LA RECONCILIACIÓN RECIBIDA

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LA RECONCILIACIÓN RECIBIDA
Continuación de nuestra serie: BENDICIONES QUE AHORA GOZA UN CREYENTE EN CRISTO

Volvamos a abrir nuestras Escrituras, está vez en Romanos 5:11, para ver nuestro siguiente AHORA. Leemos la palabra de Dios:

«Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación».

No sólo esto. Es decir, no sólo la justificación, nuestra declaración de inocencia de parte de Dios debido a la justicia de Cristo imputada a nosotros y recibida por la fe. Pablo menciona otro de los resultados de la justificación por la fe que es la reconciliación, pero también enfatiza nuestra actitud ante esta verdad.

Ya ha dicho que nos gloriamos —esta palabra tiene la connotación de encontrar complacencia, jactarse, regocijarse—, entonces nos regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios y en las tribulaciones (Vrs. 2-3); los judíos se jactaban de sus propias obras de glorías en Dios, les dice Pablo en Romanos 2:17, pero no como el cristiano se gloría, sino por su religiosidad, por su esfuerzo, por lo que el judío hacia por Dios y para Dios; en cambio el creyente en Cristo se goza en lo que Dios ha hecho por él y está haciendo en él, se gloria en la Obra de Dios que es la Obra de Cristo. Ahora Pablo añade que también nos gloriamos en Dios, pero, resalto, es en Dios. Los creyentes en Cristo, no descansamos, ni confiamos, nuestra tarjeta de presentación no es lo que hacemos por Dios y para Dios o, al menos, no debería de serlo, no tenemos en nosotros mismos nada de qué gloriarnos (Romanos 3:27; 4:2), lo que sí tenemos es una gran razón para que nos gloriemos en Dios, en virtud de su amor salvador (Cp. Jeremías 9:23-24; Romanos 5:5-11; 1Co 1:30-31; 2Co 10:17-18) y, en base a este amor que entregó a su Hijo por todo el mundo (Juan 3:16-17) siendo eficaz su sacrificio a todo aquel que cree (1 Juan 2:2), al judío primeramente y también al griego (Romanos 1:16). De manera que todo creyente tiene de qué regocijarse y también tiene un gran motivo para hacerlo, tanto se regocija en la bondad de Dios y en el hecho de que el universo está bajo el dominio de Dios, bajo su control. Entiendo lo dicho por Juan el mundo entero está bajo el maligno (1 Juan 5:19), pero Juan está contrastando a los hijos de Dios y a los hijos del diablo, los de las tinieblas y los de la luz, en toda su epístola lo ha hecho, el mundo, sus filosofías, sus corrientes de pensamiento, sus prácticas y los inconversos mismos, claro que están bajo su dominio y se oponen a Dios (1 Juan 2:15-17), pero el Señor Jesús dejó en claro que el reino, el poder y la gloria son de Dios, según leemos porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén (Mateo 6:13).

Entonces, el pecador se opone a Dios y no halla placer en él, sea que le tiene miedo, pánico, le tiene terror a Dios, no el temor bíblico que todo creyente le tiene, o sea que lo odia, si, esto último es más acertado bíblicamente, lo aborrece. Los hombres sin Cristo son descrito como aborrecedores de Dios (Romanos 1:30) y aborrecedores de lo bueno (1 Timoteo 1:30), pero un creyente es alguien que se gloría en Dios por su justificación y reconciliación con Él. De hecho, una evidencia de que estamos verdaderamente convertidos y reconciliados con Dios, es que nos regocijamos en él y hallamos placer en contemplar sus perfecciones como se nos han revelado en Su palabra.

Por el Señor nuestro, sigue diciendo nuestro texto. Los escritores del Nuevo Testamento destacan continuamente la mediación de Cristo en todos los actos y experiencias de la vida cristiana. Todo es por medio de Él Cristo y nadie más tiene los méritos de ser declarado, conforme a las Escrituras, el mediador entre Dios y los hombres, sino solamente Jesucristo que se hizo hombre (1 Timoteo 2: 5). Nuestro verdadero regocijo es en Dios y en el Hijo (Filipenses 4:4), porque el Señor Jesucristo fue quien nos ha revelado el verdadero carácter de su Padre y nos ha reconciliado con él.

Reconciliación, si, la reconciliación como resultado de la justificación, como ya no hay más deuda, ya no hay más pecado que exija una penalización, ya no hay beligerancia entre Dios y los hombres, entonces ya hay paz (Romanos 5:1) y reconciliación. Pablo no se está refiriendo al medio por el cual se efectúa la reconciliación, esto ya lo hizo en Romanos 3:25, sino al hecho de la reconciliación, es decir, se refiere a la verdad bíblica, a la declaración divina, a la bendita verdad que ya estamos reconciliados con Dios (Romanos 5:10), porque por Jesucristo hemos recibido AHORA la reconciliación (Romanos 5:11, énfasis añadido), por lo cual alabamos y bendecimos su Nombre, declarándole como nuestro Señor.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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