LA VOCATIO
LA VOCATIO
(Acción de llamar)
Continuación de nuestra serie: VIVIENDO A LA ALTURA DE SU DIGNIDAD
Le invito a que abramos nuestras Escrituras en Efesios 4:1 y así vemos nuestro andar en virtud de lo que somos y hemos recibido en Cristo, leemos en el Nombre del Señor Jesús:
«Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados»,
Yo pues. Esta epístola se puede dividir en dos grandes partes, a saber, la primera, la manera en que Dios llama al hombre, capítulos 1 al 3; y, la segunda parte, la manera en que deben vivir los llamados por Dios, capítulos 4 al 6. O sea que con esta declaración Pablo está dando comienzo a la parte práctica de su epístola; aprendemos con esto que el apóstol Pablo no consideraba la doctrina y la práctica como algo separado, la consigna siempre es la fe que obra por el amor (Gálatas 5:6).
Dice que está Preso, es la segunda vez en esta su epístola que menciona su condición de preso, dice que es prisionero de Cristo Jesús (Efesios 3:1). Lo que para otros es una ignominia, una vergüenza, para Pablo es una honra y le sirve como su carta de presentación, porque es preso en el Señor y es prisionero de Cristo, o sea que antes que los judíos, primeramente, y luego que los romanos, lo apresaran; Cristo lo habían capturado antes. La persecución que vive ahora es por vosotros, por los creyentes, por su fe, por su firmeza en Cristo, por su aliento y a Pablo no le importa padecer.
Que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados. Esta es la respuesta de todo creyente, es una muestra de agradecimiento a Dios por su llamamiento celestial. La palabra vocación literalmente es llamamiento. Y andar, literalmente es moverse uno mismo, andar todo alrededor; figurativamente, vivir, poner diligencia en su modo de vida, si leemos en Efesios 2:2; 2:10; 5:8,15 y Colosenses 1:10, vemos un estilo de vida que debemos de observar, y a eso se le llama andar.
Tenemos que reconocer y ser sinceros, es imposible ser plenamente digno de nuestro llamamiento, otro término para nuestro andar es anda delante de mí y sé perfecto, como se le dijo a Abram en Génesis 17:1, esa es la meta, el alto objetivo puesto por Dios, es la vida de santidad, que no nos denota sin ningún error, pero tampoco es justificación a abandonarnos a la carne; pero podemos colocarnos continuamente bajo la dirección de Dios.
Ahora bien, y tenemos que reconocerlo también, el Señor no nos ha llamado porque somos dignos; tenemos una dignidad como humanos, como la cabeza de la creación o la corona de la creación, como le llaman algunos, la cual nos diferencia de sus demás criaturas; pero la dignidad espiritual, ésta que estamos tratando, viene después del llamamiento, es Dios quien nos hace lo que somos, como resaltamos en su momento de Apocalipsis 5:10. Si dependiera de una dignidad innata, Dios no llamaría a ningún hombre, al contrario, el hombre tiene de todo y hace de todo para ser condenado. Cuando el hijo pródigo reconoció y dijo Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros (Lucas 15:19), no cabe duda que estaba expresando la confesión de todo pecador arrepentido, quiero decir, nos estaba representando muy bien. La exhortación es a evidenciar esa vocación cristiana, a andar a la altura de lo que somos en Cristo.
La posición a la que la gracia nos ha elevado, demanda una evidencia ante nuestros congéneres y a partir de esa dignidad recibida, será la operación práctica de aquella posición y la conducta piadosa, será esa evidencia, de modo que luego de tener su vida escondida con Cristo en Dios (Colosenses 3:3), después de reconocer y bendecir al Padre porque nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 1:3), después de aceptar esa verdad por la fe, ese que ya está en los lugares celestiales, debe ir allá con los otros gentiles (5:1-8) y evidenciar su bendición en los lugares celestiales ante ellos; luego de recorrer esos lugares celestiales debe ir con sus hermanos en la congregación y cantar con ellos *con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones (v.19); dentro de todos estos que ya poseen sus bendiciones en los lugares celestiales, hay bendecidas y muchas de ellas son esposas; muchos son esposos, muchos son padres y todos ellos son hijos y ahí deben bendecir a los otros; los hay otros bendecidos que son siervos y otros amos y, en lugar de quedarse en esos lugares celestiales donde ya están, por la fe, va a tener una vida práctica de su fe. O sea que la sociedad, la iglesia local, la familia y en lo laboral deben alcanzar bendición por ése bendecido.
Un andar digno es aquel que es consecuente con la posición digna de un cristiano como miembro del Cuerpo de Cristo; su vocación no es poca cosa, su vida a la altura de esa vocación tampoco lo es y Dios no espera menos de usted, caro salvado.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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