Jesucristo, la garantía de una eternidad llena de felicidad
JESUCRISTO, LA GARANTÍA DE UNA ETERNIDAD LLENA DE FELICIDAD
Continuación de nuestra serie: A LA VÍSPERA DE LA ETERNIDAD
En las Sagradas Escrituras leemos sobre dos destinos en la eternidad y siempre se nos va a advertir al respecto. Leamos las Escrituras esta vez en Salmos 37:37-38:
«Considera al íntegro, y mira al justo; porque hay un final dichoso para el hombre de paz. Mas los transgresores serán todos a una destruidos; la posteridad de los impíos será extinguida.»
El contraste es claro, a saber, un final dichoso y posteridad extinguida. La posteridad es un tiempo que viene después de una fecha determinada. O sea, su postrimería o su final. Esto es a los transgresores e impíos, dice nuestro texto. Ese destruir y extinguir no significa aniquilación, según leemos en Apocalipsis 20:10: Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Hay otras descripciones que denotan un castigo sempiterno, como vergüenza y confusión perpetua (Daniel 12:2); un fuego que nunca se apaga (Marcos 9:42); el castigo del fuego eterno (Judas 7).
Pero el final dichoso está reservado para el hombre de paz. Son tres las características para estos seres humanos, estas son, a saber:
- Considera al ÍNTEGRO.
- Y mira al JUSTO.
- Porque hay un final dichoso para EL HOMBRE DE PAZ.
No son tres tipos de personas, son tres cualidades para las mismas personas, son aquellas que el Señor dejará entrar a su cielo en la eternidad. Para interpretar este pasaje, lo invito a que considere 1 Corintios 1:30, en donde leemos: Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; aquí vemos cuatro bendiciones que Dios nos ha dado al darnos al Señor Jesucristo, es decir, que gozamos ante el Padre solamente en Cristo, que no son las únicas, pero vemos que posicionalmente en Cristo somos sabios, justificados, santos y redimidos.
Volvamos a nuestro pasaje de Salmos 38:37. La integridad, es una personas que no tiene mezcla alguna, es uno que está completo, moralmente perfecto. Ésta es otra forma de llamar a la santidad. Es una santidad posicional, no significa que ya no pecamos, pero que ésta debe afectar la vida de santidad práctica. La santidad posicional es el lugar de honor a donde somos elevados mediante nuestra relación con Cristo —vuelva a leer 1 Corintios 1:30, santificación—. Justo o una persona justificada, ésta es una persona que ha sido presentada inocente delante de Dios, existen dos tipos de justicias, a saber, las propias, que se refieren a todo lo que el hombre quiera hacer con tal de presentarse inocente delante de Dios, estas son consideradas trapos de inmundicia delante de Dios y no tienen suficiencia para perdonar ningún solo pecado; y la justicia de Dios, que se refiere a todo lo que Dios ha hecho en favor del hombre, a efecto que el hombre se presente inocente delante de Dios y eso es la obra de Cristo (Romanos 3:21-26) —¿ya se memorizó nuestro texto de 1 Corintios 1:30?, atienda ahí la palabra justificación—; y, el hombre de paz o la persona que tiene paz. No se refiere al promotor de la paz entre los pueblos, se refiere a uno que tiene paz él mismo y más que con sus congéneres sino ante Dios. El ser humano tiene un gran problema y es que su pecado ha hecho separación entre Dios y él, el hombre está destituido de la gloria de Dios, con Dios tiene enemistad, es enemigo de Dios en malas obras, el hombre es aborrecedor de Dios y Dios, debido a que es santo, aborrece al pecado y está airado con el impío todos los días, pero Cristo Jesús vino a traer esa paz, mediante la justificación que él ofrece, considere Romanos 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Entonces, el hombre confesando a Jesucristo como su Señor y Salvador, son borrados sus pecados, el acta de los decretos que había en su contra y tiene paz para con Dios y luego esta paz tendrá efectos colaterales con sus congéneres.
Podemos concluir, entonces, que estas tres descripciones se refieren a la misma persona, a todo aquel que está en Cristo Jesús. De tal manera que la eternidad no le sorprenderá, no tendrá amargura de alma, —como la que experimentó Ezequias en Isaias 38:15— ante la posibilidad de la muerte no se aterrará, cantará con gozo:
En Jesús tengo paz y no debo temer
Que se acerque la muerte fatal,
Porque al fin de esta vida fugaz, yo tendré
Libre acceso al hogar celestial.
Ya lo dijo Señor Jesús en Juan 5:24: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. ¿Vale la pena seguir al Señor? ¿Vale la pena vivir para su gloria? ¿Vale la pena tomar como resolución de vida Galatas 2:20?
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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