LOS MEJORES PARABIENES – 2

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LOS MEJORES PARABIENES, 2
Continuación de la serie: UN RUEGO POR AMOR

Bendiciones del Señor querida familia en Cristo con su gracia y paz. Sean bienvenidos a este su espacio de meditación de la palabra de Dios. Le invito a que abramos —o encendamos— nuestras Sagradas Escrituras, nuevamente en Filemón 1:3.

«Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.»

Indudablemente que Filemon, la amada hermana Apia, el colaborador Arquipo y la Iglesia que se reúne en casa de Filemon, a quienes Pablo envía esta carta, eran salvos, entonces, finalizabamos nuestra entrega anterior, ¿gracia y paz a salvados?

Permitame contarle la siguiente historia (1). Se cuenta que en un país habían dos facciones que querían tener el control del mismo, ambas eran muy fuertes. Resulta que, con la ayuda extranjera, ganó una de las facciones y llegó al poder, pero la otra facción no se quedó tranquila y estaba tan fuerte que inició la guerra de guerrillas, de tal manera que, quien ascendió al poder peligraba de ser sustituido, y llego a tal punto que el ejército extranjero que ayudó a los otros a llegar al poder, no retiró sus fuerzas de aquel pais.

Algo así ha sucedido con nosotros los salvados. Resulta que el pecado ya no debe gobernar en nosotros, ha sido destrozado, no tiene nada que ver en nosotros, o no debería; pero no se ha quedado tranquilo, es tan fuerte en nosotros que ha iniciado una especie de «guerra de guerrillas» en nosotros, dice Pablo en Romanos 6:11-14: Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Es hermosa la expresión «salvos» o, como prefiero llamar, «salvados»`; o la expresión «nueva criatura»; o, «muertos al pecado»; o «no reine el pecado»; «el pecado no se enseňoreará», claro que lo son y lo creo y lo celebro, pero mi experiencia cotidiana con el pecado es de acechanza, todo el día, todo el tiempo 24/7 los 365 días del año; soy salvo por la gracia de Dios pero el pecado, los malos pensamientos, los malos sentimiento, el egoísmo, aun me atosiga, y no tiene piedad conmigo. Panlo lo llamó la guerra de la carne y el Espiritu, Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis (Gálatas 5:17); yo quiero someterme a Dios en su totalidad, motivado por el Espiritu, pero mi carne no me deja; mi carne quiere entregarse a las pasiones pecaminosas, pero el Espíritu no me deja; mi espíritu (si, p minúscula) motivado por el Espíritu tiene una inclinación natural la verdad, pero la carne es débil (Mateo 26:41). Es tan fuerte la carne, el viejo hombre, como también le llama Pablo, pues está viciado conforme a los deseos engañosos, o con sus hechos, (Efesios 4:22; Colosenses 3:9), que no se somete a la ley de Dios y ni tan poco puede (Romanos 8:7), hasta mis pensamientos debo llevarlos cautivos a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:5).

La palabra griega en Efesios 4:22 para viciado es fdseíro que es fortificado, influenciado, también es arruinar, depravar. Con razón la Biblia de Jerusalén traduce: «despojáos en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias». Y el viejo hombre está tan viciado, es tan fuerte su influencia o su corrupción que nos va seguir atocigándo toda la vida, bien expreso Pablo y hago mía su exclamación

¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? (Romanos 7:24).

Y en comparación del nuevo hombre que es progresivo, que va creciendo en nosotros en la medida que nos vayamos sometiendo a la influencia del Epiritu por sus Palabras, este estaría en desventaja al estar solo. Tan solo piense en esto, en cuanto a su propia vida, ¿cuántos años de vida en esta tierra lleva? Todos esos años el viejo hombre se ha ido viciado, ha ido adquirido vicios y más vicios y se ha ido fortaleciendo más y más en esos vicios. Ahora piense, ¿cuántos años lleva de salvado? Ese es el tiempo que lleva el nuevo hombre en usted. Entonces es fácil saber quien es más fuerte, el viejo o el nuevo hombre. Claro que con el tiempo, medíante la disciplina al entregarse a la Palabra de Dios, se va ir haciendo cada vez más fuerte, o se va renovando hasta el conocimiento pleno (Colosenses 3:10, cp. Proverbios 4:18).

De manera que, ante él diablo y sus mentiras (Juan 9:44); el mundo y sus corrientes (Efesios 2:2), nuestro corazón que es engañoso (Jeremías 17:9), ante él engaño del pecado (Hebreos 3:13), y el viejo hombre viciado, se necesita de la gracia de Dios en nuestras vidas de manera cotidiana. Esta verdad de más gracia para ayudarnos, la vemos claramente en las Escrituras. Juan el bautisador habló que en Cristo se recibe «gracia sobre gracia» (Juan 1:16); Pablo habló de que los corintios necesitaban tener «una segunda gracia» y esto se daría por el ejercicio del ministerio de Pablo en ellos (2 Corintios 1:15); más adelante hablo de la abundancia de la gracia por la generosidad de los hermanos y las buenas obras (4:15; 8:7; 9:8); y que también llamó la «superabundante gracia de Dios en vosotros» (9:4); y Jacobo habla de una «mayor gracia» (Santiago 4:6). Entonces es claro que si necesitamos de la gracia de Dios los salvados.

Permítame hacer un pequeño esbozo de la gracia de Djos protegiéndonos o ayudándonos en ciertas áreas, luego de ser salvos.

1. 1 Corintios 15:10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. La gracia nos ayuda a saber lo que somos y hacemos, para así vencer el plomo de la inseguridad. Solo preocúpese de que la gracia de Dios no sea en vano en usted.
2. 2 Corintios 12:9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. La gracia de Dios nos ayuda en la debilidad, para así vencer el plomo de la queja.
3. 2 Corintios 9:8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra. La gracia de Dios nos ayuda para dar con generosidad, para así vencer el plomo del egoísmo.
4. Colosenses 4:6: Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno. La gracia nos ayuda a saber responder, para así vencer el plomo de la agresividad.
5. Hebreos 13:9: No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas. La gracia de Dios nos ayuda a estar firme en la doctrina, para así vencer el plomo de la contemporización.
6. 1 Pedro 5:5 Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque:Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes; léase junto con Santiago 4:6. La gracia de Dios nos ayuda a someternos a la autoridad delegada, para así vencer el plomo del orgullo.
7. 2 Corintios 1:12 Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros. La gracia de Dios nos ayuda en nuestro testimonio, para así vencer el plomo de ser mal agradecidos.

Filemón, la amada hermana Apia, Arquipo, la iglesia de su casa, Onesimo, Pablo, usted y yo, cómo necesitamos una superabundante gracia de Dios, de manera cotidiana, para así vencer los plomos (el pecado) que aun hay en nosotros y que no nos permiten subir a las alturas en donde somos y mantenernos al raz del suelo de donde ya no somos.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

(1) Historia que leí en el libro «En Pos de la Santidad» de Jerry Bridges, que parafraseo aquí.

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