SINCRETISMO RELIGIOSO (III PARTE). EL CULTO DE LOS CANANEOS
SINCRETISMO RELIGIOSO (III PARTE). EL CULTO DE LOS CANANEOS
Entre los dioses cananeos sobresalen los siguientes:
El (el Poderoso) era la deidad suprema. Era un dios tirano, cruel, sanguinario y lujurioso, que echó del trono a su padre y asesinó a su hijo favorito y a su hija. Tenía tres de sus hermanas como esposas. Para los cananeos El era el “Padre de los hombres” y lo representaban como “el Padre Toro”. Es decir, el progenitor de los dioses. El hijo y sucesor de El era Baal (señor), el dios de la lluvia, la tempestad y la fertilidad. Anat, hermana y esposa de Baal, forma junto a Astoret y Asera la trilogía de diosas cananeas que ilustran la gran depravación del culto cananeo. Eran las diosas de la guerra y la actividad sexual. Anat, a quien se le llamaba «Virgen» y «Santa», era en realidad una prostituta del panteón (conjunto de dioses) cananeo. Astoret, la diosa de la estrella vespertina, no siempre se distingue de Anat. Era tanto una diosa madre como una prostituta. Asera, esposa de El, según la mitología de Ugarit, era la diosa principal de Tiro en el siglo XV a.C., bajo el nombre de “Santidad”. Se le nombra al lado de Baal en el Antiguo Testamento, donde el término «Asera» significa principalmente la imagen de esta diosa (1 Reyes 15:13, 18:19, 2 Reyes 21:7, 23:4).
En los cultos cananeos se sacrificaban animales a los dioses (carneros, corderos y palomas). Aunque hay indicios de sacrificios humanos en el culto cananeo del segundo milenio a.C. De acuerdo con los textos ugaríticos y a la literatura egipcia de origen o inspiración semítica, la religión cananea apelaba a lo bestial y material de la naturaleza humana. Esos cultos incluían actividades sexuales, en las cuales participaba personal femenino del templo especialmente separado para tal oficio.
El politeísmo cananeo, que era de lo más degradado, corrompió moralmente al pueblo. En el culto de sus dioses, hombres y mujeres se prostituían a su antojo. Se ha dicho que en aquellos tiempos no había en el Medio Oriente una religión tan degenerada como la de Canaán. Según Levítico 18:25, la tierra estaba contaminada por las abominaciones practicadas por los cananeos, a quienes la tierra tuvo que vomitar (Levítico 20:22).
Jehová ordenó a Israel que exterminase a los cananeos (Éxodo 23:31–33, 34:11–17, Deuteronomio 7:2–4, 9:3). Hay algunos que califican de injusto este mandato y afirman que no se halla en armonía con el carácter de Dios, quien es “lento para la ira y grande en misericordia”. Una buena respuesta a esta objeción se halla en la justicia de Dios y en la naturaleza de la religión cananea. El propósito divino en la destrucción de los cananeos era en primer lugar punitivo (Génesis 15:16; Levítico 18:25). Dios es también justo y sabe dar su paga a los que hacen mal. Castigó a los antediluvianos (Génesis 7) y a los habitantes de Sodoma y Gomorra (Génesis 19) mediante fuerzas naturales. ¿Por qué no habría de destruir a los cananeos a través del pueblo de Israel? No es tampoco la única vez que Él se vale de una nación para castigar a otra. Lo hizo también cuando trae a los asirios para maldición del reino del norte en Palestina y a los babilonios para ejecutar juicio sobre Judá.
Además, el propósito de Dios al destruir a los cananeos era preventivo (Éxodo 23:31–33, 34:12–16, Deuteronomio 7:2–4). No quiere que su pueblo se contamine con las maldades de Canaán. Los cananeos estaban tan corrompidos, que aun su existencia era incompatible con la conservación de Israel en pureza y verdad, necesarias para el cumplimiento de su misión universal de bendición (Génesis 12:1–3).
En realidad, debemos entender que para ese entonces, la región de Canaán se había convertido en un verdadero enjambre de perversiones que habían proliferado, dando rienda suelta a toda clase de desenfreno inmoral bajo el pretexto de adorar a sus dioses.
Los israelitas no cumplieron cabalmente la orden divina y su desobediencia les trajo muchos males. El libro de Jueces menciona los continuos fracasos de Israel. Judá no pudo arrojar a los que habitaban en los llanos (1:19). “Mas el jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín” (1:21). Tampoco Manasés (1:27), Efraín (1:29), Zabulón (1:30), Aser (1:31), Neftalí (1:33) ni Dan (1:34) tuvieron completo éxito en la empresa de desarraigar a sus enemigos. El cananeo “persistía en habitar aquella tierra” (Jueces 1:27) y fue azote y tropezadero para los hijos de Israel (Jueces 2:1–3).
OTROS ASPECTOS RELIGIOSOS DE LOS CANANEOS
Como ya dijimos, Baal era su dios principal y su esposa Astoret la principal diosa. Esta era la personificación del principio reproductivo en la naturaleza. Ishtar era su nombre babilónico: Astarté su nombre griego y romano. Baalim, plural de Baal, eran imágenes de este, y Astarot el plural de Astoret.
El símbolo de Asera era una vara sagrada, tronco de árbol o cono de piedra que representaba a la diosa. Los templos de Baal y de Astoret generalmente se hallaban juntos. Las sacerdotisas eran prostitutas sagradas; y los sodomitas, prostitutos de los templos. La adoración de Baal, Astoret y otros dioses cananeos consistía en las orgías más extravagantes; sus templos eran centros de todo tipo de vicio y degeneración posible.
El mandato expreso de Dios a Israel era que destruyera o desterrara a los cananeos (Deuteronomio 7:2-3). Josué se dio a la tarea con todas sus fuerzas, ayudándole Dios mismo con grandes milagros, en realidad, fue Dios quien lo hizo. CONTINUAREMOS PRIMERO DIOS.
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