser dioses, sino que se parece a Aquel que lo creó, en Colosenses 3:10 dice que es «conforme a la imagen del que lo creó». A parte de que es algo amplio, formal, bello arquitectónicamente —edificio, casa—, es no hecha de manos o como los humanos o según los términos humanos, obviamente, es por Dios, es eterna y apta para vivir en el cielo, en comunión con Dios.
5. Pablo reconoce que es lo que poseeremos en el futuro. Esto es en comparación con lo que vemos en la vida presente. Pareciera que se refiere a nuestra herencia en el cielo como un lugar allá, se refiere más bien a la plenitud de lo que ya hemos empezado a vivir aquí (v. 2).
De manera que, esta debilidad de nuestro cuerpo se dio a causa del pecado, pero que ha sido restaurado por el Señor Jesucristo a partir de nuestra salivación y será disipado en su totalidad el día de la glorificación, como está escrito: Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida; y, ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado (Romanos 5:18; 7:24-25).
Ahora bien, en el tiempo presente, nuestro cuerpo por no estar glorificado aun, está sujeto a esa debilidad, a esa fragilidad (Salmo 39:4; 1 Corintios 2:3, 15:43; 2 Corintios 10:10; 11:30; 12:9-10) lo cual se expresa, entre otras cosas, por las enfermedades.
Ahora sí, veamos algunos orígenes de las enfermedades:
1. Hay enfermedades por negligencia, imprudencia e ignorancia, como en el caso de Mefiboset (2 Samuel 4:4), fue entre negligencia, imprudencia y falta de información de la nodriza, aunque no directamente de Mefiboset. Nosotros hoy en día podríamos evitar las altas probabilidades de padecer algunas enfermedades que se desarrollan como resultado de ciertas acciones nuestras, como diabetes, piedras en los riñones, gripes, entre otras, nótese que no estoy diciendo de que nunca nos enfermaríamos o nunca padeceríamos estas y otras enfermedades, pero podríamos decir que con ciertos cuidados y acciones que haríamos podríamos reducir las probabilidades de padecerlos. No podríamos decir que estamos siendo probados si las enfermedades que estamos padeciendo son producto de nuestras imprudencias, por ejemplo, la ingesta descontrolada de ciertos alimentos y bebidas nos pueden conducir a algunas enfermedades, sea piedras en los riñones, sea diabetes, sea obesidad, sea cáncer, u otras.
2. Enfermedades como pruebas del Señor. Estas vienen con propósitos divinos específicos. La historia de Job es un buen ejemplo de esto, este varón sufrió enfermedades y perdidas, lo único que le dejaron fue a su esposa y amigos, pero fueron una prueba más, pero el Señor lo restauró después de declarar Job su fidelidad al Señor y cumplirse el propósito de Dios en su vida. El apóstol Pablo dijo que a causa de una enfermedad en el cuerpo anuncio el evangelio en Galacia, pero esta prueba la asocia con una prueba en su cuerpo, o una dolencia del cuerpo (Gálatas 4:13-15).
3. Enfermedades por disciplina del Señor. No toda enfermedad es por algún pecado sin confesar, pero si los hay, como aquellos enfermos, debilitados y los que duermen, que coincidimos la mayoría en que es un eufemismo para indicar la muerte de los que comían y bebían indignamente sin discernir el cuerpo del Señor, y que por lo tanto juicio comía para sí (1 Corintios 11:30), en Éxodo 15:26 el Señor les advirtió a los israelitas que, si obedecían sus mandamientos, ninguna enfermedad que envío a los egipcios se las enviarían ellos;
4. Otras pueden ser las que conocemos hoy como enfermedades genéticas o hereditaria. Nada tiene que ver con las famosas maldiciones generacionales.
5. Y hay otras que son para la gloria de Dios como el ciego de Juan 9:2-3.
¿Qué hay de aquellas enfermedades que son como una opresión de satanás? El apóstol Pedro dijo que el Señor Jesús anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él (Hechos 10:38) y Lucas, que era médico, señala que una mujer que andaba encorvada, y en ninguna manera de podía enderezar, e informa que el Señor claramente identificó que había estado atada por Satanás por el espacio de dieciocho años con esa enfermedad (Lucas 13:11-16). Pero el texto ni nos indica y ni pareciera hacerlo que la mujer había sido atacada a libertad y propósito de Satanás, bien se podría interpretar que satanás es el gran responsable de toda enfermedad, toda imperfección y de todo pecado y esos dieciocho años es, obviamente, por el tiempo en que había durado con esa enfermedad.
Ahora bien, surge otra pregunta, ¿qué debemos de hacer ante la enfermedad? Claro que debemos de orar, las Escrituras nos dicen que debemos estar orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos (Efesios 6:18, cp. 1 Tesalonicenses 3:10); y debemos de someternos a la voluntad del Señor, asirnos de sus promesas y de nuestra identidad en Cristo —lo que llama Pablo la armadura de Dios— para que nos de fortaleza y paciencia para pasar el proceso de la prueba, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes (Efesios 6:13, cp. 10 al 18); y, no cabe duda, que así no atribuiremos a Dios despropósito alguno (Job 1:22).
Pero al saber el origen de la enfermedad que estamos padeciendo vamos a orar al Señor siendo más específicos. Si nuestra enfermedad es por negligencia vamos a pedir perdón por ello y también podemos pedir el ser sanados, y el Señor hará su voluntad; si es por pecados no confesados, obviamente pediremos perdón, los confesaremos y nos apartaremos, y el Señor hará su voluntad; y si es algo genético, no hay razón por la que no podamos pedir por ello y El Señor hará su voluntad. No es bíblico, no es de sana doctrina, ni es sano espiritualmente para nosotros que pretendamos «renunciar», «rechazar» o «decretar» contra alguna enfermedad, o gritar: «¡y no acepto un no como respuesta!» como suelen hacer algunos seudo pastores, llenos de soberbia, si es un trato del Señor con nosotros, aparte de que nunca responderá a un falto de respeto, siempre se hará su voluntad y nos perderíamos de sus bendiciones, entre otras cosas, de que participemos de su santidad y nunca produciríamos los frutos apacibles de justicia que Él busca en nosotros (Cp. Hebreos 12:10-11).
El asunto es que este pobre hombre de Listra está ahí lisiado, imposibilitado para caminar y esto desde su nacimiento, es obvio que por eso estaba sentado, pues no podía andar, es más nunca lo había logrado. No quiero ser alegórico, pero quiero seguir siendo oportunista, en ese entendido permítame aplicar esta historia un poco más.
1. Vea la impotencia humana y la necesidad del hombre de Dios. Este pobre hombre cojo cómo nos hace recordar la incapacidad humana, tanto física como espiritual, de salvarse o cambiar su situación, a no ser que intervenga un poder superior, el poder de Dios en su vida. Este milagro nos recuerda, también, el poder de Dios para restaurar vidas arruinadas por el pecado.
2. Vea a la fe como elemento para llegar a la sanidad. En los versículos posteriores (Hechos 14:9-10), Pablo percibe que el hombre tenía fe para ser sanado, lo que nos enseña que la fe es fundamental para experimentar el poder de Dios. En cuanto a lo soteriológico la fe es el medio para nuestra salvación, como está escrito: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios (Efesios 2:8), y esta fe está puesta en el Señor Jesucristo y su sacrificio vicario. Este evento refuerza que Dios responde a la fe sincera, a la fe puesta en el Señor Jesucristo, no es la fe como un acto subjetivo, porque hasta los demonios tienen fe, sino como en Quien está puesta esa confianza, esto es, en el Señor Jesucristo y su obra expiatoria, para lo más importante, ser sanado del alma; ¿y del cuerpo? Eso será añadidura.
3. Vea la invitación al Evangelio. El milagro sirvió para autenticar el mensaje y al mensajero, pero hay algo más que un simple acto de sanidad, el milagro transformó la vida del hombre y esto también llamó la atención de la multitud en Listra, y abrió la puerta del evangelio en aquella ciudad e hizo que muchos otros oyesen el evangelio de su salvación. Es preciso que en el salvado haya una transformación, caso contrario, es de dudar si hubo salvación y esa transformación hecha por el Señor sirve de testimonio para los demás.
Y el milagro hizo que se suscitasen otros eventos; a juzgar humanamente, negativo para Pablo y Bernabé; pero a juzgar con los ojos espirituales, todo obró para bien (Romanos 8:28). Eso lo veremos más adelante, cuando nos demos cita a una meditación más de un caminante para otros caminantes, a la que quedamos todos invitados; por el momento, quedémonos aquí y que el Señor bendiga sus palabras.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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