LA LENGUA CONTENCIOSA, PARTE 2

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LA LENGUA CONTENCIOSA, PARTE 2
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA

     Es esa lengua contenciosa, pendenciera, rencillosa, perversa, llena de soberbia y que causa gran desastre, como ya vimos. Le invito a que abramos nuestras Escrituras está vez en Proverbios 18:19 para seguir descubriendo los desastres que causa y evitar este pecado en nuestra vida, leamos la Pala ra de Dios para nosotros:

«El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar.»

     Para evitar las pendencias lo que debemos evitar primero es la perversidad, la necedad y, entre otras cosas más, la soberbia. La soberbia, me permito definarla, como esa actitud necia de actuar como que si Dios no existiese, como que si Dios no nos hubiese dado Su palabra y como que si Dios no nos va a llamar a cuentas; es decir, andar, actuar y hablar sin el temor a Dios. Cuando reformamos nuestro ser interior y nos disciplinamos desde allá y andamos en temor a Dios, valorando nuestra relación con Él y sus demás hijos, es más fácil controlar nuestra lengua pendenciera.

     Ahora bien, esto es tan importante de controlar, por algunas razones que le enumero:

1. Es tan importante de controlar, especialmente en la familia y en la congregación, porque son las relaciones más importantes, entre la escala de gente prioritaria. Nuestra escala de gente prioritaria debe ser:

• Dios, sobre todas las cosas, amarle es calificado por el Señor Jesús como el gran mandamiento y el primero y grande mandamiento (Mateo 22:36-38);
• La familia, entre la familia el cónyuge con quién llegamos a ser una sola carne (Génesis 2:24), y luego los hijos, padres, hermanos, de los que si no los atendemos llegamos a ser peor que un incrédulo y negamos la fe (1 Timoteo 5:8); y,
• La familia de la fe, de la que leemos que debemos hacer bien mayormente (Gálatas 6:10).

2. Es tan importante controlar porque muchas veces, ofendemos de palabra y simplemente decimos: «ya se le pasará» o, _»las palabras se las lleva el viento»_, pero el Señor dice lo contrario, Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio (Mateo 12:36). Aún las ofensas en palabras debe ser discutido y puesto en la mesa para pedir perdón y procurar ese perdón, aunque no se llegue a la agresión física.

3. Es tan importante de controlar, también, porque toda ofensa destruye la confianza entre hermanos. Imagínese a dos consiervos que batallaron juntamente en el evangelio y hay una discusión no pequeña y se dicen cosas hirientes ¿Cómo habrían de andar juntos después? De hecho, el profeta nos lo dice: ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo? (Amos 3:3). A no ser que hayan un verdadero perdón, una verdadera muestra de arrepentimiento y una humildad grande. Siendo sinceros, a Pablo y a Bernabé no los vemos juntos después de Hechos 15, debido a los sucesos de los versículos 36-40, Bernabé tomó a Juan Marcos, el asunto de su discusión, y Pablo escogió a Silas y se fueron por rumbos separados. No afirmo que nunca se reconciliaron, quiero pensar que si, pero no hay relato bíblico para ello y tampoco que anduvieron juntos después. Tampoco con Evodia y Sintique no las vemos juntas después, probablemente arreglaron sus problemas, y quiero pensar que sí y lo más probable es que sí, pero no hay evidencia de ello.

4. Es tan importante de controlar porque es difícil recuperar esas confianza. Atienda en nuestro texto de Proverbios 18:19 los símiles de una ciudad fortificada y un alcázar, así es el hermano ofendido y las ofensas de los hermanos. La idea es que es difícil de derrumbar derrumbar así como es difícil derrumbar una guarnición o conquistar una ciudad fortificada, dando la idea de que es más fácil conquistar ese fortín, esa ciudad; es más fácil entrar a aprisionar al rey que ganarse al hermano ofendido. William Macdonald escribe en su comentario de este texto:

Las disputas entre familiares allegados son a menudo las más difíciles de resolver. Es más fácil conquistar una ciudad fortificada que lograr la reconciliación de hermanos ofendidos. Sus contiendas son como cerrojos de alcázar, frías, duras, inmóviles. Las guerras civiles son siempre las más amargas.

5. Otra razón por la que es tan importante de controlar la lengua pendenciera es por el orgullo. Y, si cedemos y ofendemos, es importante que,  inmediatamente al ofender pidamos perdón en aras de la armonía y el buen testimonio, en obediencia a lo que Pablos nos dice en Efesios 4:26-27: Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. Es decir, no se oculte el sol y ustedes sigan enojados. Esto es así porque el orgullo puede ganar terreno en nosotros y, mientras se va arraigando en nosotros más y más el orgullo, será más y más difícil el pedir perdón o el perdonar. No es cierto eso de que el tiempo lo cura todo.

     ¿Verdad que es mejor callar que levantar la voz de manera impia, ofendiendo y alimentando las disputas? ¿Verdad que es cierto lo que he dicho? y se lo vuelvo a decir: _»más vale que diga palabras dulces, no sea que se las tenga que tragar»_.

     ¿Caminamos caminante?
     Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón. 

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