ENSEÑANDO EN LA ASAMBLEA: MINISTRANDO Y AYUNANDO, QUÉ PODER
ENSEÑANDO EN LA ASAMBLEA: MINISTRANDO Y AYUNANDO, QUÉ PODER
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendito sea el Señor por sus ricas y abundantes bendiciones en Cristo. A mis queridos caminantes, el verdadero Israel de Dios, verdaderos extranjeros y peregrinos que se abstienen de los deseos carnales que batallan en contra del alma.
Les invito a que sigamos considerando la vida de nuestro hermano José, el apodado Bernabé, que traducido es, Hijo de consolación. Para el efecto le invito a que volvamos a considerar en Hechos 13:2 para leer las santas palabras de Dios:
“Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.”
Los hermanos que servían al Señor, sirviendo a los santos, como profetas y maestros (no cabe duda de que había ancianos y evangelistas también), estaban entregados a la docencia «veinticuatro siete», como solemos decir, o sea, todo el tiempo; y con todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, pues leemos que estaban ministrando y ayunando. Claro que tenían sus ocupaciones seglares personales, pero su énfasis era el ministerio; hacían tiendas como creyentes, y además como ministros; atendían a sus esclavos como creyentes, y además como ministros; atendían a sus amos como creyente, y además como ministros; atendían en sus funciones como ministros de Estado como creyentes, y además como ministros del Señor, como siervos del Dios Altísimo.
Es que, el don es entregado para la gloria de Dios y el servicio de los santos, es decir, para la edificación del Cuerpo de Cristo (1 Pedro 4:10-11), o sea que estos estaban activos y no escondieron su talento.
Cuando el texto dice «al Señor», se refiere a que el ministerio de los profetas y maestros de Antioquía y el nuestro también —entendemos que se refiere a la obra de oración, predicación del Evangelio, exhortación, consolación, enseñanza y más—, estaba dedicado al Señor y que él la recompensará (Romanos 14:18; 1 Corintios 15:58; Colosenses 3:24); era para dar a conocer a Dios y lo hacían delante de Dios, dando Dios su aprobación y respaldo. Pero veamos el carácter con el que lo hacían, dice el texto, «ayunando».
Lo que hacían era revestido de tal solemnidad de parte de estos siervos de Cristo, sabían que no era cualquier cosa en lo que se ocupaban, entonces se dedicaban en su totalidad a esa obra en cuerpo, alma y espíritu, valoraban tanto la Obra de Dios, de Cristo y del Espíritu Santo, era tanto, tanto, que valoraban la obra que hacían en pro de la Obra. Como que esa actitud es la actitud de todo siervo de Dios, veamos, por ejemplo, que Nehemías tenía una valorización tan alta de lo que hacía, que no había cabida ni tiempo para reuniones ecuménicas, sincretistas, pragmáticas y ni ningún tipo de eclecticismo con los enemigos de la Obra, según leemos: Y les envié mensajeros, diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros (Nehemías 6:3); Jeremías consideraba un pecado bajo maldición la indolencia en la ejecución de la obra del Señor (Jeremías 48:10), obviamente Jeremías hablando en el Nombre del Señor, pues también decía «Así ha dicho Jehová»; El Señor Jesús trató de siervo malo (o dañino, literalmente en griego) y negligente (indolente, perezoso, molesto, en griego) a aquel que escondió su talento recibido y del que tiene que dar cuenta (Mateo 25:26). Ah, pero ¿qué hay de los otros siervos diligentes? El Señor les dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor (v. 23).
Entonces estos estaban entregados al Señor y a la obra, aun a costa de sacrificar su propia satisfacción legitima. Me gustó lo que leí en algún lado, cito: «Un estómago lleno no estudia con diligencia ni ora con fervor». El ayuno es más que abstenerse de consumir alimentos, aunque reconocemos que es el significado primario de la palabra, pero en Isaías 58:1-7 leemos una reprensión que el Señor le hace a Israel, redefiniéndonos la palabra, enseñándonos sobre el ayuno del que Él se complace o la actitud que debemos de tener en el mismo, según leemos: ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? (Vrs. 6-7). En resumen, el verdadero ayuno es acercarse a Dios (v. 2) y hacer justicia y esto, entre otras cosas, compartir nuestro pan con el hambriento. Entonces es más que no comer sino, precisamente, comer pan con el hambriento, el pan que el Señor nos dio a nosotros y que, por lo tanto, es nuestro, nos es legítimo el consumirlo, pero que nos despojamos de él por amor; por amor a Él y a los suyos.
El ayunar, interpretamos aquí, que se refiere a que estos profetas y maestros se negaban a cosas propias de esta vida, que eran necesarias y que producían una complacencia legítima del cuerpo, para entregarse más de lleno a los asuntos espirituales; considero que a esto se refirió, por ejemplo, David en cuanto a su sueño, el dormir es algo legítimo y necesario para nuestro cuerpo y nos produce complacencia, pero David estaba dispuesto a sacrificarse y renunciar a él por amor, según leemos: Despertaré al alba, o: Me anticipé al alba, y clamé; esperé en tu palabra (Salmo 108:2; 119:147); o Pablo, cuando se refirió a la abstinencia sexual de los esposos para, dice Pablo, ocuparos sosegadamente a la oración (1 Corintios 7:5); y, obviamente, también los alimentos.
Pero ¿qué son estas y todas abstinencias si no humillan sus almas, viven en su egoísmo y oprimen a sus trabajadores? ¿O lo hacen por y para contiendas y debates hasta herir con el puño inicuamente? (vuelva a leer Isaías 58:1-7).
Ahora bien, estas abstenciones son cosas legítimas, necesarias y provechosas a nuestra vida y que, no negamos, nos producen complacencia en el cuerpo, no necesariamente significa que sean pecado, pero si así es con cosas legítimas, como abstenerse de alimentos, intimar sexualmente con el cónyuge o dormir y otras más, imagínese en cuanto a cosas que sí son pecaminosas, que obstruyen nuestra vida espiritual de comunión personal con Dios y, por lo tanto, el desarrollo con eficacia del ministerio. O, hacer esas cosas no haciendo justicia con el prójimo o siendo injustos con él; esto sí debemos abandonar.
¿Se ha consagrado al Señor de la Obra y a la Obra del Señor, al punto de entregarse en espíritu, alma y cuerpo, metafóricamente, ayunando? Bendito sea de parte del Señor, querido varón de Dios, cómo necesitamos a siervos así, y cómo valoramos a siervos así, que han ayunado sacrificando su nación, sus posesiones materiales, su sueño o su dormir, sus sueños o sus propósitos personales y anhelos, y hasta su pan por compartirnos al Pan de vida; no cabe duda que el Espíritu Santo se complace en ustedes. Vea como finalizó ese culto de oración en la iglesia que estaba en Antioquía, finalizó todo esto con la voz de mando del Soberano, de Quien guiaba a la iglesia en Antioquía, el Espíritu Santo diciendo: APARTÁDME. Y ante eso no hay otra cosa más sino obedecer y sentirse complacido por tan alto privilegio.
Considera lo que te digo, dijo Pablo, y el Señor te de entendimiento en todo.
Continuará, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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