LA JUSTIFICACIÓN DECLARADA
LA JUSTIFICACIÓN DECLARADA
Continuación de nuestra serie: BENDICIONES QUE AHORA GOZA UN CREYENTE EN CRISTO
Le invito a que abramos nuestras Escrituras y recibir del Señor Sus palabras, esta vez adelantamos a Romanos 5:9, así dice la Biblia:
«Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira «
No está demás repetir, y para nosotros es seguro (Filipenses 3:1) que la justicia de Dios es todo lo que Dios ha hecho en Cristo Jesús, a efecto de que el hombre pueda presentarse inocente y sin culpa ante Dios. Y el ser justificado es ser hecho eso, inocente y sin culpa ante Dios pero por Cristo. A esto se le llama la justicia imputada, es decir, depositada a nuestra cuenta, dada a nuestro favor. Pablo dice que ya estamos justificados, ahí es donde encontramos un sinónimo a nuestra palabra AHORA.
Pues mucho más. Los otros pecadores, en condenación, bajo la ira de Dios, muertos espiritualmente, ya no somos contados más como culpables y todo gracias a la justicia de Cristo, como está escrito: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Corintios 5:21); de hecho, somos sabiduría en Cristo, somos justicia en Cristo, somos santos en Cristo y redimidos en Cristo (1 Corintios 1:30); para nosotros fue sin costo alguno pero fue mediante su sangre o su vida; ósea que Él fue el precio de nuestro rescate (1 Pedro 1:18). La idea es que si Cristo murió por nosotros siendo aún pecadores, enemigos suyos, siendo abominables, estando bajo su maldición, debido a nuestro pecado, merecedores de su ira y no de su gracia, simplemente siendo criaturas suyas; es seguro que nos salvará AHORA que estamos justificados, reconciliados, ahora que somos contados como hijos. Si su amor fue tan grande que dio su vida por sus enemigos, ciertamente salvará a sus amigos de la ira.
En su sangre. Es decir, por su muerte, la dádiva de su vida perfecta en el sacrificio expiatorio (Romanos 3:25), pero el versículo 10 nos dice que es por su vida, es que la vida de toda carne en la sangre está, declaran las Escrituras en Levítico 17:11, y por eso mismo era la sangre que se derramaba para la expiación de pecado, como está escrito: Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona; por eso una sangre de invaluable valor era necesaria para el pago de nuestro rescate, ninguna otra sino solamente la del Hijo de Dios, de Dios mismo, fue derramada por nuestras culpas.
Note algo interesante aquí. Pablo habla aquí de la justificación como efectuada “por su sangre”; no utiliza el también característico de ser “justificados, pues, por la fe” (por ejemplo Romanos 5:1), esto es sencillo de explicar, es debido a que Pablo está considerando la justificación desde el punto de vista de Dios, Dios demandaba derramamiento de sangre para expiar el pecado, demanda una sangre justa, santa y sin mancha y por eso determinó, desde antes de la fundación del mundo, que Su Hijo fuese inmolado, por eso es presentado como el Cordero inmolado y también desde antes de la fundación del mundo (Cp. Apocalipsis 5:6, 9,12 y 13:8). Nuestra fe no añade nada a la dádiva de Dios, que es la Obra de Cristo, que es Cristo mismo, solamente la acepta, la recibe, como está escrito: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12); y este recibir no es ninguna obra de parte del hombre. De esa cuenta, tenemos a un benefactor —Dios— quien otorga su dádiva —Cristo Jesús— y un beneficiado —el hombre pecador— quien solamente alarga su mano para recibir el regalo de Dios, la dádiva de Dios que es la vida eterna, como está escrito: Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 6:23).
El precio infinito, de tal alto valor, invaluable por nosotros, que fue pagado por nuestra redención nos revela el maravilloso amor de Dios y la alta valorización de Dios al ser humano; Dios no murió por los animales sino por nosotros. El razonamiento de Pablo es que si Dios nos ama tanto que estuvo dispuesto a pagar un precio infinito por nuestra justificación, con seguridad guardará lo que ha sido comprado a tan elevado precio. Dice, de la ira. Es decir, de la ira venidera de Dios (Cp. 1Tesalonisenses 1:10; Romanos 1:18; 2:5), o literalmente desde el griego «liberados de todo contacto con la ira».
Gloria sea a Él, gloria sea a Él, gloria sea al buen Salvador
Claro que sí, ¡Soli Deo Gloria!
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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