EL VERDADERO PROBLEMA
EL VERDADERO PROBLEMA
Continuación de nuestra serie: PAZ EN LA TORMENTA
Le invito a que abramos nuestras Escrituras, siempre en Mateo 8:26-27, en donde leemos la Palabra de Dios para nosotros:
«Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?»
Ya vimos algunas cosas que sacamos de la tormenta, pero otra cosa que nos damos cuenta al pasar la tormenta es que el problema no es el verdadero problema. La tormenta no es el problema, pasar por una tormenta no es pecado. Claro que siguen siendo situaciones que nos atemorizan, nos causan dolor, lloramos, nos afligimos, siguen siendo batallas y nadie quiere estar en medio de una. Siguen siendo temores que quieren turbar nuestra pobre alma.
Pero las tormentas o las pruebas, o los momentos de adversidad, también son oportunidades, alguien dijo que las pruebas son bendiciones de Dios disfrazadas. Esto es así porque pueden traer bendiciones a nuestras vidas, según leemos en Romanos 8:28: Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Otras cosas que descubrimos al pasar las tribulaciones son:
• Un problema del problema, es la poca fe. El Señor Jesucristo se los espetó: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?. Muchas veces la tormenta lo que hace es sacar a luz lo que hay en nuestro corazón. En Deuteronomio 8:1-6 leemos: Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole. Note que Israel tuvo de todo, la protección del Señor, la provisión del Señor, la disciplina del Señor y, algo que es místico aún, las pruebas del Señor, dice, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.
• El otro problema del problema, es la actitud que tomaremos para afrontar la misma. En el caso de los discípulos la afrontaron con temor; pero, bendito sea el Señor, cuando el Señor manifiesta su protección, su provisión, su disciplina, su autoridad, ellos reconocen el Señorío del Señor y le admiran.
Jacobo nos exhorta a que cuando os halléis en diversas pruebas, lo hagamos con sumo gozo, con paciencia, sabiendo que es un proceso con propósito, este es, a saber, ser perfectos y cabales sin que nos falte cosa alguna, con oración, sabiduría, con fe, con firmeza, con humildad, con esperanza, soportando y resistiendo (Santiago 1:2-11).
Para vencer esta parte se necesita de la Palabra de Dios, si la fe es por el oir la palabra de Dios, no cabe duda que se afirma y fortalece con la misma Palabra de Dios. Si el temor es una constante en su vida e invade su corazón a la menor situación, es probable que esté sintonizando el canal de noticias equivocado, en el evangelio siguen siendo buenas nuevas o buenas noticias de salvación. Atienda el evangelio diariamente.
Entiendo nuestra debilidad, pero nunca debemos de dudar de su amor, poder y propósito hacia nosotros, de lo cual testifican las Sagradas Escrituras. Tenemos de todo para confiar y esperar en el Señor, no tenemos excusa para no seguir adelante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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