LA SANTIDAD DE DIOS

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LA JUSTICIA MANIFIESTA: LA SANTIDAD DE DIOS
Continuación de nuestra serie: BENDICIONES QUE AHORA GOZA UN CREYENTE EN CRISTO

     Le invito a que volvamos a abrir nuestras Escrituras, siempre en Romanos 3:23, en dónde leemos la palabra de Dios:

«por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios»

     Para entender algo muchas veces es necesario entender el contraste, de hecho, es una técnica que usan mucho los escritores bíblicos. Para entender lo negro podemos estudiar lo blanco, para entender la luz podríamos estudiar la obscuridad; para entender lo que es un necio podríamos estudiar lo que es ser sabio, y viceversa; para entender el pecado podríamos estudiar lo que es la santidad, pero qué mejor exponente de santidad que nuestro Dios mismo.

     A la Santidad de Dios se le ha clasificado dentro de los atributos no comunicables de Dios, algunos la han llamado como «la corona de sus atributos». Según vemos que lo que cantan los serafines en Isaías 6:3 y los cuatro seres vivientes en Apocalipsis 4:8 es sobre su santidad, diciendo: «Santo, santo, santo», expresión de alabanza que se le ha llamado «La Trisagio», otros, «El Trihahión»; es por estos versículos que algunos han dicho que Dios es tres veces santo; pero no es que Dios es solamente tres veces santo, como muchos discuten, pues no hay pasaje para tal afirmación y sería como poner límite a Su santidad, sino que realza, más bien, el significado del número tres de algo que es completo, totalitario. Cuando un judío repite tres veces algo es una expresión de intensidad, confianza de ser asi (Compárece la repetición que hacen los judíos en Jeremías 7:4, aunque en este contexto no era verídica); los angeles, por lo tanto, están expresando con fuerza y pasión esa verdad de la santidad suprema de Dios, Su característica esencial.

     La santidad de Dios es lo que lo separa de su Creación, que no significa que Dios no quiera tener relación con sus criaturas, solamente que exige que ellas tengan santidad también para que moren en Su lugar santo, según leemos: ¿Quién subirá al monte de Jehová?¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño (Salmo 24:3-4) y también: Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios (Mateo 5:8).

     Pero es un estándar muy alto para el pobre hombre pecador. En Deuteronomio 32:5 leemos que la corrupción no es suya; Ana, la madre de Samuel, dijo: No hay santo como el Señor (1 Samuel 2:2) también los que cantan el cántico de Moisés y del Cordero dicen: solo tu eres santo (Apocalipsis 15:4); se le llama el Santo de Israel, al señor Jesucristo el Santo del Señor. Este atributo es  aplicado al Padre, también al Hijo y del Espíritu no se diga pues es Santo, Espíritu Santo.

     ¿Pero qué implicaciones tiene la santidad de Dios? Significa que Dios está apartado del pecado, que no puede convivir con él, que no lo puede tolerar en su presencia sin que tenga que reaccionar en contra del él. El profeta Habacuc dice del Señor: Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él (Habacuc 1:13). Su santidad implica que no puede ver el mal y ni puede ver el agravio; es decir, no puede tolerarlo sin que, por su misma naturaleza de santo, tenga que reaccionar y su reacción normal es de ira, aborrecimiento, de castigo. De hecho, considero sin temor a equivocarme, que la ira de Dios es un subproducto de su santidad. Antes de la caída, mucho antes de la creacion del hombre, de toda la creación, antes de la rebelión de Satanás y de su creación misma, allá en lo que llaman algunos «la eternidad pasada», no concebimos a Dios con ira sino una completa y perfecta armonía en la Triunidad. Vemos su reacción de ira cuando se reveló Satanás y cuando sucedió la caída del hombre, pero esta reacción fue por su santidad.

     Porque es Santo, es que reacciona contra el pecado; porque es justo lo castiga; porque es misericordioso es que es paciente, tardo para la irá y grande en misericordia (Joel 2:13; Jonas 4:2). De tal manera que si no ha destruido al pecador no es porque ya no reacciona igual y ahora sí tolera el pecado, no, y desde no hubo punto de vista, ¡no! Es porque le está dando una u otras oportunidades más al pecador de arrepentimiento, pero de que va a juzgar lo hará, como está escrito: Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios (Romanos 2:5). Eso implica la santidad de Dios un aborrecimiento al pecado, una intolerancia a la maldad, una reacción con ira a la iniquidad, pero no es solamente por un deseo de Dios de reaccionar así, no es una simple rabieta cósmica, sino que por su naturaleza misma de Santo, es que va a juzgar a los hombres conforme a sus hechos, es por eso el carácter imperativo al arrepentimiento de parte de Dios al hombre, pues está escrito: Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos (Hechos 17:30-31).

     La reacción que debemos de tener ante su santidad es el de temor (Apocalipsis 15:4), Isaías cuando oye el cántico de los serafines manifestó su indignidad de haberle visto a tal punto de considerar lo que merecía por su pecado, la muerte (Isaías 6:5), y aún los angeles que adoraban a Dios debido a su santidad, se cubrían sus rostros y sus pies, denotando también su indignidad y tratando de ocultarse lo más que puedan. Cuánto más nosotros pobres criaturas mortales y que nos es propia la corrupción y la mancha (Deuteronomio 32:5).

     Este es el problema del ser humano, está ante un Dios que es Santo, que no tolera el pecado en su presencia y que debe reaccionar, lo debe jugar, lo debe castigar. Eso es lo que Pablo trata en estos pasajes de cómo Dios soluciona el problema en el hombre al manifesfar su justicia. Entiéndalo de esta manera, es como que si yo le dijera a aquel gusanito que está en el jardín, aquí es incómodo tu estado, llevas sol, cereno, lluvia, frío, y, sobre todo, el peligro de muerte por un depredador; pero en el segundo nivel de mi casa hay un cuarto muy acogedor, una cama muy suave, solamente tienes que bajarte de tu ramal, abrir la puerta, pasar la sala, subir las gradas y llegar a mi cuarto que puede ser todo tuyo. Pero al gusano le es imposible hacer eso, a no ser que yo mismo lo tome en mi mano y lo suba para que disfrute de todo lo que le ofrezco. Se que entiende mi parábola. El Dios Santo ha descendido a nosotros para hacernos ascender a Él.

     Continuará, Dios mediante.

     ¿Caminamos caminante?
     Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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