EL DISPUTADOR DE ESTE SIGLO

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EL DISPUTADOR DE ESTE SIGLO
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA

     Le invito a que abramos nuestras Escrituras, está vez en 1 Corintios 1:20, de dónde tomaremos meditación para nosotros, con mansedumbre pues es nuestra responsabilidad si nos descuidarnos de ello o como oportunidad para un galardón, como está escrito: En guardarlos —los juicios de Dios— hay grande galardón (Salmo 19:11). Leamos, pues, la Palabra de Dios:

«¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?»

     Podemos ver que el apóstol Pablo nos presenta a dos clases de personas y el tercero no es menos culpable y estos tres quedan en el mismo nivel de ser enloquecidos en sus argumentos; por lo tanto, los tres tienen la misma situación pues están en condenación.

     Por un lado tenemos a un sabio. 
¿Dónde está el sabio? —pregunta Pablo. Si comparamos los pasajes de Isaías 19:12; 33:18 y 44:25, notamos que Pablo hace una aplicación de lo que ocurrió en la época de Isaías y los demás profetas, con lo que acontecía en el tiempo de Pablo y, notamos, que acontece el día de hoy. O sea que, el hombre siempre ha querido discutir con Dios, refutarle a Dios pero nunca ha podido, siempre queda demostrado que es un loco.

     Es que, la aplicación sencilla y práctica de esta verdad es que Dios no se sienta a discutir su ley con nadie, su soberanía no está en discusión, simplemente se sienta a juzgar a los hombres (ese es el sentido de Salmo 82:1) y les dice: Esta es mi ley, estas son mis disposiciones, esta es mi voluntad (Cp. Salmo 2:4-6). Pero qué necedad del hombre, si lo que Dios le manda al hombre siempre es para su beneficio, nadie puede atribuirle a Dios desproposito alguno, David reconoció: en guardarlos hay grande galardón.

     Entonces, con este término, sabio, Pablo quizá se refería en particular a los griegos que amaban la filosofía terrenal, pero que esta la usaban y los mantenía alejados de su salvación.

     Pero tenemos a otro y es al escriba, ¿Dónde está el escriba? —sigue en su orden de preguntas—. No cabe duda que se refiere a los judíos que ponían el énfasis en la autoridad de la ley, que era algo los le a su dispensación, pero que se quedaron solamente con la sombra y continuaron hacia donde los llevaba la misma ley, perdiéndose de Cristo y su salvación (Cp. Colosenses 2:16-17; Hebreos 8:5; 10:1; Gálatas 3:23-29).

     Existían tres tipos de escriba, por ejemplo, 1) Oficial del gobierno que tenía deberes de oficina o era un ministro de estado registrador, secretario; 2) un hombre que escribía documentos en nombre de otro, Baruc, por ejemplo, respecto de Jeremías, diríamos nosotros un amanuense; y, 3) Un hombre que copiaba la ley y otros libros de las Escrituras (Jeremías 8:8). Con el tiempo se referían como tal a aquel hombre que era hábil para interpretar y enseñar las Escrituras. En el Nuevo Testamento a veces se la llama nomikós o sea, intérprete de la ley (Mateo 22:35; Lucas 10:25) o nomodidáskalos, o sea, doctor de la ley (Hechos 5:34; 1 Timoteo 1:7). La primer persona en llevar el título de «escriba» en este sentido y al parecer el iniciador de este oficio, fue Esdras, de quién se lee: escriba diligente en la ley de Moisés (Esdras 7:6), ya que se había consagrado al estudio y la enseñanza de la ley del Señor (v 10). Después del tiempo de Esdras, los escribas asumieron posiciones de influencia entre los judíos como maestros de la Palabra de Dios y llegaron a tal punto de que eran reconocidos como un oficio honroso. Con el tiempo conformaron la rigurosa secta de los fariseos o se asociaron a ella e intentaban adaptar la ley de Moisés a los tiempos en los que vivían, pero no podían estar siempre de acuerdo, de modo que se desarrollaron diferentes escuelas. Las sutiles interpretaciones de los fariseos eran consideradas por muchos como de igual valor que la ley de Moisés, y Jesús denunció enérgicamente la hipocresía y las falsas interpretaciones que desviaban a la gente (Mateo 15:1, 3; 23:15, 23, 25, 27, 29, 33). O sea que un oficio que inició de manera honrosa termino siendo usado para fines personales hasta llegar a mentir y a ser hipócritas. Algunos de los escribas de los días de Cristo eran miembros influyentes del Sanedrín y compartieron la responsabilidad por la muerte del Señor Jesús (Mateo 26:57-59; cf 16:21; 27:41). Más tarde, algunos de esos hombres se volvieron contra los apóstoles y tuvieron que ver con la persecución a la iglesia (Hechos 4:5; 6:12). En una ocasión cierto escriba expresó su disposición de seguir a al Señor Jesús (Mateo 8:19), o sea que no están fuera de la posibilidad de alcanzar la salvación.

     Consideramos que a estos escribas se refería Pablo, los que interpretaban la ley y la enseñaban al pueblo —que es una labor noble— pero se corrompieron en el camino, le daban enfasis a sus interpretaciones más que a la palabra de Dios, estos ponían enfasis en la autoridad de la ley pero no la usaban legítimamente (1 Timoteo 1:8). Hoy en día diríamos a un teólogo.

     Y luego tenemos al disputador de este siglo, ¿Dónde está el disputador de este siglo? —es la tercer pregunta en el texto— Es probable que se refiere tanto a un sabio gentil o a un judío escriba, que ambos, en sus respectivas ramas filosóficas, argumentan en contra del sacrificio de Cristo. Un sabio que quería ver el evangelio desde la cosmovisión de la mitología griega, es que los dioses griegos se venían a aprovechar de los hombres, disfrutaban a costa de los humanos y, estos sabios griegos, no podian creer que el Dios de los cristianos vino a entregarse por ellos para salvarlos de la condenación (1 Corintio 1:21-24); y los escribas que, por ejemplo, lo tildan de ser un maldito por haber sido colgado en un madero y la ley dice que es maldito todo aquel que es colgado en un madero (Deuteronomio 21:22-23) pero sin entender que Él se hizo maldición, no siendo maldición en sí mismo sino por cargar con la maldición de todos los malditos (Gálatas 3:10-13) o sea que el hombre ya están en una maldición que es, tanto esa imposibilidad de cumplir todas las demandas de la ley como la condenación misma (Mateo 25:41)  y el Señor Jesús cargó con esa maldición por nosotros.

     Este nuestro pasaje de hoy, destaca la absoluta inutilidad de todas las formas humanas de pensamiento y de razonamiento como medio para lograr la salvación, incluso aquellas corrientes de pensamiento dentro del cristianismo, pero que nos mantienen cautivos a esas corrientes sin disfrutar de la salvación de nuestro Salvador. Los hombres hablan de calvinismo, de arminianismo, luteranisno, catolicismo y hasta protestantismo, adhiriendose a una corriente específica y condenando a otra, pero, muchos de sus profesantes, perdidos sin Cristo, sin fe y sin ninguna esperanza, pero se creen salvos por el solo hecho de haber nacido en tal o cuál corriente filosófica de pensamieno dentro del cristianismo y sus rituales propios de su culto, son como el joven rico que el Señor Jesús dijo que no están tan lejos del reino de Dios (Mateo 12:34).

     Interesante lo que escribe William Macdonald en su comentario sobre este pasaje:

Pablo lanza un reto desafiante: ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el letrado? ¿Dónde está el discutidor de este mundo? ¿Acaso lo consultó Dios cuando planeó Su plan de salvación? ¿Podrían jamás ellos haber ideado tal plan de redención si hubiesen sido dejados a su propia sabiduría? ¿Pueden levantarse para refutar nada de lo que Dios haya jamás dicho? La respuesta es un rotundo «¡No!». Dios ha convertido la sabiduría del mundo en necedad.

     Hoy día se han levantado muchos disputadores con argumentos meramente humanos, muchos llamados rabinos, muchos ateos, de falsas religiones, de grupos seudo cristianos, en fin, que se levantan en contra del evangelio, de la verdadera piedad, la verdadera doctrina.

     Este pecado no es contra otro hermano en el sentido de afectarle en su reputación o ánimo, pero si, al promocionar sus falsas ideas, afecte la verdadera fidelidad a Cristo, que era la preocupación de Pablo a efecto que los falsos maestros no engañen a los cristianos, como está escrito: Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo (2 Corintios 11:3) y en los no salvados en su salvación, porque estos hombres que detienen con injusticia la verdad (Romanos 1:18); pero el Señor dará su paga a estos disputadores de este siglo, como leemos: impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo (1 Tesalonisenses 1:16).

     El Señor nos libre de ellos, el Señor no libre de ser promotores de sus ideas y, también, el Señor nos libre de ser uno de ellos.

     Aquí también es ad hoc lo que he dicho anteriormente y se lo repito _»más vale que diga palabras dulces, no sea que s ellas tenga que tragar»_, que de hecho, así será.

     ¿Caminamos caminante?
     Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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