SU EXCELENCIA

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SU EXCELENCIA
Continuación de nuestra serie: VIVIENDO A LA ALTURA DE SU DIGNIDAD

Volvemos a abrir nuestras Sagradas Escrituras en Apocalipsis 5:10 para recibir del Señor sus palabras, para que al hacérnoslas oír aprendamos a amarle y a temerle (Deuteronomio 4:10), lo hacemos en el Nombre del Señor Jesús:

«Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra».

¿Qué entendemos por dignidad? Es la cualidad de digno. Por cualidad entendemos a una característica buena y positiva, un componente permanente, diferenciado, peculiar y distintivo en comparación de otros. En latín dignitas significa excelencia, grandeza. Es un valor inherente que posee alguien o algo. A los presidentes, primeros ministros o reyes o sus representantes les llaman: Su excelencia o el dignatario. Denotando una posición superior de calidad y por lo tanto un trato honorífico.

El ser humano tiene dignidad por el simple hecho de serlo. No es una dignidad otorgada por el hombre al hombre, sino solamente reconocida por los hombres hacia el hombre, es una cualidad consustancial al ser humano, otorgada por Dios mismo. De las criaturas de Dios el único que leemos que fue hecho a imagen y semejanza de Dios fue el hombre —el ser humano, hombre y mujer—, como está escrito: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:26-27).

Ahora bien, esto de imagen y semejanza de Dios, no significa que Dios tiene un cuerpo físico como lo tenemos nosotros. Cuando en las Escrituras leemos que Dios tiene manos o pies o los ojos de Dios que recorren la tierra, etcétera, esa es una metafórica forma de expresarse que tienen los escritores bíblicos, se conoce como antropomórforsis; lo que significa es que Dios le dio al hombre un alma y un espíritu y con ello tiene ciertas capacidades que no tienen los otros seres vivientes, o sea que el ser humano no es una cosa sino una persona. Con gran razón se dice que el hombre es la corona de la creación de Dios.

En Salmos 8:3-6 se nos describe ésta posición de dignidad en el hombre: Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies. Fue hecho un poco menor que los ángeles y se le dio para que administrase todo lo demás creado; los ángeles son llamados potestades superiores (2 Pedro 2:10; Judas 8), pero no más que Dios, a quienes estamos supeditados todos, absolutamente toda la creación, son superiores en cuanto al hombre, pero es un poco, porque el hombre fue hecho poco menor que los ángeles; pero se le ha dado señorío sobre todo lo creado aquí en la tierra (Salmo 8:7-8). En el huerto del Edén, luego de la caída, cuando correspondía mencionarle el castigo a Adán —como cabeza de la raza humana—, el Señor maldice a la tierra por maldita será la tierra por tu causa (Génesis 3:17).

Cuando Satanás le enseñó todos los reinos y la grandeza de ellos al Señor Jesucristo y se los ofreció a cambio que le adorase, diciendo: a mi me ha sido entregada (Lucas 4:5-7), algunos sugieren la interpretación que Satanás sugería en esta forma que Adán, debido a su pecado, le había entregado el dominio, y que los hombres lo habían escogido como su “soberano” y por eso se presentó como “príncipe de este mundo”. Pero en cierta forma eso era verdad, pero Satanás olvidaba —a propósito o por ignorancia, más considero que a propósito— que Adán había sido sólo el mayordomo del Creador, y que, por lo tanto, no podía entregarle el dominio del mundo, de lo creado. Satanás es «el príncipe de este mundo» (Juan 12:31; 14:30; 16:11) pero solamente de sus corrientes, filosofías, sabiduría lleno de anomia que busca alejar al hombre cada vez más de Dios, de su Palabra y de su Cristo. El Señor Jesucristo dejó bien claro esto cuando enseñó en el cierre de la oración que llamamos El Padre Nuestro y dijo: (…) porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén (Mateo 6:13); o sea, Dios sigue teniendo el control de todo, sigue siendo el soberano.

Volviendo al hilo de nuestros pensamientos en cuanto a la dignidad del hombre, es por eso que el asesinato es penado con al vida misma, porque a imagen de Dios es hecho el hombre (Génesis 9:6).

Y la más grande prueba de la dignidad del hombre es que el Señor Jesús no vino a morir por la demás creación, sino por el hombre, el mundo en Juan 3:16 la acepción es a la humanidad, no a la naturaleza ni al globo terráqueo, sino al hombre. De manera que el hombre se ha hecho objeto de la ira de Dios por el pecado, está bajo maldición por su imposibilidad de cumplir las normas de Dios, está en condenación y destituido de la gloria de Dios, por el pecado y ha afectado a toda la demás creación.

Pero a muchos de esos que éramos hijos de ira lo mismo que los demás, de estar muertos, de estar en condenación, de estar separados de la gloria de Dios, se nos ha dado la dignidad de ser hechos hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo, fuimos declarados un reino de sacerdotes para oficiar delante de él sacrificios espirituales. No porque seamos mejores que los demás hombres, sino por Aquel que se hizo un poco menor que los ángeles (Hebreos 2:7-9), no en dignidad sino queriendo decir que el Santo, el Sublime, el que habita en la eternidad (Isaías 57:15), Él se identificó con el hombre que es un poco menor que los ángeles, dándonos a entender que se humanizó a fin de librar a los que estaban sujetos a la muerte, como está escrito: Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (Hebreos 2:14-15). Su dignidad depende de lo que el Señor le ha dado, así como la dignidad humana es dada por Dios, la dignidad de hijos es dada por Él, leemos en nuestro texto: nos has hecho para nuestro Dios. Él nos hizo y no para el mundo, ni para nosotros mismos siquiera, sino para nuestro Dios.

Es solo en Él, que tengo salvación
Qué gozo, paz y luz y reconciliación
Es solo en Él, que por mi mal murió
Que heme confiado y hoy confío yo

Adoremos a Aquel que ha hecho todo esto posible.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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