LA INTERCESIÓN DE LOS SANTOS, PARTE II

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LA INTERCESIÓN DE LOS SANTOS, PARTE II
Continuación de nuestra serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN

Bendiciones del Señor queridos caminantes en Cristo Jesús. Sigamos considerando lo que la gracia de Dios logró en el hermano apodado Bernabé, para el efecto volvemos leer en el libro de los Hechos de los Apóstoles, en 9:27. Dice la Palabra de Dios:

“Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús.”

Gadisa Gudelli, un serbio, cristiano de la iglesia Ortodoxa, exfutbolista de la liga española, quien renunció a su carrera debido a un paro cardíaco durante un partido, se dice que estuvo sin vida durante cuatro minutos, los médicos le salvaron la vida y le implantaron un desfibrilador y de nuevo tuvo en desvanecimiento, tuvo que decidir entre jugar o vivir, jugar el fútbol o morir, lo interesante es lo que dijo, lo cito: «A veces Dios rompe tu camino, para que tu camino no te rompa a ti». Eso exactamente le sucedió a Saulo de Tarso, iba por su camino, peleando contra el Señor, dando de puntapiés a esa cosa de hierro que sirve para arrear al buey y precisamente daba con toda su furia contra la punta, eso es lo que significa «dura cosa te es dar conoces contra el aguijón», Saulo de Tarso salió de Jerusalén con una misión, pero en el camino fue salvado de su camino al obedecer al Camino a entrar por la puerta estrecha (Mateo 7:13) y, pasado un tiempo, volvió a Jerusalén.

Nos quedamos con dos preguntas en nuestra entrega anterior.

¿Cómo habrían de recibirlo sus antiguos compañeros, los principales sacerdotes, que se había constituido en enemigos del evangelio, de Dios y de la humanidad? En Damasco los judíos resolvieron en consejo matarle (Hechos 9:23), y en el versículo 29 leemos que disputaba con los griegos, estos son los judíos helenistas o los judíos griegos (Cp. Hechos 6:1,9), probablemente sean los mismos o entre estos había algunos que discutieron con Esteban (v. 9), pero ahora aquí era Saulo, uno que se creció entre ellos, formado académicamente como ellos, uno que estaba preparado para el debate. Con Esteban estos judíos disputaban con él; con Saulo, era él quien disputaba con ellos; y, al igual que con Esteban, no podían resistirle, entonces estos procuraban matarle. Estos judíos griegos eran personas preparadas, eran los encargados de las respectivas sinagogas de su localidad, probablemente la mayoría de la llamada de los libertos.

Entonces fue recibido mal, muy mal, por sus antiguos compañeros en el judaísmo en donde los aventaja en celo (Gálatas 1:4), estos procuraban matarle.

Pero hay otra pregunta, ¿Cómo fue recibido por los hermanos, por sus nuevos hermanos en la fe? Hay un dicho que dice: «Hazte fama y échate a dormir». En Hechos 9:26 leemos: Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. No, no debemos de condenar a los cristianos de aquella época. Es incorrecto y hasta se torna injusto, el querer interpretar ese evento con la realidad de nuestro tiempo, en relación con nuestra libertad de culto de hoy en día, nunca debemos de hacer eso.
Los creyentes de Jerusalén lo conocieron mayormente como a un enemigo del evangelio, él mismo era, lo que acusó a los judíos más adelante, de cometer pecados de lesa humanidad, según leemos en 1 Tesalonicenses 2:15-16: los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo. Por eso en algún momento dije que eran, Saulo otrora, enemigos de Dios, de los creyentes y de la humanidad, pues se estaban oponiendo a lo único establecido por Dios para que pudiesen ser salvos todos los hombres.

Amenaza, cárcel o muerte, castigos, invadir casa por casa y arrastrar a hombres y mujeres (Hechos 8:3), es decir, sin respeto y sin piedad alguna, es lo que caracterizaba a este hombre que pretendía acercárseles todo el tiempo, de manera continuada, en el culto o en cualquier lugar que se reuniesen. Eso es lo que estaba en la mente de los hermanos y era de sospechar.

De tal manera que no era aborrecimiento de los hermanos, era desconfianza, era cautela, era andar prevenido, era hacer uso de la prudencia y sencillez, era seguir la advertencia y obedecer el consejo de su Salvador, según leemos en Mateo 10:16-18: He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. Puedo imaginarme que no faltaba uno que otro que lo señalaba como el autor intelectual del asesinato por lapidamiento de Esteban y asegurar que él lo vio y Saulo no hubiese podido contradecirlo, porque tenía razón, solamente decir: «en otro tiempo, en mi ignorancia» o, «perdón hermanos» y regar alguna lagrima de arrepentimiento.

Ahora bien, y sigo entendiendo a los discípulos, es cierto que se les habían advertido sobre las persecuciones que les vendrían, pero exponerse innecesariamente al peligro no era de sabios. También debían huir de una ciudad hacia otra (Mateo 10:14, 23) y no solamente poner la otra mejía. Entonces si, debemos de entender a estos hermanos.

Leemos que el ahora hermano Saulo, trataba de juntarse con los discípulos. La palabra griega para decir que «trataba», es peiraomai, que es probar subjetivamente, intentar, tratar. Cuando alguien es admitido recién en algún grupo, de por sí está tímido, no tiene mayores temas de conversación con los demás, no tienen mucho en común, y eso no escapa de los salvados, también nos sentiríamos como «mishitos recién comprados», dirían en mi pueblo, con lo único en común que es la fe y el deseo de aprender, por lo demás, estaríamos tímidos, si saber de qué hablan, de qué se ríen, si bromean o no. Pero Saulo estaba así, y además con el estigma que se fabricó él mismo de enemigo de los cristianos y también con su conciencia que le trasladaba y satanás, aprovechando en acusarle, no cabe duda.

Dice el texto que trataba de «juntarse». La palabra que se traduce es kollá que significa «encolar», o pegar con cola, «pegarse», figuradamente es «arrimarse, unir». Se emplea para describir un compañerismo muy íntimo, por ejemplo, se usa en Mateo 19:5 refiriéndose a la unión de esposos y en Lucas 15:15 para describir a aquel hijo descarriado que se fue a refugiar a aquel hombre rico de su ciudad. Saulo procuraba el compañerismo íntimo, de confianza, de camaradería, de dependencia, inclusive, con los discípulos. Pero estos lo rechazaban.

Insisto, no son ellos los culpables, simplemente la iglesia le tenía desconfianza y eso es algo humanamente natural. ¿A caso no sería normal sus sospechas? ¿A caso no cabe la posibilidad de que se les había acercado con la intención de destruirlos? Cualquiera podría decir que era un infiltrado y una táctica más para arrastrarlos, torturarlos, matarlos o, peor aún, hacerlos blasfemar, como solía hacerlo. Los hermanos simplemente estaban siendo cautelosos hasta estar seguros de su sinceridad. Sea por la ausencia de los tres años de silencio de él u otro motivo, pero, leemos en el texto: pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo.

Esto hace que haya una brecha entre Saulo y la Iglesia de Jerusalén y, por ende, las demás iglesias, simplemente no se podían unir, había fuertes argumentos para la actitud que tenían, le tenían miedo bien fundado, ¿Quién aceptaría a un hombre así a primas y primeras?

Es de resaltar que Saulo, a ahora se esfuerza y trataba, aunque sin éxito, pero trataba de juntarse con aquellos a quienes antes asoló (9:21), no lo dejó así, simplemente diciendo: «Ya se les pasará», el insistía y se esforzaba, pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo.

O sea que alguien había informado a los hermanos en cuanto a la conversión de Saulo, se alegraron, pero de lejos, aun no estaban dispuestos a aceptarlo, o no lo creían.

Y ahora, «¿quién podrá ayudarlo?» He ahí el papel de nuestro hijo de consolación, he ahí la relación de Bernabé y Saulo, he ahí la evidencia de una bonita amistad y hermandad en Cristo. Pero, otra pregunta, ¿qué motivo a Bernabé a llevarlo a los apóstoles?

Continuará Dios mediante,

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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