LA SALVACIÓN CERCANA
LA SALVACIÓN CERCANA
Continuación de nuestra serie: BENDICIONES QUE AHORA GOZA UN CREYENTE EN CRISTO
Le invito a que abramos nuestras Escrituras, para considerar nuestro siguiente AHORA, y saber la bendición que ya gozamos en Cristo y bendecir a Aquel que ha hecho todo esto posible, a saber, nuestro Amante Salvador, Cristo Jesús, Señor nuestro, hagámoslo, pues, en Romanos 13:11:
«Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos».
Y esto, es decir, la actitud de la manera más estricta y altruista del cumplimiento de la ley que es el amor al prójimo. El Señor Jesucristo enseñó sobre el primer y grande mandamiento de toda la ley y es amar a Dios sobre todas las cosas y el segundo es similar a este y es amar al prójimo como a sí mismo, y termina con la sentencia, De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas (Cp. Mateo 22:36-40). Y Pablo habla de que amar al prójimo es resumen de la ley (Romanos 13:9). Entonces, esto, se refiere al cumplimiento de la ley que es amar al prójimo y es por un conocimiento, dice Pablo conociendo el tiempo. Por amor cumplimos la ley y también por la esperanza.
Conociendo, literalmente es percibir, conocer, saber, ver, llegar a una comprensión, dice, el tiempo, en griego es Kairós que es un tiempo fijo o apropiado, es una oportunidad. Son dos las palabras que se usan en griego para hablar del tiempo que es Chronos esta se refiere al tiempo lineal, al que medimos con el cronómetro (de hecho, de ahí proviene dicha palabra) y el tiempo Kairós, se refiere al tiempo de Dios, a un tiempo específico, sería el momento oportuno, el específico. Es necesario que aprendamos a los de Isacar que eran entendidos en los tiempos, pero no para ufanarse ni para pavonearse en este don o privilegio dado por Dios, sino para ser sabios y entendidos de lo que deben hacer y advertir de lo que debían hacer sus hermanos en virtud de esa verdad, como está escrito: De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos (1 Crónicas 12:32). Desde que el Espíritu Santo descendió sabemos que estamos en los postreros días (Hechos 2:17) y que son los tiempos finales.
Pero hay otra actitud ante esa verdad del conocimiento del tiempo y es levantarnos del sueño, esta es otra forma de hablar de preparación, de ser sobrio y de velar; es que para esperar el gran día del Señor Jesucristo se nos exhorta a que estemos preparados, de ser como las vírgenes prudentes y no como las insensatas (Mateo 25: Cp. 1 Tesalonicenses 5:6); o sea que no es tiempo para la modorra espiritual, de dejar el espíritu de estupor, de sacudir el sopor, como también leemos en Efesios 5:14: Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo (Efesios 5:14). Por eso debemos de ser diligentes y andar como sabios y no como necios, debemos aprovechar el tiempo, debemos conocer la voluntad del Señor, debemos buscar la llenura del Espíritu, controlar nuestra habla, convivir en comunidad, ser agradecidos con Dios, someternos los unos a los otros, honrar a la familia, al cónyuge, a los padres, a los hijos, honrar el trabajo, entre otras cosas de testimonio; como colocarnos la armadura de Dios —que es vivir la salvación—, la oración y la evangelización (Cp. Efesios 5:15 a 6:20).
Porque AHORA, al tiempo presente, cada vez más, nos acercamos a nuestra salvación. Dice Pablo, está más cerca de nosotros nuestra salvación. Pablo no se está refiriendo al momento del perdón de nuestros pecados y que fuimos salvos de la condenación de los mismos, cuando confesamos a Jesucristo como nuestro Señor (Romanos 10:9-10). Por salvación Pablo se refiere al día de la glorificación, cuando viviremos la plenitud de nuestra salvación, cuando seamos libres de una vez por todas de la presencia del pecado en nuestras vidas, se refiere a la venida de Cristo en gloria, cuando venga por sus santos, que claramente abarca a cuando venga con poder con sus santos a reinar.
Pablo ya ha hablado de esto en el capítulo 8 de esta su epístola describiendo este magno evento como la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse (v.18), la manifestación de los hijos de Dios (v.19), la libertad gloriosa de los hijos de Dios (v.21), “la adopción, la redención de nuestro cuerpo* (v.23). Es a esa salvación a la que se refiere el apóstol. Luego añade: de cuando creímos. Es decir, cuando primero creímos; “cuando abrazamos la fe” (Biblia de Jerusalén) o que «creímos en el mensaje» (Dios Habla Hoy), o «cuando empezamos a creer en Jesús» (Traducción Lenguaje Actual). Sea la traducción de su preferencia, el verbo creímos indica el momento cuando se aceptó la fe cristiana, el mensaje de salvación, el bendito y santo evangelio de nuestro Señor Jesucristo (Cp. Hechos 19:2; 1 Corintios 3:5; 15:1-2).
El Señor hizo muchas advertencias, y una constante en ellas fue estar a la expectativa del regreso del Señor (Cp. Mateo 24) y siempre va condicionada con el consejo de que el día y la hora nadie sabe (Mateo 24:36), y Pablo tuvo en cuenta esta precaución (1Tesalonicenses 5:1-2; 2 Tesalonicenses 2:1-2). No obstante cada vez que advertía y exhortaba a aguardar la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo (Tito 2:13), lo hacía de manera tan vívida e impactante que lo hacía como que si fuese ese mismo día, y es por eso que se incluía dentro de los vivos que habría de estarlo cuando regrese el Salvador (1Tesalonicenses 4:13-17; 1 Corintios 15:51-52). Pero no era exclusivo de Pablo, otros escritores del Nuevo Testamento compartían este mismo sentimiento (1 Pedro 4:7; 2 Pedro 3:1-18; Juan 2:18; Apocalipsis 22:12, 20). El hecho de que este tiempo se ha prolongado más de lo esperado, no significa que la Palabra de Dios haya fallado o que retarde su promesa, según algunos la tienen por tardanza, es, más bien, por su benignidad que siempre está guiándonos al arrepentimiento (Romanos 2:4), pues El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9), de manera que la obra evangelizadora se debe cumplir a todo el mundo (Mateo 24:14).
Desde que los ángeles, en aquel monte de la ascensión, cuando el Señor fue ocultado de la vista de los discípulos, y les hablaron diciendo: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hechos 1:11), y desde ahí la Iglesia ha estado con los ojos puestos en el cielo, como dice Pablo en Colosenses 3:1-4 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Entonces, entre tanto que Cristo vuelva por sus santos —y posteriormente aparezca con sus santos— es indispensable que cada creyente experimente un sentimiento continuo y vital de la brevedad del tiempo y de la inminencia del retorno de Cristo. Esta motivación es indispensable para completar la obra que debe concluirse y hacer frente a las condiciones que se presenten. Permanece siempre intacta la verdad de que a los que duermen en una tibia complacencia propia, el día del Señor los sorprenderá como ladrón en la noche, “y no escaparán” (1Tesalonicenses 5:3), como las vírgenes insensatas de Mateo 25.
Caro hermano ¿está preparado?
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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