NUESTRA LENGUA NOS DELATA
NUESTRA LENGUA NOS DELATA
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA
Abramos —o encendamos— nuestras Escrituras Sagradas, esta vez en el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo escrito por el apóstol Mateo, en 26:73 de su libro, recibimos esta palabra, según es en verdad, Palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes (1 Tesalonisenses 2:14). Leamos:
«Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.»
La Nueva Biblia Viva traduce: «¡Hasta Tu manera de hablar te delata!». La palabra griega para descubrir es délos era usada para referirse a aquello que es evidente; en 1 Corintios 15:27, por ejemplo, se traduce como claramente; en Gálatas 3:11 como evidente; en 1 Timoteo 6:7 como sin duda; y aquí como descubrir y, delatar, en la versión citada.
El cuadro es es aquel momento gris, triste y vergonzoso en la vida del apóstol Pedro de cuando negó a su Señor. El esfuerzo, inclusive, que hizo para negar su relación con el Señor, debido al temor. Mi siguiente comentario no es ni machista ni misógino, pero vemos que una mujer y sierva, aún, le hizo que temblara su tunica —no eran pantalones como los que conocemos hoy en día—, en la sociedad judía una mujer no tenía voz ni voto, sus votos eran aceptados solamente si el padre o esposo los avalaba y encima que era una sierva, casta que no tenía derechos, en realidad en el relato de Mateo fueron dos mujeres; pues leemos que Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo y lo negó (vrs.69-70); más adelante leemos que Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno y volvio la negativa de Pedro (vrs. 71-72), y estos que estaban ahí y otros más lo acusaron por tercera vez. Y su negativa fue tanto de manera expresa como del usos de sus palabras, de una manera que los discípulos no solian hacerlo. Dudo mucho que se refiera a que compartían el mismo acento galileo o nazareno, sino a que los discípulos ya se les había quedado la forma de hablar de su Maestro. Y estoy tan cierto en esto pues sus expresiones fue tan radical con tal de esconder su relación con el Cristo pues, leemos: Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo (v.74).
Son dos las características del uso de la palabras en su respuesta para negar su asociación con el Señor, dice que comenzó a maldecir, y a jurar.
Los creyentes no maldicen, ya que ellos han sido llamados para que heredasen bendición, entonces no devuelven mal por mal, ni maldición por maldición (1 Pedro 3:9), sus palabras las usan para bendecir a su Señor (1 Pedro 4:11) y para la necesaria edificación (Efesios 4:29). Si hay uno que maldice a los hombres y bendice a Dios, simplemente es una contradicción, es un imposible, como escribe Jacobo en Santiago 3:9-12, Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce. Y los creyentes tampoco juran en falso, no dicen mentiras, no es ese su estilo de vida.
El mal uso de la lengua es más grave de lo que podríamos pensar, no es solamente aquello que decimos: las palabras se las lleva el viento, tratando de manera frívola lo que decimos contra los demás, es, más bien, un asunto de vida o muerte, porque si de manera constante y habitual hacemos mal uso de la lengua es evidencia de nuestro estado espiritual de muerte y al hacer buen uso, para la gloria de Dios y la necesaria edificación del cuerpo de Cristo, es una manifestación clara de nuestro estado espiritual de vida. Un creyente puede caer en un pecado y ser sorprendido en alguna falta (Gálatas 6:1) y los pecados de la le lengua, no son la excepción; pero no es esa la constante de su vida, es obvio que lo confiesa y se aparta (1 Juan 2:1), procura rectificar y sigue adelante, el creyente no práctica el pecado (1 Juan 3:8-9, 5:18). No es que el individuo, hablando bien alcanza la salvación; sino que la salvación afecta hasta en su hablar bien al individuo.
Así es que, «mas vale que diga palabras dulces, no sea que se las tenga que tragar, que, de hecho, así será», no se olvide.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

#CaminamosCaminante
#PalabrasdeVidaEterna
#SalaEvangelicaGuatemala
#SalasEvangelicas
#AsambleasCristianasGT