Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría
NUTRICIÓN ESPIRITUAL
«Porque un momento será su ira,
Pero su favor dura toda la vida.
Por la noche durará el lloro,
Y a la mañana vendrá la alegría.» – Salmos 30:5
Hablando de la disciplina de Dios, el salmista nos recuerda que las penas que afrontamos en esta vida son temporales. Por muy dolorosa que sea una temporada, solo es una temporada. La vida tiene giros, vueltas, altibajos y, aunque suframos noches oscuras, llegará la mañana.
Este mundo plagado de pecado nos da muchas razones para desesperar (Juan 16:33). Nuestro propio pecado suele acarrear la disciplina de Dios (Hebreos 12:7-8; Apocalipsis 3:19). Las angustias, las desilusiones y las traiciones pueden dejarnos destrozados, y podemos preguntarnos si la esperanza no volverá nunca más. Por eso Dios nos recuerda que la alegría llega por la mañana. Las noches oscuras pueden durar mucho tiempo, pero nunca son permanentes para los que han sido llamados por la gracia de Dios.
En lugar de la desesperanza, tenemos Su promesa de que Él hará que todas las cosas obren para el bien de los que aman a Dios y son llamados según Su propósito (Romanos 8:28). Solo Dios puede tomar lo muy malo y transformarlo en algo muy bueno. Incluso cuando caminamos por «el valle de sombra de muerte», no debemos temer ningún mal (Salmo 23:4). Nuestro Buen Pastor nunca nos abandona, y nuestro sufrimiento siempre tiene un propósito (Salmo 56:8).
David lo comprendió. Fue ungido rey cuando era adolescente (1 Samuel 16:13), pero pasó muchos años huyendo del rey reinante Saúl. No obstante, aquellos años no fueron en vano. Por duros que fueran, fue durante esos años cuando David escribió muchos de los salmos que ahora consuelan a millones de personas.
El apóstol Pablo oyó el portazo de las puertas de la cárcel a sus espaldas, y durante mucho tiempo estuvo sentado en una celda por predicar el Evangelio. Aquel tiempo pudo parecer un desperdicio, pero fue durante su encarcelamiento cuando escribió al menos cuatro cartas del Nuevo Testamento.
Dios permite que el dolor y la lucha entren en nuestras vidas para refinarnos como el oro (1 Pedro 1:6-7). Jesús era Dios en la carne, pero sufrió terriblemente mientras estuvo en la tierra para que supiéramos que Él comprende nuestro dolor (Hebreos 4:15; 5:7-8). Por muy malo que fuera en el momento, «por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2).
Cantemos y meditemos………………
I
Tras la tormenta surge el arco,
y tras la noche brota luz,
tras el dolor y la tristeza
esplende el rostro de Jesús.
Coro
Elevo un himno de alabanza,
de adoración a Dios mi Rey;
por fe en Él mi ser descansa,
y cara a cara le veré.
II
Vendrá la eterna primavera,
tras el invierno abrumador,
y tras las sombras de la tierra,
despertará perenne albor.
III
Tras los conflictos de la vida,
corona espera al vencedor,
y tras el valle de la muerte,
el siervo fiel verá al Señor.
IV
Tras todo está Dios nuestro Padre,
su amor jamás nos faltará,
tras este mundo miro al cielo,
do mi alma siempre morará.
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Saludos cordiales 🙋🏻♂
𝐻𝓃𝑜. 𝒪𝓈𝒸𝒶𝓇 𝒪𝒸𝒽𝑜𝒶
