Lo Que Verdaderamente Contamina

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CRONOLOGÍA DE LOS EVANGELIOS

(Mt. 15:10-20, Mr. 7:14-23) Versículo clave: “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre”. (Mateo 15:18)

En los versículos 1-9, los fariseos cuestionan a Jesús por permitir que sus discípulos ignoren el ritual de lavarse las manos que requería su tradición.

El asunto principal es el enfrentamiento entre la tradición hecha por hombres y la ley de Dios.

Aunque la Torá (ley) incluía muchos detalles, no intentaba anticipar todos los escenarios posibles. Fueron los rabinos quienes desarrollaron la Mishná (compilada entre los años 200 a.C. y 135 d.C.) y el Talmud (compilado entre los años 250-500 d.C.) para corregir aquella “deficiencia” de la Ley. Y así produjeron una obra que ocupó 36,000 páginas.

Aunque su intención era que solamente sirvieran como guía para la gente (que de otra forma hubiera tropezado en el error), estas obras obtuvieron una autoridad casi igual a la misma Torá.

Debido a su deseo de abarcarlo todo, los rabinos estiraron la ley mucho más allá de su intención original. En algunos casos, incluso, tomaron una ley dirigida a un grupo específico, como los sacerdotes, y la aplicaron a todos; o tomaron una ley que se aplicaba a una situación específica y la ampliaron para cubrir todas las situaciones. Casi abordaron todos los infinitos detalles, haciendo a la ley más compleja y más esclavizante con cada palabra. Las excepciones eran tan precisas y tortuosas como las mismas reglas que intentaban exceptuar. Era hacer leyes frenéticamente. Tal vez la mejor analogía contemporánea serían las normas del gobierno. Atrapada en los detalles, una persona muy fácilmente podría no ver el bosque por estar demasiado cerca de los árboles.

La ley declaraba ciertos alimentos como impuros, y comer esos alimentos contaminaba a quienes los comían. Esto no tenía nada que ver con la higiene o la salud, sino con la santidad; es decir, con la obediencia a la voluntad de Dios. Dios había especificado lo que era y no era permitido. Así que no observar estas leyes constituía un acto de rebelión contra Dios.

Jesús dice “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”. Él cambia el eje de lo que entra en la boca (comida) y lo pone en lo que sale del corazón (pensamientos, sentimientos y motivos).

Jesús ni minimiza ni pone a un lado las leyes de la Torá sobre la comida. El asunto es definir lo que constituye la verdadera santidad.

Jesús cambia el énfasis del perfecto cumplimiento de las reglas, al de los propósitos de esas reglas que fueron diseñadas para servir. “Lo que sale de la boca, esto contamina al hombre” (v. 11). Después, hablando a sus discípulos, Jesús lo clarifica: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre” (vv. 19-20).

Al concentrarse en los motivos del corazón más que en la pureza ritual, Jesús hace el cumplimiento religioso más fácil y, al mismo tiempo, más difícil. Es más fácil porque nos saca de la compleja maraña de la Mishná y el Talmud, dándonos lineamientos amplios en lugar de detalladas instrucciones. Es más difícil porque ahora tenemos que dejar que nuestra devoción a Dios afecte las partes más profundas de nuestro ser. Ya no podemos realizar el ritual y considerar que con eso cumplimos nuestra obligación, sino que debemos andar en el Espíritu para establecer una relación amorosa con Dios y con nuestro prójimo.

¿Qué está produciendo nuestros corazones? ❤️

Saludos cordiales 🙋🏻‍♂

𝐻𝓃𝑜. 𝒪𝓈𝒸𝒶𝓇 𝒪𝒸𝒽𝑜𝒶

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