¿MENOS QUE UN PAJARITO O UN CABELLO?
¿MENOS QUE UN PAJARITO O UN CABELLO?
Continuación de nuestra serie: PAZ EN LA TORMENTA
Al ir concluyendo nuestra serie, abrimos nuestras Escrituras, esta vez en Mateo 10:29-30, leemos la palabra de Dios:
«¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados».
¿Hay alguien más barato que un pajarillo o sin importancia, o menos que un cabello de la cabeza? La palabra para pajarillo, se traduce generalmente como gorrión y, por extensión, cualquier pájaro pequeño; no lloramos por un pajarillo a no ser que seamos los dueños, pero compramos otro y no lo extrañamos más, porque para cantar hay muchos ruiseñores más. Estos pajarillos, de ínfimo valor comercial, eran vendidos como avecillas por su dulce canto —aves canoras, les llaman— o como alimento. Y su precio era muy bajo, un cuarto valen dos pajarillos, la versión de Lucas dice que son cinco, el asunto es que oscilaban en ese precio, ínfimo en realidad.
Dice que ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre, en el pasaje paralelo de Lucas se dice que ni uno de ellos está olvidado delante de Dios (Lucas 12:6). Es decir, sin que Dios se dé cuenta de ello, sin que escape de su conocimiento de tal manera que podamos decir que la caída o la muerte de ese pajarillo —o la calvicie de esa persona— haya escapado del control de Dios, pero no solamente en su muerte, sino que proveyó para ese pajarillo su alimentación, oxígeno y todo lo necesario para su existencia.
Si el Padre celestial tiene en cuenta y provee para ese pajarillo, a él le importa sus lastimaduras o su muerte, cuánto más ha de significar para él la existencia de uno de sus hijos, el dolor, o la muerte de alguno de ellos.
Sean pajarillos o vuestros cabellos. No se si habrá alguien, creo que nadie, que se interese tanto en sí mismo como para contar los cabellos de su cabeza; sabemos que muchos se preocupan por retenerlos en sus cabezas, pero ¿molestarse por cada uno en particular? Lo que es mínimo para nosotros al Señor le importa mucho, _»Cristo sabe de nuestras luchas, con su brazo me ayudará; otro amigo no hay cuál Cristo, ninguno hay, ninguno hay»_. El Creador nos conoce mucho más íntimamente de lo que nosotros mismos nos conocemos. El Señor tiene el conocimiento de cosas aún mucho más imposibles para nosotros, por ejemplo, llama a las estrellas por nombre (Salmo 147:4-5).
Ahora bien, en nuestro caso, somos una creación admirable y especial (Salmo 139:14-15), pero lo que nos hace invaluables es que somos salvos a alto precio, como está escrito: Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:17-19); el Señor no nos rescató para dejarnos tendidos por una simple tormenta, no entregó lo más preciado que tenía, al Hijo, como para que una prueba, una tribulación o angustia u otro, nos vote de su preciosa mano (Juan 10:28); nada, nada, entiéndalo, nada, nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Cp. Romanos 8:31-39).
En la Buena Semilla del 1 de abril de 2020, cuentan la siguiente historia: «Civilla Durfee Martin y su esposo conocieron a una pareja en el estado de Nueva York y se hicieron muy buenos amigos. Ella, la señora Doolittle, estaba postrada en su cama desde hacía casi 20 años. Su marido era minusválido y se desplazaba en silla de ruedas. A pesar de su situación, estos cristianos eran felices, y animaban a quienes vivían a su alrededor. Un día Civilla le preguntó a la señora Doolittle si algunas veces se sentía desanimada. “¿Cómo podría estarlo si Dios, mi Padre celestial, vela sobre cada pajarito? ¡Yo sé que él me ama y vela sobre mí!”, respondió. Civilla era poeta y, emocionada por estas palabras, escribió la letra de un himno muy conocido en inglés: “His eye is on the sparrow” (Su ojo está en el gorrión). [Tomado de Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)].
Hay muchas versiones de ese himno, una versión en español de ese himno, en el Himnario Canciones de Alabanza para la Gloria del Señor, aparece con el título: ¿Cómo podré estar triste? y dice así:
¿Cómo podré estar triste?
¿Cómo entre sombras ir?
¿Cómo sentirme solo
Y en el dolor vivir?
Si Cristo es mi consuelo,
Mi amigo siempre fiel;
:Si aún las aves tienen seguro asilo en Él.:
Coro:
¡Feliz, cantando alegre,
Yo vivo siempre aquí;
Si Él cuida de las aves
Cuidará también de mí!
“Nunca te desalientes”,
Oigo al Señor decir,
Y en su palabra fiando
Hago al dolor huir.
A Cristo paso a paso
Yo sigo sin cesar,
:Y todas sus bondades
Me da sin limitar.:
Siempre que soy tentado,
O que en la sombra estoy;
Más cerca de Él camino
Y protegido voy.
Si en mí la fe desmaya
Y caigo en la ansiedad,
:Tan solo Él me levanta,
Me da seguridad.:
Qué preciosa promesa esta: He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre (Salmo 33:18-19) ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? ¿Vale la pena seguirle?
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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