JUAN MARCOS: UN CIERTO JOVEN

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JUAN MARCOS: UN CIERTO JOVEN
Continuación de la serie: UN RUEGO POR AMOR

Bendiciones del Señor, caros caminantes que caminamos hacia la Patria Celestial. Les doy la bienvenida a este su espacio de meditación de la Palabra de Dios. Ya tuvimos una meditación en torno a los siguientes colaboradores en una serie anterior, pero los retomo nuevamente acá para seguir admirando lo que la gracia de Dios logró en la vida de estos insignes siervos de Cristo a efecto de, considerar cual haya sido el resultado de su con dicta, e imitar su fe (Hebreos 13:7). Abramos nuestras Sagradas Escrituras, entonces, en Filemón 24:

Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.

El nombre de Marcos, proviene del vocablo griego Márkos que significa «varonil o viril», los hay algunos que lo relacionan con un vocablo _marticus y que significa «consagrado de los dioses» o «consagrado a Marte». Este nombre es de origen latino o romano, y con él se nota la relación gentil.

Este nombre, Marcos, también es otro nombre para Juan o, mas escrituralmente dicho, es el sobrenombre de Juan (Hechos 12:12, 25; 15:37, 39), y con este nombre se nota claramente su relación judía. El nombre Juan en hebreo es Yojanan o Yehojanan que significa «Yawe es bondadoso o benigno», Juan es una variante de Jonás. De manera que su nombre compuesto sería Juan Marcos. Entonces al usar los dos nombres juntos Juan el que tenía por sobrenombre Marcos, resalta la relación judía y gentil. Es probablemente que, igual que Pablo, sea judío de nacionalidad y gentil de nacimiento; o, igual que Timoteo, hijo de madre judía y padre gentil, un otro.

El nombre de su madre es Maria (Hechos 13:13), al parecer eran personas que tenían recursos económicos, al menos la madre, pues tenían una posesión en donde se reunían los creyentes para las oraciones; el nombre del esposo de Maria y padre de Juan Marcos no se sabe, probablemente Maria ya haya enviudado al tiempo de los sucesos registrados en el texto sagrado.

Qué bendecidos son aquellos hijos que sus padres abren las puertas de sus casas para la predicación del evangelio, porque «la salvación llega a esa casa» y oyen el evangelio; pero se requiere que además sus padres les prediquen y les vivan el Evangelio; pero qué peligro se convierte para estos hijos, pues es preciso que crean al evangelio para también ser salvos como sus padres, para no quedarse como simplemente amigos o simpatizantes del evangelio, pues qué mayor responsabilidad tienen, porque de no recibir al Señor y confesarle, no podrán alegar ignorancia en el día del juicio. Nadie es salvo por nacer en un hogar cuyos padres son evangélicos, ni por decisiones que sus padres tomaron por él, como el bautizarle de bebé u otro rito que, como todos, son insuficientes para la salvación. Las Escrituras son claras al afirmar «el que cree» (Juan 3:15) o «si confesares» (Romanos 10:9-10), es que es una decisión personal.

Volviendo a nuestro colaborador. El apóstol Pedro se refiere a él como Marcos mi hijo (1 Pedro 5:13), si bien es cierto que se desconoce el nombre de la esposa del apóstol Pedro y el nombre del padre de Juan Marcos, pero sería muy improbable que haya sido Maria, la madre de Juan Marcos y, por lo tanto, que este haya sido su hijo biológico, al menos nada se nos dice en el texto que así sea. Este término, más bien, nos parece indicar que fue un converso del apóstol, tal cual el apóstol Pablo usaba el término con Timoteo o con Onésimo a quien engendró en sus prisiones.

Otro pariente de este otro asociado es Bernabé, Pablo en Colosenses 4:10 indica que es su sobrino, aunque el texto también podría señalar a un primo, varias versiones traducen diferente, entre primo y sobrino. Lo de poseer bienes materiales como que es de familia, pues Bernabé —su tío o primo— también poseía una propiedad que fue la que vendió y el precio lo puso a los pies de los apóstoles, o para que los apóstoles administraran esa ofrenda, y se ganó por esto el sobrenombre de Bernabé o «hijo de consolación», pues su nombre original es José (Hechos 4:36-37). Al menos sabemos el nombre de la madre, del tío (o primo) y del predicador con quien, probablemente, hizo su profesión de fe. Esto nos ayuda a pensar que provenía de una familia desprendida de lo material y que los ponían a la disposición del pueblo del Señor y esto dio testimonio a la formación de Juan Marcos también, desde joven.

En Hechos 15:36-40 vemos cuando Pablo y Bernabé estuvieron organizando el segundo viaje misionero, pero se encontraron con un conflicto que hizo que se separesen estos dos insignes siervos de Dios y, el tercero en discordia fue Juan Marcos. Bernabé quería que se lo volviesen a llevar a la misión, pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra (v. 38).

Probablemente debido a la relación familiar que Juan Marcos tenía con Bernabé o porque veía en el joven un futuro prometedor como ministro de Jesucristo, fue lo que lo indujo a querer llevar al joven en otro viaje misionero, con el fin de darle una segunda oportunidad a fin de demostrar su aptitud para el servicio —que tenía razón y Pablo se dio cuenta de ello después, según su afirmación en Colosenses 4:10 y 2 Timoteo 4:11—; o, probablemente, Bernabé reconocía que habían justificaciones, al menos en parte, del porqué de esa deserción de Juan, pues, «apartándose de ellos, volvió a Jerusalén* (Hechos 13:13). Lo cierto es que, en resumen, abogaba por una segunda oportunidad.

Pero, por su lado, para Pablo, que era un fervoroso y valiente guerrero de Cristo e incansable misionero, para él cualquiera que se hubiera echado atrás no parecía ser “apto para el reino de Dios”, como enseñó su Salvador en Lucas 9:62; y, por lo tanto, necesitaba ser disciplinado, dejarlo de lado por lo menos por un tiempo, con el fin de prepararlo para realizar otros trabajos —y también tenía razón, pues lo vemos posteriormente con éxito en la obra—.

¿Ya se dio cuenta que lo que llamamos problemas son, en realidad, dos puntos de vista? Lo que nos hace falta es ser lo suficientemente maduros, humildes y espirituales, para conciliar esos dos puntos de vista, para captar el mensaje y que llegue bien ese mensaje.

Otra aplicación, es necesario tener cuidado con nuestras actitudes, no sea que hagan que dos hermanos de disgusten entre sí o hagamos tropezar a otros, como lo que provocó Juan Marcos entre Pablo y Bernabé.

Bendito sea el Señor que se arreglaron los conflictos, entre ambos, digo entre Pablo y Juan Marcos. De Bernabé no sabemos a ciencia cierta, esperamos como creyentes que sí y de seguro así fue. En Hechos esta fue la última vez que se menciona junto con Pablo, pero al mencionar a Marcos a la par de Bernabé en Colosenses, no cabe duda que es por el conocimiento que tenían de este y Pablo aprovecha esto para recomendar a Marcos. La última mención, aun Pablo con vida, es en 2 Timoteo 4:11, cuando el apóstol Pablo lo requiere, porque le es útil en el ministerio.

Vemos el grado de madurez que había alcanzado Juan Marcos con el tiempo, a tal punto de volverse a ganar la confianza del apóstol, de tal manera que se volvió compañero de Pablo en la obra, a tal punto que Pablo da mandamiento a la iglesia de que lo reciban (Colosenses 4:10) y fue tal la cercanía y confianza que pidió verlo en sus últimos momentos antes de ser ejecutado, probablemente el último año de su vida, indicando: Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio (2 Timoteo 4:11), no creo que haya sido fácil el sacarle a Pablo un «me es útil para el ministerio», se requería de mucha espiritualidad y entereza en el ministerio; siguió creciendo al punto que Pablo pensó en él para enviarlo a Colosas (Colosenses 4:10) y probablemente si lo envío allá; y la evidencia más grande de su crecimiento es que a él se le atribuye la autoría del evangelio que lleva su nombre «El Santo Evangelio Según San Marcos». Y esto sin ser apóstol.

Algunos han sugerido que el cierto joven descrito en Marcos 14:51 es este nuestro asociado, es muy probable. ¿Qué aporta, en el hilo de pensamiento del evangelio, este relato? Pareciera que es un incidente sin ninguna importancia, un comentario que no tiene mayor valor, pero para el Autor divino si debió de tener una razón muy válida al dejarlo en el texto inspirado, no sé qué exactamente, pero ya lo sabremos una vez seamos arrebatados.

Se ha sugerido, y es muy probable, que Juan Marcos, el autor humano del Evangelio, aquí se refiere, sin nombrarse a sí mismo, a su relación con el arresto de Jesús. Este “joven” no pudo haber sido Juan el evangelista que, según se dice, fue el apóstol más joven, o algún otro de los discípulos, pues leemos que ya habían abandonado al Señor Jesús y habían huido (v. 50). Sin embargo, tenemos que ser sinceros y reconocer, que cualquier sugerencia acerca de la identidad del joven no es más que una conjetura, aunque parezca muy razonable y sí, es muy probable que ese joven sea el mismo Juan Marcos.

Marcos nos representa muy bien pues tuvo sus altas y sus bajas, como nosotros, y, como en las tales, siempre hemos de necesitar de esas segundas oportunidades, como la que estuvo pidiendo Bernabé para este «cierto joven», pero que también necesitaremos de disciplina, como la que estuvo dispuesto a aplicar Pablo, de ambas necesitaba Juan Marcos, de ambas necesitamos nosotros. Aceptemos con gozo a quien nos ama dándonos motivación para seguir adelante luego de haber bajado la guardia; y también aceptemos con gozo a quien nos ama estando dispuesto a llamarnos la atención y corregirnos, y seguir adelante como buen caminante.

Otro aporte a nuestra vida es que, lejos de querer aportar su marca personal, Juan Marcos prefirió el anonimato, esto es bueno pues es la mejor manera de glorificar a Dios, al seguir adelante como buen caminante.

A propósito, ¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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