LOS PECADOS DE LA LENGUA
LOS PECADOS DE LA LENGUA
Cuando vamos al médico, el galeno normalmente nos dice: «saque la lengua» y hace una revisión de la misma. Como que en medicina la lengua dice mucho de nuestro estado interno, que si la tiene blancuzca, que si amarillenta, que si cuando se despierta la tiene amarga, etcétera, los médicos saben su profesión. Pero bíblicamente también es asi, según vemos el testimonio que las Escrituras dan de ella. Leamos la Palabra de Dios, en Mateo 12:34, en dónde leemos:
«¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.»
¿Ya se dió cuenta que el estado espiritual del hombre determina a sus palabras o el contenido de las mismas? Estos son generación de víboras, son malos y por lo tanto sus palabras van a ser mala, es que, sus palabras evidencian el estado de su corazón; y el estado de su corazón determina sus acciones y sus palabras.
Siempre atinado nuestro Señor, pero el símil de la víbora lo es mas. Esta palabra víbora es echidma en griego, y se refiere a una serpiente venenosa, sea literal o figurativamente. Generación de víboras literalmente es progenie o descendientes de víbora; es decir, descendientes de la serpiente antigua. Nunca va a esperar de una víbora tiernos cariños como lo esperariamos de otros animalitos, como un gato o un perro de casa, sino solamente traición, ataque, veneno, muerte; que aunque la adopte como su mascota, la cuide con ahínco, tarde o temprano lo va a traicionar.
Se cuenta la historia de una persona que decidió adoptar una serpiente como mascota, la tomó desde pequeña, la alimentó y hasta dormía en su cama. De pronto la serpiente dejó de comer y la llevó al veterinario y este la revisó y al no encontrarle nada malo que impidiese su comer normal, le pregunta al dueño: «¿duerme con usted?» Si, fue la respuesta; «¿Ha visto que se estira a la par suya?», Si, es nuevamente la respuesta; «¿Hace como un mes que no come su serpiente?», Si, mas o menos, vuelve a repetir el dueño. «La serpiente no está mal, —dice el veterinario— la serpiente está muy bien, solamente está esperando para comérselo, días faltan para que lo haga». Lo leí, no sé si haya sido cierta la historia, pero si revela muy bien la naturaleza de una serpiente, lo que podemos esperar de ella y si no la destruimos o nos mantenemos alejados de ella, lo que va a hacer con nosotros, que nos va a devorar; así como nuestra naturaleza, para nosotros los creyentes ya es vieja naturaleza, pero para los incoversos, tristemente es su naturaleza y si no huye de ella lo terminará devorando y si no permite que el Señor Jesucristo la hiera en la cabeza para destruirla, lo llevará al infierno y entre sus evidencias está sus acciones malas y también están sus palabras malas o pecaminosas. Estos Fariseos y Saduceos, a quienes aplicó el Señor tal término se hacían llamar hijos de Abraham, pero sus hechos, y entre estos sus palabras, evidenciaba su paternidad.
Para nosotros los creyentes ya es llamada la vieja naturaleza pues gozamos de una nueva en Cristo, como está escrito: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17), y es necesario darle batalla a esa vieja naturaleza, entre otros, también a nuestra lengua, que expresan nuestros pensamientos, sentimientos y nuestra voluntad.
Entonces, una muy buena forma de saber nuestro estado espiritual es conocer nuestra lengua, nuestras palabras, pero más que un hablar bonito, elegante, es saber y procurar cuál es el contenido e intenciones de nuestras palabras, de lo que emitimos. Ahora ya podemos controlarla o al menos poner freno a ella, poniendo un guarda, como está escrito: Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios (Salmo 141:3). Si, necesitamos un vigilante, alguien con toda autoridad como Dios mismo, ya sea que Él ponga a ese guarda o Él mismo sea ese guarda, de lo contrario no tendremos victoria sobre la lengua mala, esto por lo que Jacobo nos dice, según leemos: Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal (Santiago 3:7-8); si, leyó bien, ningún hombre puede domar la lengua. Pero el Señor habló del hombre bueno que del bien tesoro de su corazón saca cosas buenas (Mateo 12:35) y Jacobo hablo del varon perfecto (Santiago 3:2). Esta persona lo es porque ya tiene a Cristo gobernando en su vida como Señor al harberlo confesado como Señor y por eso le teme y busca agradarle. O sea, el temor al Señor es vital en nuestra batalla contra la lengua mala (Mateo 12:36-37).
¿Me acompaña a meditar algunas cosas respecto a los pecados de la lengua?
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón

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