La fe verdadera

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NUTRICIÓN ESPIRITUAL

«Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días” – Hebreos 11:30.

Entre los ejemplos de fe se sitúa aquí la conquista de Jericó. Se trataba de una de las ciudades-estado más importantes de Canaán. Una peculiaridad notable es que se trata de una de las ciudades más antiguas de todas las mencionadas en el Antiguo Testamento.

El relato de la toma de Jericó está en el libro de Josué (Josué 6) y es conducido por el Espíritu para hacer resaltar la grandeza de Dios, que se hizo presente en la historia de la ocupación de Canaán como el “Príncipe del ejército de Jehová” (Josué 5:14).

Dios condujo al pueblo en este primer encuentro con sus enemigos de un modo sobrenatural, mediante un sistema totalmente opuesto a la forma de los hombres, hasta entregar a su pueblo una ciudad amurallada y bien equipada, sin que este hubiera tenido que hacer nada más que ocuparla, sin ninguna confrontación armada para ello.

La historia se hace teología al presentar la omnipotencia de Dios a través del relato bíblico, o si se prefiere mejor, la teología se transforma en historia, ya que esta es la consecuencia de lo que Dios había antes determinado que sucediera. El que hizo promesas que tenían que ver con un territorio definido, se ocupa luego de mover los elementos para hacerlas posibles, mientras que el registro histórico es un simple testigo que lo manifiesta.

El pueblo de Israel es, en la conquista de Jericó, un instrumento en las manos de Dios para la ejecución de sus propósitos y como beneficiario de las promesas que Él había hecho siglos antes a su primer antepasado Abraham. Dios prometió a Josué el éxito de la empresa (Josué 6:1-5), al mismo tiempo que ponía a prueba a su pueblo, ejercitando su paciencia durante una semana, aproximándose a la ciudad cada día y rodeándola (Josué 6:6-15).

Cabe una pregunta en la lectura del versículo: ¿por la fe de quién cayeron los muros de Jericó? La respuesta es múltiple. Por un lado, cayeron por la fe de Josué, que creyó y obedeció cuanto le mandó hacer el Príncipe del ejército de Jehová (Josué 5:14). Pero, junto con la fe de Josué, estuvo presente también la de todo el pueblo. Josué y el pueblo creyeron las palabras de Dios (Josué 5:2-5).

Contra toda lógica humana, el hecho de rodear cada día la ciudad durante seis días y hacerlo siete veces el séptimo, sin ninguna otra intervención, supone una notoria manifestación de fe. ¿Por qué tanto tiempo? ¿Por qué no avanzar ya desde el primer día, combatir a Jericó y conquistar la ciudad? Simplemente porque Dios lo determinaba a su manera, que siempre es contra toda lógica humana. El resultado que se destaca aquí como respuesta a la fe es que, por ella, “cayeron los muros de Jericó, después de rodearlos siete días”.

Como pueblo, la iglesia se enfrenta con dificultades en su caminar que solo pueden ser superadas por la fe de aquellos que la integran. La colectividad cristiana es una colectividad de fe. Solo es concebible una iglesia triunfante cuando todos sus miembros viven en la esfera de la fe. Lo mismo que entonces, el creyente de hoy que ama a Dios obedece su Palabra como manifestación de su fe (Juan 14:15, 21, 23, 24).

laoveja100/laobradelSeñor

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