¿QUIÉN PUEDE DORMIR ASÍ?
¿QUIÉN PUEDE DORMIR ASÍ?
Presentación de nuestra serie: PAZ EN LA TORMENTA
Le invito a que abramos nuestras Sagradas Escrituras, en Mateo 8:23-27, para recibir del Señor sus palabras con las cuales aprenderemos a amarle y a temerle, la leemos en el nombre del Señor Jesucristo:
«Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? «
Por tormenta, metafóricamente, entendemos como un momento de crisis, denotando una situación que no es segura y de inestabilidad, es obvio que da la idea de incomodidad, de una situación de hastío, una situación de no querer entrar a ella o de salir inmediatamente que entramos a ella, es una situación de peligro que nadie quiere experimentar.
A Mateo me lo puedo imaginar buscando en los estantes de su léxico la palabra apropiada para describir esta situación que pasó junto con sus compañeros y su Maestro. No le sirvió una palabra que describa un ventarrón, una llovizna, o aunque sea olas fuertes o la marea, o la marea roja, o que está bravo el mar, de aquellas expresiones de la que hablan los costeños.
Por fin encontró una palabra Mateo para describir a la experiencia que pasaron, los traductores le llamaron una tempestad tan grande (Reina Valera); una gran tormenta (Biblia de las Américas); un gran movimiento (Biblia del Jubileo); una tempestad tan violenta (La Palabra Hispanoamérica); todas estas versiones lo que intentan es trasladarnos la mejor traducción, pero Mateo describió que fue un seísmo.
Mateo dice que las olas cubrían la barca, o sea que la barca quedaba más pequeña ante las inmensas olas que la sobrepasaban; Marcos, con la dirección del Espíritu Santo nos informa algo más fuerte, diciendo: Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba (Marcos 4:37); y Lucas nos informa que no fue poca cosa pues peligraban (Lucas 8:23).
¡Peligro! es una palabra clave, y el Señor lo captó muy bien pues les dice que tenían temor, Fobos es la palabra que usa para describir la reprimenda del Señor, era fobia, miedo, pánico, inestabilidad emocional provocada por algo externo, pensaron que era el final de sus vidas. Pero de parte de Mateo, el recaudador de impuestos, lo entiendo; o Simón, el que era guerrillero o el Zelote, dicen las Escrituras (Lucas 6:15; Hechos 1:13) y otros cuyos oficios no eran netamente dentro del agua como Pedro, Andrés, Jacobo y otros más. Estos se enfrentaban todos los días a olas grandes y de noche, máxime que su lugar de pesca normalmente era el mar de Galilea, pero esta vez todos peligraban y estaban todos atemorizados, fue inusual lo que vivieron.
Como ya se anotó, la palabra griega para tormenta o una gran tempestad o una gran movimiento es seismós, que literalmente es “un gran sacudimiento”, que se puede referir tanto a una tormenta como a un terremoto. De esta misma palabra griega se deriva la palabra sismógrafo —que es un instrumento para medir los terremotos o temblores provocados por los movimientos de las placas tectónicas o litosféricas—; también sismología —que es la ciencia, parte de la geofísica que se encarga de medir los terremotos o movimientos telúricos—; de ahí también viene la palabra sismólogo —el profesional que ejerce la sismología—; y, como ya se entendió, de ahí viene la palabra “sismo” o “seísmo” —el seísmo es una serie de vibraciones de la superficie terrestre generada por un movimiento brusco y repentino de las capas internas—, que llamaríamos terremoto. En el caso de la experiencia de los discípulos y el Maestro, probablemente fue un maremoto o un sismo. Aquí la palabra se refiere a la agitación del mar y a la terrible fuerza de las ráfagas huracanadas que acosaban a la barca (describiéndolo, tomando las mismas palabras que definen a un maremoto).
Hay tormentas que se esperan —pensemos en aquellas épocas de frecuentes tormentas—; otras que dan tiempo para saber que se van a levantar, al menos unos minutos antes de que sucedan —se dice de los tsunamis que cuando el mar se mete más de lo normal es porque van a ocurrir y salen con más fuerza—, pero este seísmo, nos dan a entender los evangelistas, que se levantó de repente, pues leemos en la versión de Lucas: Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban (8:23). Ocurrieron dos cosas mientras navegaban: El Señor se durmió y se levantó la tormenta. No leemos que hayan sido épocas de tormentas o que algunos de los expertos la hubiesen notado, pues, de ser así, Pedro y otros expertos los hubiese alertado.
Según los estudiosos, el mar de Galilea es conocido por las tormentas que se levantan casi sin previo aviso. En este caso, esa tarde había sido calma, y los discípulos probablemente no habían esperado que pudiera haber tormenta. El cambio fue repentino; de paz y solaz a tormenta peligrosa; repentinamente hubo una situación que invadía la calma para dar paso al temor.
Ahí están los discípulos, en medio de una tormenta y su Maestro duerme plácidamente, probablemente fue por las intensas caminatas, la intensa actividad evangelística, se dejó vencer del sueño o fue a propósito, pero ahí estaba su Maestro. Los discípulos no lo estaban viendo simplemente, estaban agotados, asegurándose de poder vivir, corriendo de un lado a otro, gritándose entre ellos: ¡tomad ese lazo! ¡mirad las anclas¡ ¡Pedro!, ¿y quién tiene el timón? gritos y más gritos —sí, a pesar de los rayos y centellas, los movimientos telúricos dentro del mar, los gritos de los discípulos, el bendito Señor dormía— y no sabían si despertarlo o no. Pero, ¿Quién puede dormir así?
Algo así preguntaron los discípulos, le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? (Marcos 4:38); y fue exactamente a mi pregunta, lo que preguntó Mary Hann Baker en su famoso himno: «Oh buen Maestro despierta» más conocido como: «Maestro se encrespan las aguas», dice: «_¿No ves que aquí perecemos? ¿puedes dormir así?_».
Caro caminante, ¿Qué hubiese hecho usted? ¿Gritar? ¿reclamarle? ¿despertarlo? Hoy le exhorto a caminar, y siempre espere eso de mí como su hermano y amigo, pero, me pregunto, ¿Qué hubiese hecho yo en ese caso? ¿despertamos al Maestro? ¿Se anima? Pero vaya usted adelante para despertarle, vamos pues —bromeo, él no duerme—, pero sí, acudamos al trono de la gracia para pedir misericordia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16) .
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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