SIENDO COMPAÑEROS EN LAS BUENAS, EN LAS MALAS Y EN LAS PEORES
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Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones de parte del Señor, queridos caminantes, les doy la bienvenida a este su humilde rinconcito de meditación, en donde meditamos la Palabra de Dios, le invito a que avancemos a Hechos 14:4, a fin de considerar un aspecto más en la vida de José o Bernabé (que traducido es Hijo de consolación) (Hechos 4:36). Leamos la Palabra de Dios:
Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles.
La frase: Y otros con los apóstoles es una clara referencia a nuestro dúo dinámico. En Antioquia de Pisidia los vimos predicar con éxito el evangelio, pero con oposición, los judíos celosos e incrédulos se opusieron y como no pudieron contra los argumentos de los apóstoles, hicieron algunas cosas, a saber, rebatían, contradecían al mensaje, blasfemaron y, luego, recurrieron a la violencia física pues instigaron a mujeres piadosas y se valieron de ellas para que los magistrados de la ciudad los persiguiesen «y los expulsaron de sus límites». Leemos en 14:1: Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos.
El texto no nos indica que esa fue la siguiente ciudad a que llegaron inmediatamente que salieron de Antioquía de Pisidia, por alguna razón Lucas no nos indica las ciudades por donde pasaron antes de llegar a Iconio, ni que sucedió, ni si hubo predicación en esas ciudades por donde pasaron. Podríamos especular que sí, pero se quedaría en eso, en especulación.
Ahí en Iconio, como solían hacerlo, entraron también a la sinagoga de los judíos, es obvio que en un séptimo día encontrarían a la mayoría o a todos los judíos de la ciudad. Ya consideramos en detalle el por qué Pablo frecuentaba la sinagoga en las ciudades y encontramos que es por convicción, porque buscaba evangelizarlos a ellos, primeramente; y por estrategia, porque tenían las Escrituras y las conocían y, a partir de ellas, era fácil predicarles y luego estos llevarían el evangelio a casa y demás. Ahí también tuvo éxito el evangelio, pues creyó al evangelio una gran multitud de judíos y gentiles.
Lucas nos menciona la ciudad, Iconio; el lugar, la sinagoga; la audiencia, judíos y gentiles prosélitos; el éxito, una gran multitud creyendo; pero también la manera en que predicaron, dice que «predicaron de tal manera».
Ellos hablaron de alguna forma específica, con un tono, estilo, o por la elección de palabras muy particular, de tal manera que tuvo un impacto o efecto muy relevante en su audiencia, su discurso fue un discurso muy persuasivo; pero, considero, la audiencia escuchó un sermón, de una forma en que no estaban acostumbrados a escuchar; los judíos se dieron cuenta de eso en el Señor Jesucristo, leemos: Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas (Mateo 7:28-29); de los apóstoles también: Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús (Hechos 4:13); y Pablo reconoció: Lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, más con doctrina del Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual (1 Corintios 2:13, Reina Valera 1909), dice también: «hablamos sabiduría» (v. 6-7); «hablamos en Cristo» (2 Corintios 2:17); «delante de Dios en Cristo hablamos» (12:19); «hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, quien prueba nuestros corazones» (1 Tesalonicenses 2:4); y, cito también Hebreos 6:9 Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. He ahí lo extraordinario del mensaje de estos siervos de Dios.
Quiero aplicar en otro sentido este hilo de pensamientos, en el esfuerzo de los predicadores al presentar el mensaje lo más claro, pulcro y cercano a las Escrituras posible. En cuanto a la predicación, tenemos lo que denomino, el lado humano de la predicación y el lado divino de la predicación. El lado divino es lo que Dios hace y yo no puedo hacer, por ejemplo, es el Espíritu Santo quien convence de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8) y querer hacer eso yo es un cazó error, caería en la manipulación a las personas y tendría a muchos convencidos por mí, pero no convertidos a Dios; y el lado humano se refiere a lo que yo hago en la predicación, por ejemplo, es a nosotros a quienes se nos dio la gran comisión de ir y predicar el evangelio a toda criatura (Mateo 18:19-20; Marcos 16:15), y sería un error que yo espere a que sea el Espíritu Santo quien lo vaya a hacer. En esta parte he de poner todos mis recursos, todo mi esfuerzo, como dijo el Señor en la parábola de la gran cena: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa (Lucas 14:23); fuérzalos a entrar, demándolos, precísalos, hazlos en el sentido de obligar a entrar. Me llamó la atención un sermón que leí de Carlos Spurgeon (perdone usted que no puedo precisar en este momento cuál), basado en Hechos 17:30 en donde el arrepentimiento es presentado como un mandato de Dios, y Spurgeon a su audiencia; primero, les exhorta; seguido, les ruega; y luego, les dice, ¡les ordeno a que se arrepientan! Pero él lo que estaba haciendo era hacer uso de todos sus recursos del que poseía. Claro, todo esto en el entendido que es el Espíritu Santo quien hace la otra parte. De manera que usted y yo vamos a presentar el evangelio como que, si estuviese en nosotros la conversión del pecador, pero con el equilibrio de tener entendido que la convicción de pecado le pertenece a Dios, el Espíritu Santo.
No sabemos cómo fue el discurso de los apóstoles, ni las palabras que usaron, pero fue efectivo, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos, corona diciendo Lucas. Pero las reacciones se volvieron a ver, no cabe duda que también por celos. En Antioquia de Pisidia los judíos celosos e incrédulos persuadieron a las mujeres nobles y estas a los magistrados, pero aquí se fueron con los gentiles, se asociaron con ellos y los manipularon. Vemos sus acciones en 14:2:
1. No creyeron.
2. Excitaron a los gentiles; y,
3. Corrompieron a los gentiles.
La expresión Mas los judíos que no creían, en griego es apeithe que es descreer voluntaria y perseverantemente, no creer, desobedecer, ser rebelde (Biblia Yahveh). Estos judíos no solamente no habían sido persuadidos, sino que voluntariamente se negaban a creer, todas las evidencias estaban presentes ahí a sus ojos, pero voluntaria y persistentemente se negaban a creerlo, bien dijo el Espíritu Santo en la pluma del escritor humano de la epístola a los Hebreos *Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto* (Hebreos 3:7 compárese versículo 15; 4:7; Salmo 95:7-8) o también Romanos 10:21 Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor. De tal manera que la responsabilidad de su perdición y condenación no está en Dios, ni en los predicadores del evangelio, sino en el endurecimiento voluntario, persistente, soberbio que hacían, como está escrito: Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios (Romanos 2:5).
Pero estos judíos rebeldes al mandato de Dios de arrepentirse (Hechos 17:30-31), no solamente estaban perdidos, sino que, en su impiedad, querían arrastrar tras sí a los gentiles porque los excitaron y corrompieron los ánimos «contra los hermanos». Excitar o levantar. Esta palabra tiene el sentido de incitar, provocar o influir negativamente. Es decir, lo que estaban haciendo es que estaban sembrando hostilidad entre los gentiles contra los predicadores del Evangelio, promoviendo conflicto, oposición y hostilidad. Entonces esta palabra resalta la intención de influir en los gentiles para que adoptaran una actitud negativa hacia los «hermanos».
Pero fueron más allá, la palabra «corromper» es el verbo griego kakóo, que significa hacer mal, dañar, perjudicar, o corromper moralmente. En este contexto, el término describe la acción de los judíos incrédulos al envenenar o trastornar las mentes de los gentiles contra los cristianos, pero también envenenándolos moralmente, espiritualmente, añadiéndole a su pecado de incredulidad, otro pecado más por el qué darán cuentas ante Dios. O sea que los envenenaron contra los hermanos, no solamente creando odio contra los hermanos sino también se refiere al daño de la mente por suscitar en ellos esos pensamientos. Estos pobres gentiles fueron manipulados, pero no inocentes. Si usted no toma la decisión, otro decidirá por usted, pero será responsable, al menos de su indecisión y más. Si aún no es salvo, deje de pensar en lo que van a decir otros, si no se decide por Cristo, el mundo, satanás y su carne van a tomar la decisión de mantenerlo alejado de Cristo y su salvación.
Continuará, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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