LA CONDENACIÓN QUITADA

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LA CONDENACIÓN QUITADA
Continuación de nuestra serie: BENDICIONES QUE AHORA GOZA UN CREYENTE EN CRISTO

Para nuestro sexto AHORA, le invito a que consideremos en Romanos 8:1 en dónde leemos la palabra de Dios para nosotros:

«Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu».

La situación espiritual del hombre sin Cristo no es nada halagüeña, las Escrituras nos presentan que el hombre está:

  1. Bajo condenación. Juan 3:18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
  2. Bajo irá. Juan 3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
  3. Destituido de la gloria de Dios. Romanos 3:2 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios
  4. En muerte espiritual. Romanos 6:23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

O sea que Dios tiene que manifestar su justicia en la Obra de Cristo Jesús, a fin de justificar al hombre y, entonces, la declaración divina, AHORA, pues, ninguna condenación hay. El ahora es un estado posterior al que antes tenía. Antes era de confesión ahora es de salvación.

Ahora, pues. Estas palabras introductorias indican la estrecha relación, es una conexión, entre los capítulos 7 y 8. O sea que el capítulo 8 es una ampliación de la exclamación de agradecimiento de Pablo en 7:25: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”. Porque solamente Él nos va a liberar de una vez por todas del pecado que nos mantiene en muerte espiritual (Efesios 2:1-2); aunque la muerte sigue siendo un enemigo que será el postrero en ser destruido (1 Corintios 15:26), o sea que el creyente aún está bajo la muerte física, cosa que la mayoría de creyentes experimentaran, salvo aquellos que estén o estemos vivos el día del arrebatamiento, que no experimentaremos la muerte física, es que todos hemos nacido una vez, pero quienes nazcan dos veces, morirán una vez y otros ni morirán, pero aquellos que nazcan una vez sin nacer de nuevo, morirán dos veces.

Pues AHORA continúa Pablo, dejando de lado su análisis de la penosa lucha con el pecado que aún aqueja al cristiano, para explicar la vida de paz y libertad que se ofrece a los que viven “en Cristo Jesús”.

Dice que no hay Ninguna condenación. No hay reserva alguna de pena del pecado en contra de aquel que ha puesto su fe en Cristo, por cuánto que todos sus pecados han sido perdonados por la fe en la Obra de Cristo Jesús, por lo tanto no tiene una queja pendiente. Todo pecado que el creyente comete, ya como hijo de Dios, no queda sin disciplina, pero es una disciplina hecha con amor, como está escrito: Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete (Apocalipsis 3:19) y ya no con ira pues ya no somos hijos de ira, pues de ese grupo nos hemos salido, como está escrito: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. (Efesios 2:1-3).

La verdad del Evangelio, la buena noticia, es que Cristo vino a condenar el pecado, y no a los pecadores (Juan 3:17; Romanos 8:3) y por medio de Él salvar a los que estaban en condenación. Es un hecho que aún hay deficiencias en el carácter del creyente, pues hemos sido salvados pero aún no hemos sido glorificados. He dicho esto: «Hay algo en el redimido que no ha sido redimido aún, pero que es necesario que sea redimido en el día de la redención, el día de Jesucristo» (Romanos 8:23). No obstante, para ese redimido ya no hay ninguna condenación (Juan 3:18).

En Cristo Jesús. Esta es una expresión muy frecuente en el Nuevo Testamento, indica la estrecha relación personal que existe entre el cristiano y Cristo y Cristo con Dios. Si una persona no experimenta esta unión transformadora con Cristo, no puede pensar que está libre de condenación. Estar en Cristo proporciona, entre otras bendiciones, sabiduría, justificación, santificación y redención (1 Corintios 1:40), somos reconciliados y sin ninguna condenación, por lo tanto.

Pero esa estancia en Cristo, esa fe salvadora tiene evidencias, leemos que son aquellos que basan su vida en la dirección del Espíritu Santo los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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